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Grecia

Mitología griega

Historia de Grecia, Grecia

Mitología

La mitología griega es una de las más ricas de la Antigüedad. Con fuertes influencias de las culturas mesopotámica, egipcia y de los pueblos de Asia Menor, con cuya tradición se confundía a menudo como consecuencia del constante intercambio cultural que existía al este del Mediterráneo. Aunque bajo distintas acepciones, las deidades coincidían y los cuentos confluían, siendo en ocasiones muy difícil discernir la raíz original de unos y otros. Fue también la principal fuente de inspiración del culto de otras civilizaciones posteriores, como la romana, que prácticamente adoptó como propio el conjunto de fantásticas historias que componían la compleja cosmogonía de la Hélade así como el conjunto de mitos y leyendas resultante. Y aún hoy día mantienen un fuerte poder evocador en el arte (pintura, escultura, etc.) que encuentra en la mitología griega una constante causa motivacional. Incluso algunas de las películas más comerciales y taquilleras de Hollywood recrean a su manera las leyendas de los dioses y héroes griegos, aprovechando la fuerza dramática y la pasión de sus personajes, protagonistas de hazañas eternas. La mitología griega se comunicaba por tradición oral y escrita si bien, hasta nosotros, principalmente ha podido llegar en forma de textos, citas geográficas, obras arquitectónicas y monumentos. Algunos de los más importantes, como las obras de Homero (La Ilíada, La Odisea, Himnos Homéricos,…), Heródoto, Pausanias, etc… Son los que han conformado el tronco de lo que hoy conocemos como el compendio de mitos y leyendas de la Antigua Grecia.

Mitos griegos

Los principales mitos y leyendas de la Antigua Grecia giran en torno a las peripecias que acometen los dioses, semidioses y mortales de la mitología helena, a caballo entre la realidad y la ficción, dentro de un mundo semifantástico, que eran recitadas por los poetas y recordadas por todos, insuflando valentía en el corazón de los hombres temerosos de los dioses. Son, al fin y al cabo, relatos de hazañas memorables que recreaban la grandeza o la miseria de sus protagonistas. Historias fabulosas que ofrecían una visión que explicaba los porqués de la vida de la época. Así, Zeus todopoderoso en el cielo lanzaba sus rayos contra la tierra mientras Poseidón, señor de los mares, batía con fuerza las olas de su reino contra los navegantes. Semidioses como Hércules luchaban y derrotaban a terribles monstruos, e incluso, en el caso del bravo hijo de Zeus, descendían al inframundo para rescatar a una doncella del mundo de los muertos. Los hombres se convertían en héroes, como los que lucharon en la Guerra de Troya, una epopeya de dimensiones épicas que, al parecer, recreaba la invasión de una rica ciudad en las costas de Asia Menor. De entre todos los personajes destacaba Aquiles, hijo de Peleo y de la ninfa Tetis, quien derrotó a Héctor, príncipe heredero de Troya e hijo de Príamo. En su vuelta a casa, Odiseo (el Ulises de los romanos) tuvo que sortear un sinfín de peligros hasta volver a su amada patria, en Ítaca, donde le esperaba su esposa Penélope, quien aguardaba paciente su regreso sin entregarse a ningún otro hombre. Teseo derrotó al Minotauro del laberinto, liberando del terrible tributo que el rey Minos de Creta había impuesto a los atenienses. Perseo mató a la gorgona Medusa y salvó a la princesa Andrómeda, quien iba a ser sacrificada a un monstruo marino para ser devorada por éste, como castigo de los dioses por haberse jactado su madre, Casiopea, de que su hija fuera más hermosa que las nereidas, ninfas del mar Mediterráneo. Y así, una tras otra, se sucedían las leyendas que componen una de las más ricas mitologías de Occidente, algunos de cuyos protagonistas han quedado inmortalizados para siempre en el firmamento, reflejados en las constelaciones a las que prestaron sus nombres. Perseo, Pegaso, Andrómeda, Ceto, Casiopea, Hydra y muchas más iluminan en la oscuridad la bóveda celeste a través de sus estrellas, recordándonos, noche tras noche, sus inolvidables aventuras.

Los dioses griegos

Muchos eran los dioses y semidioses que componían el panteón de la mitología griega. Pero, sobre todos ellos, reinaban los olímpicos, las doce deidades que habitaban la cumbre más alta de la Grecia Peninsular, el Monte Olimpo. Zeus, padre de todos los dioses, reinaba en el cielo, tras derrotar a su padre, Cronos, quien había devorado a sus propios hijos. Junto Zeus, sus hermanos Poseidón y Hades, eran los señores del mar y del inframundo, respectivamente. Hera, hermana y cónyuge legítima de Zeus, reinaba junto a él en el Olimpo en una relación que continuamente se complicaba por las infidelidades del señor de los cielos. El patizambo Hefesto trabajaba en las fraguas divinas. Su esposa, la hermosísima Afrodita, surgida de la espuma del mar, era la diosa del amor, el erotismo y la fecundidad. Ares era el dios de la guerra, si bien, ironías del destino, salió malparado en más una empresa bélica. Hermes, dios del ingenio y de la astucia, era también el mensajero del Olimpo. Se le relacionaba en numerosas ocasiones con viajeros, comerciantes, oradores, pastores y ladrones. En realidad, Hermes tenía más de ladrón que de pastor. Diónisos, el Baco de los romanos, además de ser el dios del vino y la exaltación, estaba también relacionado con la naturaleza y la fertilidad. En su nombre se celebraban numerosos festivales teatrales, con lo que Diónisos acabó consolidándose como el patrón del arte dramático y de la música. Ártemis era la diosa virgen de la naturaleza salvaje y de la caza y era ampliamente venerada a lo largo y ancho de la Hélade. Su hermano gemelo, Apolo, fue uno de los dioses cuya adoración tuvo más trascendencia en la antigüedad. Se le identificaba habitualmente con la luz y la verdad, dios de lo premonitorio, de ahí que los dos oráculos más importantes de la Antigua Grecia, el de Delfos y el de la isla de Delos, este último, por cierto, lugar de nacimiento de los dos dioses gemelos, estuvieran consagrados a Apolo. Finalmente, Atenea, quien nació de la cabeza de Zeus, era la diosa de la sabiduría, la estrategia militar y de la lógica. Fue elegida por los atenienses como su patrona al salir victoriosa del lance frente a Poseidón, por el cual, la deidad que hiciera el mejor regalo al pueblo de Atenas se convertiría en su protector. Poseidón les regaló el caballo, mientras que la diosa, también conocida como Palas Atenea, les obsequió con el olivo. Otros dioses menores fueron Helios, el dios sol que recorría el cielo diurno con su carro de fuego, Selene, la luna, Eos, la aurora, Hécate, diosa preolímpica relacionada con el ciclo de la vida, el nacimiento, la muerte y la naturaleza, Deméter, diosa de la agricultura y la fecundidad, protectora del matrimonio y de las cosechas, etc. Capítulo aparte merece Heracles (Hércules para los romanos y Melkart para los cartagineses), el semi dios que tuvo que realizar los Doce Trabajos para merecer su lugar en el Olimpo.