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El Peloponeso

Olimpia


Olimpia

Olimpia fue, durante cientos de años, el centro religioso y atlético por antonomasia de Grecia. Los Juegos Olímpicos (776 a.C. – 392 d.C.), celebrados cada cuatro años durante la última luna llena del verano, eran los de mayor importancia de la Hélade, y en el transcurso de los mismos se declaraba una tregua respetada por todas las ciudades griegas, bajo pena de verse castigadas por sanciones muy duras.

 

Olimpia, en el Peloponeso de la Grecia Continental
 

Estos juegos tenían un carácter claramente sacro, ya que estaban dedicados a los grandes dioses, especialmente a Zeus y Apolo, y solo podían competir en ellos los griegos que fueran hombres libres. De entre las disciplinas en las que competían los atletas destacaban la lucha, el salto de longitud, el lanzamiento de jabalina, el lanzamiento de disco, las carreras, e incluso la música, considerada como una competición más. A los vencedores se les colocaba una corona hecha de hojas de olivo en la cabeza y en ocasiones se les erigía una estatua con su efigie en la villa olímpica, siendo posteriormente agasajados con todo tipo de conmemoraciones y obsequios, especialmente en sus ciudades de origen, donde se les erigían estatua y se les dedicaban poemas. Otras veces se les recompensaba con dinero.

El recinto arqueológico que hoy día comprende Olimpia es amplio y cuenta con varios lugares de gran interés. En primer lugar se encuentra la Palestra, el centro de entrenamiento cuyo patio con columnas se ha convertido en la imagen del lugar, especialmente en primavera, cuando los verdes y malvas de la vegetación añaden su particular nota de color. Y es que uno de los principales encantos del lugar es su integración en la naturaleza. Las ruinas se encuentran en perfecta armonía con el entorno, donde los olivos, adelfas y otras especies vegetales se asocian con la piedra labrada por el hombre formando un santuario único en el mundo.

 
Olimpia, en el Peloponeso de la Grecia Continental

Hay que destacar también el taller del genial escultor Fidias, el templo de Hera, el estadio, con una pista de 192 metros de longitud, y el templo de Zeus, con los formidables restos de sus columnas desperdigados por el suelo. En su interior se hallaba la estatua de Zeus, una de las Siete Maravillas del mundo antiguo. Esculpida por Fidias, medía unos doce metros de altura. La figura de Zeus estaba labrada en marfil, mientras que el trono sobre el que se sentaba estaba hecho de madera de cedro revestida de oro, marfil, ébano y piedras preciosas. La estatua portaba una figura de la diosa Niké en la mano derecha y un cetro en su mano izquierda. Era tan impresionante, que el geógrafo e historiador Estrabón (64 a.C. – 24 d.C.) escribió: ‘(...) La estatua de Zeus sentada, casi toca el techo con la cabeza. Tenemos la impresión que si se levantara rompería el techo del templo’.

En el museo del yacimiento encontramos varias de las piezas encontradas en el transcurso de las excavaciones, destacando los frontones escultóricos que decoraban el templo de Zeus y la magnífica escultura de Hermes con Dionisio niño, realizada por Praxíteles.

 

Olimpia, en el Peloponeso de la Grecia Continental