Cambio Régimen IVA en Grecia

Estimados viajeros y amigos de Grecia,

 

Como muchos sabéis y conocéis por la prensa uno de las consecuencias inmediatas de las negociaciones para el Destino Grecia con sus acreedores y el forzoso rescate impuesto por la situación ha sido una INMEDIATA SUBIDA DE IVA.

El nuevo régimen de IVA (Impuesto de Valor Añadido) comenzó con fecha 20 de Julio de 2015. Dicho impuesto afecta en el ámbito turístico entre otros los siguientes productos y servicios:

Transportes por mar y tierra:

Estos servicios tienen un incremeno en su régimen fiscal del 13% al 23%. Eso quiere decir que  todas las reservas de clientes que estén efectuando su viaje desde ayer (20/07)  se verán afectadas por este incremento.

Hotelería griega:

Toda la hotelería griega también sufrirá este incremento del 13% al 23%. Será efectivo a partir de primeros de octubre.

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Presentación del libro El mar Acogedor

Presentación del libro “El mar acogedor” en Madrid

El próximo jueves 7 de mayo a las 19:30 h, en Madrid Casa del Libro (C/Fuencarral 119), se realizará la presentación del libro El mar acogedor de Antonio Vicario.

El mar acogedor resulta una lectura amena y apasionante para aquellos que añoran el destino Grecia. No es un texto de viajes, sino más bien un libro sobre Grecia y los griegos de ahora. En el profundo azul del mar Egeo y en la deslumbrante luz del paisaje, entre el ruido de los puertos y la algarabía de los cafés, se suceden seis relatos emocionantes que combinan con acierto la pasión y el humor, el sueño y la decepción siempre presentes en estas historias conmovedoras contadas con vigor y un buen conocimiento de Grecia y sus gentes, en las que los mitos clásicos muestran de nuevo su valor actual y perenne.

Un hondo recorrido por el alma y paisaje griegos, y cuyo particular ethos o forma de sentir y entender la vida es para el autor el origen del pensamiento y el distintivo modo de ser del tipo mediterráneo, tan reconocible y próximo a nosotros.

Biografía del autor

Antonio Vicario ha desarrollado toda su vida profesional como directivo y consultor en distintas empresas y organizaciones, nacionales y multinacionales, dentro y fuera de España, una actividad que le ha llevado a viajar, conocer y residir en distintas partes del mundo. Capitán de yate desde 1986, ha navegado por casi todos los mares del mundo, aunque su debilidad siga siendo el Mediterráneo y su ribera «allí donde todavía haya pan, vino y aceite».

En este mar lleva años navegando en islas, puertos y ciudades con el mismo afán que Odiseo, descubriendo en cada singladura «paisajes nuevos, gente especial y nuevos emporios» como aconsejara un poeta.

El mar acogedor se inspira en el cuaderno de bitácora de los viajes y singladuras del autor en Grecia y sus islas, su observación y trato con las gentes de aquel país, pero también del buen conocimiento de la historia, la cultura, la geografía griegas, del carácter distintivo de sus gentes y pueblos, tan bien reflejados en estos relatos que desde las primeras líneas nos sumergen rápidamente en el bullicio y las vidas sencillas y complicadas de los personajes que nadan y flotan en El mar acogedor.

Libro El mar Acogedor

Libro El mar Acogedor

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Leonidas y sus 300 espartanos, la Batalla final

Si no has leído la primera parte de este artículo, haz click aqui…

La batalla va a comenzar.

Los defensores se disponen para hacer frente a la primera arremetida persa. Los soldados veteranos se sitúan en las primeras filas para aguantar la embestida inicial del combate. La experiencia es un grado, y más en tales circunstancias.

El pesado equipo de los espartanos supone un muro frente al avance del enemigo. Los yelmos apenas dejan un resquicio por el que adivinar la incompasiva mirada del hoplita, único atisbo de humanidad tras la impenetrable coraza. Una visión aterradora para los persas.

El escudo, principal arma de los espartanos (‘Vuelve con él o sobre él’, les decían las madres a sus hijos antes de partir a la batalla) defiende el flanco derecho del compañero, del hermano de armas.

Finalmente, las sarisas (lanzas de largo alcance de más de cuatro metros de longitud) de los griegos resultan letales ante la fragilidad de las armaduras y defensas de los asiáticos. Pero los de Jerjes son decenas de millares. Demasiados hasta para los avezados hombres del ‘León de Esparta’.

Empieza el primer asalto. Los persas avanzan con decisión. De pronto, los griegos se marchan. En realidad simulan una retirada. De esta forma, los confiados persas se lanzarán en su persecución convencidos de una victoria fácil. Han mordido el anzuelo.  La maniobra, tan antigua como eficaz, ha dado sus frutos. Los griegos se dan la vuelta, contraatacan y cogen desprevenidos a las sorprendidas huestes de Jerjes, las cuales son diezmadas en el tramo central del paso tras la inesperada estratagema helena.

Los hoplitas griegos son una auténtica máquina de triturar y en unas horas miles de cuerpos enemigos aparecen masacrados en el campo de batalla. El telón del acto inicial cae con un halo de esperanza para los hombres comandados por Leónidas, que empiezan a creer que algo más que una muerte honorable es posible.

Furioso, en el segundo día, Jerjes manda a sus tropas de élite, los Diez Mil Inmortales, así conocidos porque cada efectivo caído era reemplazado de inmediato, de forma que el número siempre permanecía intacto.

Pero aquellos que luchan por su libertad no se arredran y allí esperan, firmes, a sus nuevos contendientes. Los Inmortales de Jerjes, los mejores de entre los mejores de su ejército, arremeten contra el muro heleno. Pero el paso es una ratonera. Los griegos los aplastan contra la montaña, los arrojan por el acantilado a un  mar que se une a los aliados engullendo en el abismo los cuerpos de los caídos. Los Inmortales se hacen más mortales que nunca ante las espadas y las lanzas de sus verdugos, las cuales traspasan la carne de sus enemigos como si se tratara de mantequilla. Son realmente los espartanos quienes se muestran invencibles. Aparentemente, las heridas sufridas no les causan daño alguno ya que la sangre se confunde con el color carmesí de sus capas.

Amanece un nuevo día y Jerjes está decidido a tomar el paso de una vez por todas. Se juega el todo por el todo, ya que una nueva derrota podría suponer un golpe demasiado duro para la moral de sus tropas. Pero la motivación no es la misma. Los persas combaten obligados por su rey en un país extraño. Los griegos, sin embargo, son hombres libres que luchan por su tierra. Combaten como máquinas, como demonios que no dan cuartel convirtiendo en una carnicería cada ataque persa.

Los ejércitos vuelven a chocar y la historia se repite. Los griegos apenas sufren bajas gracias a su férrea disciplina táctica y su coraje. Enfrente de ellos, miles de cadáveres persas son devorados por los buitres. El aire, cada vez más viciado, se hace irrespirable. Todo el paso transpira un hedor a muerte.

Derrotado, Jerjes empieza a sopesar la idea de volver a casa. Él, monarca de medio mundo, humillado por un puñado de locos fanáticos de su patria, tendría que volver con las manos vacías y el anhelo insatisfecho de hacerse con el poder de toda la Hélade.

Pero entonces, en aquel momento crucial, sucedió algo que supuso un giro inesperado de los acontecimientos. De hecho, y según relata la historia, marcó el devenir de la batalla. Un lugareño llamado Efialtes (en griego, efialtis significa pesadilla) le mostró al rey de Asia un paso secreto a través del monte Calidromo, bajo cuya sombra se parapetaban Leónidas y los suyos. De esa forma, podrían coger a los griegos por sorpresa. Advertido de la situación, el rey de Esparta licenció a todos los hombres a excepción de su guardia personal, los 300 espartanos y de los tebanos, de cuya lealtad dudaba. Efectivamente, aquellos temores no eran infundados. Cuando fueron emboscados y el cerco comenzó a estrecharse en torno a los griegos, los tebanos no dudaron en decantarse del lado persa rindiéndose a los invasores.

Sin embargo, Leónidas y sus 300 espartanos resistieron hasta el final. Junto a ellos se quedaron Demófilo y sus 700 tespios, quienes decidieron luchar hombro con hombro junto a los espartanos hasta que pereciera el último hombre, pues tal era su valor y fidelidad a la causa. Así, Tespia y Esparta quedarían inmortalizadas, unidas, para la eternidad.

Se acerca el final de la batalla. Los persas descienden por la senda indicada por el traidor. Las tropas de Jerjes consiguen sitiar a los pocos hombres que aún defienden el paso y se cierran sobre ellos como una pinza. Los griegos ya no pueden defender las Termópilas y se lanzan al ataque con un objetivo; Morir matando.

La lucha es encarnizada, Leónidas y los suyos se mueven como un solo hombre y cada estocada acaba con un enemigo mordiendo el polvo. Luchan con valentía, pero detrás de cada persa viene otro. Y otro. Y otro.

Las fuerzas comienzan a mermar después de cuatro días de intensas luchas. Una flecha alcanza a Leónidas. El rey se desploma entre el tumulto. Sus hombres le protegen. Recogen su cuerpo y se retiran a una pequeña elevación del terreno. Se encuentran rodeados pero no están dispuestos a entregar el cuerpo de su rey.

Por fin, Jerjes, hijo de Darío, empieza a saborear la tan ansiada victoria, la culminación del sueño de su padre. No quiere perder más hombres y manda a llamar a los arqueros. Los escasos supervivientes del contingente aliado, diezmado por las bajas, no se rinden. Una lluvia de proyectiles cae como fuego lacerante sobre los últimos, valerosos, tenaces, defensores de las Termópilas. Poco a poco, los cuerpos de los griegos se van desplomando sobre un suelo que ya no puede filtrar más sangre. Por fin, caen las Termópilas.

Aquellos hombres murieron en defensa de su independencia y en contra de la opresión y de la tiranía. Pero la Hélade viviría. Ganaron un tiempo precioso que resultaría fatal para los intereses del rey Jerjes. Los griegos se reagruparon y derrotaron a los persas.

Primero, en la batalla naval de Salamina, en la que la flota helena venció a las naves del rey de Asia. Posteriormente, en los campos de Platea, donde los espartanos comandaron el ejército de la Liga Panhelénica, dando el golpe definitivo a los persas, quienes definitivamente abandonaron la idea de conquistar aquella tierra de griegos.

 

Hoy día, en la carretera secundaria que une Lamía con Atenas bordeando el Calidromo, casi obsoleta tras la construcción de la nueva autopista, hay un monumento que recuerda el valor y la entrega de aquellos hombres que dieron la vida por la libertad de su patria. A escasos metros, en la cima en la que cayeron los últimos héroes de Termópilas, pervive una placa conmemorativa con un epígrafe que, tal y como escribió el poeta Simónides, reza así: ‘Caminante, ve y dile a Esparta que sus Hijos cayeron en cumplimiento de sus Leyes’. La parada, si no obligada, merece la pena.

Las Termópilas

IR A LA PRIMERA PARTE DE LEONIDAS SUS 300 EN LAS TERMÓPILAS

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

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Ermitas y capillas de islas griegas

Grecia es un país religioso.  La iglesia ortodoxa juega un importante papel en la sociedad griega. Todo el territorio griego está plagado de ermitas y capillas. Pero sin duda las más bellas son aquellas que se construyeron junto al mar.

En muchas ocasiones por los pescadores y marineros. Quizás sus familias. Siempre han servido de refugio a pescadores y marinos de todos los tiempos.

Están abiertas y todo el mundo puede acceder. En el interior encontraremos bellos iconos bizantinos de Cristo, su vida, los apóstoles y Santos del mundo ortodoxo. Sus olores a incienso y perfumes son muy característicos.

La costumbre invita a encender una vela y al rezo y el ritual siempre comienza santiguándonos. Las velas varían de tamaño y cada uno valora su aportación como le dicte su conciencia.

Para aquellos que visitan Grecia, es absolutamente imprescindible que antes de que su viaje finalice entren y conozcan alguna de las pequeñas capillas que a lo largo de su viaje encontrarán, ya que de modo contrario se habrán marchado de Grecia sin completar su visita.

Independientemente de tus creencias, la magia, la luz, la ubicación nos llevan a otro mundo y a las sensaciones más intensas que en Grecia se pueden percibir. Famosas en Santorini por sus cúpulas azules y en Mykonos por sus bellas cúpulas rojas que marca la tradición local. Cada región marca su personalidad y estilo, pero todas bellas y construidas con cariño y la fuerza que otorga la auténtica fé.

Dejando aparte las capillas y ermitas de las islas más conocidas y famosas, les invitamos a conocer una selección de capillas de islas griegas poco o nada conocidas que destacan por su enorme belleza. Debes saber que Panagia significa Virgen y que Agios significa San.

Visita las islas griegas y descubre tu propia capilla favorita, fotografiala y la incorporaremos a este blog de Grecia. Conoce todo sobre el destino Grecia.

Capillas Islas Griegas

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Sobrevolando Tesalónica (Thessaloniki)

Salónica, Tesalónica o Thessaloniki es distinta al resto de grandes poblaciones griegas en el destino Grecia. Tiene un aire oriental. Refinadamente oriental, mejor dicho.

La magnificencia de la iglesia de Agia Sofia, en la plaza ajardinada del mismo nombre, nos recuerda con nostalgia a la gran Santa Sofía (Agia Sofía) de Constantinopla.

Es la segunda ciudad de Grecia y capital de la región de Macedonia. Cuenta con algo más de un millón de habitantes y es uno de los principales destinos universitarios del país. Salónica es un legado histórico en el que cada cultura ha ido añadiendo una pieza más a este mosaico de razas, pueblos y religiones.

Fundada entre los años 316-315 a.C. por Casandro, general de Alejandro que se erigió en rey de Macedonia a la muerte de aquél, Salónica ha sido dominada sucesivamente por distintas naciones a lo largo de su historia.

Ahora puedes visitarla desde el aire con este estupendo trabajo con drón cinematográfico sobrevolando lo más interesante de esta bella ciudad.

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Sobre Monemvasia

Monemvasia, en el Peloponeso de Grecia

Sobre un peñón de trescientos metros de altura, que se desgajó del Pelopo­neso en el siglo IV de nuestra era a causa de un terremoto, y que desde el siglo VI está de nuevo unido al conti­nente por un arrecife, se asienta la población de Monemvasia. Uno de los lugares más bellos del Destino Grecia.

Aunque al principio resulte desalentador, el viajero debe alcanzar la cima de la acrópolis, donde divisará, a vista de pájaro, la ciudad baja. Desde este punto, el aura de misterio con el que Monemvasia envuelve al viajero en la ciudad baja, se hace diáfano. Desde lo alto, la ciudad aparece como un rompecabezas vivo. La vegetación permite reseguir con claridad el perímetro de los patios que a pie de calle parecen trazados en una geometría imposible.

Las cú­pulas semiesféricas de las iglesias contrastan con la rec­titud impasible del horizonte. La plaza Dzamíon, limi­tada a sus espaldas por la catedral y la antigua mezquita otomana, tiene otro flanco que se lanza al infinito: el mar, inmenso, teñido de azul cobalto en los días más luminosos.

En la Odisea, Homero narra que la flota de Ulises, procedente de Troya, surcó estas diáfanas aguas en dirección a Ítaca. La suerte de Ulises cambió repenti­namente cuando a unas decenas de millas al sur de Mo­nemvasia, a la altura del estrecho de Citera, una verti­ginosa tormenta extravió las naves del héroe homérico, dando así comienzo la larga serie de aventuras y des­venturas que padecería Ulises, en tierra desconocidas, antes de llegar a su patria, diez años después.

El Kastro de Monemvasia (ciudad baja) se conserva intacto desde la edad media; es ésta una ciudad llena de rincones sugerentes y misteriosos, con muros que en­cierran patios desde donde surgen perfumes vegetales capaces de despertar sensaciones casi olvidadas en el alma del viajero. A través de escalinatas de trazado invero­símil, se puede recorrer prácticamente todo el perímetro de esta ciudad, donde hace diez siglos se amontonaban hasta cincuenta mil habitantes, atraídos hacia ella por el gran volumen de negocio que generaba su puerto, y que hoy sólo cuenta con cincuenta vecinos estables.

Los reveses de la historia

La encantadora fosilización de Monemvasia actual se debe a que la que fuera una esplendorosa ciudad medieval no pudo sobreponerse a dos hechos que supusieron para ella sendos cataclismos económicos.

El más reciente fue la construcción del canal de Corinto. El tajo a lo vivo del istmo de Corinto evitó que los barcos que navegaban en­tre el mar Negro y el Mediterráneo occidental tuvieran que rodear el Peloponeso. Monemvasia, en el extremo sur del Peloponeso, dejó de contar para las comunicacio­nes marítimas de largo alcance, dejando así atrás un mile­nio durante el cual la ciudad fue referencia ineludible para todos los navegantes que seguían este derrotero.

Si la entrada en funcionamiento del canal de Corinto casi borra Monemvasia de los mapas náuticos, un cam­bio de tendencia en los hábitos del consumidor (como dirían los analistas económicos actuales) sumió a la ciu­dad en una lenta pero progresiva depresión económica a lo largo del siglo XIX. La causa fue la irrupción fulgurante del champagne en las más distinguidas mesas europeas.


Las vicisitudes de la historia han marcado la fisono­mía de Monemvasia. La ciudad no conserva apenas vestigios arqueológicos de la época clásica, aunque se sabe que ya existía durante la dominación minoica, cuando la civilización cretense fue hegemónica en el Mediterráneo oriental. En la edad media estuvo conti­nuamente sometida a influencias extranjeras, pero hay un detalle que vincula con fuerza Monemvasia con el espíritu de la Grecia clásica. En lo alto de la acrópolis de la ciudad, la iglesia de Agia (Santa) Sofía, levan­tada encima de un precipicio vertical de 300 metros so­bre el mar, sigue siendo faro y testimonio de la civiliza­ción que más hizo avanzar a la humanidad por los caminos del racionalismo y la democracia. Agia So­fia se traduce como “santa sabiduría”. El cristianismo bizantino no pudo prescindir de un concepto tan arrai­gado en la religión pagana como el de la sabiduría, encarnado por la diosa Atenea, así que los primitivos sa­cerdotes tuvieron que encajar Atenea en el santoral cristiano y la denominaron por su función: Sofía. De la misma forma que los cristianos de Constantinopla de­dicaron el principal templo de la ciudad a la reencarna­ción cristiana de Atenea (Santa Sofía), el espíritu de la Grecia clásica sigue perviviendo en Monemvasia otra­ vez del nombre de su iglesia más importante, levanta­da sobre un risco de 300 metros de altura sobre un mar infinito, azul y saturado de historia y de literatura.

El Vino de Monemvasia o Malvasía

Por sorprendente que parezca, fue así. La alegría burbujeante de los vinos originarios de Francia arrinconó al fondo de los aparadores de los más selec­tos comedores europeos los caldos que, desde la edad media, venían gozando del máximo prestigio en estos mismos salones: los vinos de malvasía blancos, dulces y fuertemente alcoholizados, de los cuales Monemva­sia era el principal exportador. La relación de Monemvasia con el vino malvasía exige un pequeño parénte­sis. Los siglos medievales fueron para la ciudad extremadamente turbulentos. Monemvasia pasó de manos bizantinas a normandas (procedentes de Sici­lia); posteriormente fue dominada por los cruzados francos; de nuevo bizantina y luego saqueada por los almogávares de la Corona de Aragón cayó luego bajo el dominio veneciano. En esta época, los invasores italia­nos rebautizaron la ciudad con el nombre de Napoli di Malvasía, de ahí la denominación del vino que hizo famoso el nombre italianizado de la ciudad.


Pasaron unos y llegaron otros, pero Monemvasia no dejó de exportar sus caldos a Europa. Los vinos de Monemvasia o Malvasía, elaborados a partir de una varie­dad de uva que metamorfosea casi milagrosamente el salitre marino en miel pura, triunfaron en todas las cortes continentales, hasta la derrota de Napoleón en Waterloo. Fue entonces, tras saquear la región de Champaña, cuando los soldados de las potencias euro­peas emergentes pudieron conocer un vino burbujean­te que destilaba alegría con sólo abrirlo, y cuyo consu­mo, hasta entonces, apenas había traspasado las fronteras de Francia. El cambio en la moda supuso un duro golpe a Monemvasia, pero la ciudad aún hoy pue­de alardear de haber expandido sus cepas más allá del Mediterráneo, llegando hasta las Islas Canarias, donde actualmente se sigue produciendo un vino elaborado con uvas de la variedad malvasía de altísima calidad.

Hoy la producción de vino en Monemvasia es testi­monial; pero esta circunstancia no debe ser impedi­mento para el viajero que se acerque a esta ciudad­ isla para intentar degustar el que fuera el más afamado caldo en la época medieval.

 

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Sobre la religión micénica

La llamada civilización micénica abarca un corto periodo de tiempo de finales del Bronce Medio (1700 – 1600 a.C. aprox.) y, prácticamente, todo el Bronce Reciente (1600 – 1100 a.C. aprox.), en Grecia.

En el Bronce Medio nuestra ignorancia en el terreno de la religión es total, pues hasta hoy no se ha identificado en la Grecia continental ningún santuario de este periodo.

Todo lo que en el Bronce Reciente puede tener un significado religioso (frescos, fragmentos de vasos para el culto, etc.) es de carácter cretense.

La documentación que poseemos se reduce, esencialmente, a los pequeños objetos de oro y de cerámica vidriada de las tumbas de fosa de Micenas (diosa de las palomas, santuario tripartito, altar, “lazo sagrado”, doble hacha, rytón) y a los sellos de piedra de tema religioso encontrados en las tumbas de tholos (“señor de las fieras”, sacerdote, orante y diosa, genios animales, etc.). Ahora bien, la interpretación de estos objetos es dudosa porque, aunque todos sean de carácter minoico, no demuestran necesariamente la penetración en Grecia de las creencias minoicas. Depositados en las tumbas, y no como en Creta en los lugares de culto, hay una gran probabilidad de que se trate de piezas desprovistas de significado religioso y que reflejen sobre todo, como tantas otras piezas del mobiliario funerario, la fascinación que ejercía el arte cretense sobre las élites continentales.

Esto no quiere decir que no existiera una vida de culto en el continente, pero sus mitos y ritos propios se nos escapan casi en su totalidad.

Cuando acudimos a los textos de Lineal B (escritura silábica micénica a la que dedicaremos un próximo artículo) para ilustrarnos sobre los dioses, nos enfrentamos con un contratiempo importante: No existen textos teológicos ni tampoco himnos, ni dedicaciones de templos.

Una tablilla de Knosós nos proporciona un texto que hace referencia a Athana Potnía, “Señora Atenea”.

Otro documento que era claramente de carácter religioso apareció pronto entre los textos de Pylos. Contenía los nombres de Zeus, Hera y lo que puede ser la forma micénica de Hermes.

En los archivos encontrados en los palacios micénicos, el nombre que aparece como el de la divinidad más importante es el de “Potnía”. El nombre puede aparecer solo (“la Señora”, “la Soberana”) o calificado por una palabra que la precede o la sigue. Con frecuencia se trata de un genitivo (Señora de los Marjales, de los Caballos) lo que da lugar a diferentes tipos de “Potniai”. Del examen minucioso de los textos se deduce que estas “Potniai” eran divinidades diferentes entre sí.

En cuanto a los rituales mencionados en las tablillas podemos decir que hasta el momento se ha supuesto la existencia de cinco:

  • El primero era un ceremonial de instalación del trono real.
  • El segundo una fiesta dedicada a Poseidón.
  • El tercero una theophoría o procesión en la que se trasladase procesionalmente la imagen del dios.
  • El cuarto una panegiria.
  • Y el quinto un ritual en el que las mujeres prepararían el vestido de la diosa Potnía y otras divinidades, junto con diversas ofrendas.

De acuerdo con los documentos, la situación base del culto micénico parece ser la siguiente: en cada mes se ofrecen los productos de la estación a las divinidades, en sus santuarios, y a sus sacerdotes. Las esculturas de piedra como figuras de culto son desconocidas, pero hay varios casos de figuras de terracota de tamaño mediano.

La religión micénica era una religión politeísta y muchos de sus dioses tenían el mismo nombre que los dioses del posterior panteón de la época clásica, lo que no quiere decir que puedan identificarse unos y otros.

 

César Fernández

Cesar Fernandez

César Fernández

Especialista en arqueología griega y experto en viajes arqueológicos. Organiza para grecotour.com viajes altamente especializados en la historia y la arqueología de Grecia. Gran conocedor de la mitología griega. Habla griego moderno a la perfección y viaja frecuentemente con grupos culturales a distintos lugares de la Grecia antigua y Sicilia.
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Viaje al Peloponeso, tercera etapa

En la Península de Mani …

Habiendo llegado por fin a Mani, en el destino Grecia, antes de comenzar el recorrido turístico, comentar algunas características de lo que nos vamos a encontrar. La arquitectura de los pocos y pequeños pueblos es recia, en piedra, casi diríamos que fortificada, plagada de torres de vigilancia que nos encontraremos en todo el perímetro marítimo, nada menos que 7 castillos y pequeñas iglesisas bizantinas (las mas antiguas de toda Laconia) de los s. X, XI y XII.

Para llegar a Mani hay que pasar por Gythio, antiguo puerto de la (relativamente) vecina Esparta. Tiene una bonita bahía y el concurrido paseo marítimo esta bordeado de edificios del s. XIX pintados en tonos pastel con las casas turcas detrás subiendo las empinadas cuestas. La vista curiosa desde los agradables cafés del mencionado paseo es la de la playa de Glossa, situada enfrente y en la que está varado un gran barco mercante desde hace muchos años. Camino de Areópoli, a unos 5 kms. Nos encontraremos con el pueblecito de Mavrovouni que posee una larga playa de arena bastante concurrida para lo que es habitual en la zona y en la que encontraremos concurridos chiringuitos para comer en la misma playa, muy recomendable. Ya solo nos quedarán unos distraídos 20 kms. para llegar a nuestro destino.

Recomiendo tomar como base el pequeño pueblo de Areópoli, (este es pequeño, los demás son minúsculos) situado casi al final de las estribaciones del monte Taygetos, en la costa occidental de la península de Mani con una oferta hotelera y de restauración bastante importante, tanto en el pueblo como en la cercana y maravillosa bahía de Limeni bañada por el mar Jónico y en pleno Golfo de Mesinia.

Desde aquí nos encaminamos hacia el sur por la única carretera posible, que es la que bordea toda la península, ya que ésta no se puede atravesar por carreteras asfaltadas dada su abrupta orografía. A unos 11 kms. nos encontraremos la pequeña bahía de Diros que cobija las cuevas del mismo nombre, utilizadas en el Neolítico y redescubiertas en 1.895 y a las que se accede desde la playa. Continuando por la carretera hacia el sur camino de Gerolimenas, a la izquierda en la montaña encontramos pequeñísimos pueblos con sus casas fortificadas, iglesias bizantinas y torres y, a la derecha podremos desviarnos hacia la bahía de Mezapos, por ejemplo. En la pequeña y bonita bahía de Gerolimenas se encuentra el pequeño pueblo de pescadores del mismo nombre, que tiene una agradable playa.

Aproximadamente 6 kms. hacia el sur, siguiendo la costa y subiendo una fuerte pendiente se encuentra uno de los lugares imprescindibles de Mani, Vathia, donde es un placer poder disfrutar del emplazamiento, la perspectiva, la arquitectura y su soledad, ya que a pesar de su monumentalidad está prácticamente abandonado. A partir de aquí ya solo nos quedan hacia el sur de la península unos 5 escarpados kilómetros, pero al final de esa carretera nos espera una sorpresa, nada menos que el Cabo Ténaro (Tainaro), la punta mas meridional en tierra firme de Grecia con los pocos restos del Santuario del Oráculo de la muerte de Poseidón y donde en la antigüedad (época Arcaica, s. VIII-V a.C.) se situaba el Hades, el acceso al “más allá”, el camino hacia la Laguna Estigia, en otras palabras, lo que para las generaciones más próximas a nosotros serian las puertas del infierno.

A partir de aquí ya solo nos queda subir hacia el norte por la costa oriental con la carretera un poco mas enrevesada, empinada (pero sin problemas) y el paisaje aún mas árido que en la otra vertiente y, lo primero que nos encontramos es el pequeño pueblo de Porto Kagio. Subiendo por la empinada carretera atravesaremos los restos del bonito pueblo de Lagia y a unos 10 kms. al norte un minúsculo pueblecito llamado Kokkala que posee una aguas tan transparentes que parecen de mentira, el baño en su playa de cantos rodados blanquísimos es espectacular.

No aparece casi en ningún mapa, solo en los mejores, pero a unos 5 kms. al norte, y ojo, desviándose hacia el mar unos 500 mts., está el pueblecito de Alypa con una pequeña playa de 50 mts. entre dos muros de roca y un pequeño chiringuito en medio de la playa donde se puede saborear lo que de verdad es la comida mas tradicional griega, allí no hay ni turistas y el precio…una broma. Siguiendo nuestra ruta recomiendo detenerse en la playa del pueblo de Chalikia Vata (Halikia) justo antes de llegar a Kotronas, creo que el único pequeño puerto de toda la costa este.

Siguiendo nuestro camino hacia el norte bordeando la costa, imprescindible la playa de Skoutari. Kamarés y Vathi también tienen largas playas. Ya desde allí emprenderemos la vuelta a Areópoli, a unos 18 kms., si es que hemos escogido esta opción de alojamiento.

Mencionar antes de dejar Mani que las playas son (al contrario que las que nos podemos encontrar a lo largo de toda la costa occidental del Peloponeso, que son de arena fina) mas bien de guijarros o arena gruesa y que el tráfico por la carretera es entre mínimo e inexistente, en los meses de Junio y Julio te puedes encontrar haciendo tu mismo recorrido 2 coches a lo sumo, lo cual hace el viaje bastante cómodo, creo.

FIN TERCERA ETAPA

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Rafael Llorente

Rafael Llorente

Rafael Llorente

Después de una dilatada carrera profesional, en la que ha dedicado mucho de su tiempo de vacaciones a su gran pasión, el turismo, en especial por el Mediterráneo y más particularmente por Italia y Grecia, se haya inmerso en la finalización del Grado de Turismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado con grecotour en muchas ocasiones en la confección de viajes y redacción de contenidos turísticos de calidad en la web. Su relación con grecotour comienza años atras como cliente y viajero. Será un habitual del equipo de redacción y contenidos de nuestro blog.
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El Pecio y la medusa

Hay un lugar en las Islas Esporadas, en la isla de Skopelos que se llama Panormos. Una cala perfecta para el fondeo protegida de los vientos y las olas. Rodeada de pino mediterráneo y la calma más absoluta. Otro lugar destacado del destino Grecia.

Allí se puede disfrutar del snorkeling perfecto. Ya desde la antigüedad este lugar era conocido como refugio por los navegantes de todos los tiempos y puerto natural sin rival.

Son muchos los pecios y barcos hundidos que allí se encuentran. Sus esqueletos cubren el fondo viendo pasar los años y los siglos. Sus únicos visitantes somos nosotros y las medusas que planean sobre sus restos.

Ser testigo de ese momento es sin duda un lujo al alcance de aquel que disfrute con momentos especiales y mágicos como este.

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Delfines desde un velero

Quizás uno de los placeres únicos que el destino Grecia nos pueda dar unas vacaciones en velero es el avistamiento y la compañía de delfines en libertad jugando con nuestro barco.

En frecuente encontrarlos en Grecia. Ya lo he vivido muchas veces, pero cada vez que ocurre es como si fuese la primera vez. La emoción que produce es la misma o similar a las que se tienen de pequeño y que con los años vas olvidando.

No se que tienen estos animales que enamoran, deseas su cercania y su amistad. Hay algo que nos une y su mirada parace humana o al menos transmite inteligencia y curiosidad.

Un avistamiento de delfines en tu charter náutico en Grecia quizas marque el momento más apasionante de tus vacaciones. Ese momento que llegado el frio invierno siempre recordarás especialmente. Es un recuerdo que alimenta nuestro ánimo y nuestra ilusión en repetir de nuevo esa experiencia tan especial.

Hay algo que no pueden mostrar las fotografías y es el sonido. La voz de los delfines que escuchas mientras juegan con al barco. En ese momento te das cuenta que conversan y se expresan. Lo tengo grabado en mis recuerdos y estoy deseando volverlo a escuchan pronto y volver a disfrutar de su compañía.

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Mi gran Pascua griega

He tenido el inmenso placer de poder disfrutar en varias ocasiones de la Semana Santa en Grecia. Una celebración que, por lo general, no suele coincidir con la católica, al regirse ésta por el calendario gregoriano y la ortodoxa por el juliano. Pero, sin duda alguna, recuerdo con especial cariño la que compartí con unos amigos del barrio de Jalandri cuando vivía en Atenas. Sin llegar a la sobriedad con la que se vive este periodo en las villas más tradicionales de la geografía helena, Atenas aún mantiene un marcado espíritu de respeto por esta fiesta religiosa que forma ya parte intrínseca de la cultura griega.

Una vez transcurrido el tiempo de Cuaresma, precedido por el Kazará Deftera (lunes de ceniza), los griegos se van preparando para celebrar la Pascua Ortodoxa. Poco a poco y según va avanzando la semana tras el Domingo de Ramos, el nivel de intensidad de la vida cotidiana va descendiendo en todas las localidades helenas. El tráfico se hace menos denso de lo habitual, los cafés se ven menos concurridos que de costumbre y las gentes que llenan las calles de ajetreo y algarabía se van recogiendo en sus casas o marchan a sus lugares de origen para celebrar la fiesta en familia.

La mayoría de las bulliciosas calles atenienses, a excepción de aquellas más concurridas del centro de la ciudad, permanecen ahora en una quietud inusitada, como alejadas del mundanal ruido que las domina durante casi todo el año. Como si se tratara de unos servicios mínimos preestablecidos, cada barrio reduce su actividad a la plaza central y algún comercio disperso. La mayoría de restaurantes y tabernas comienzan a cerrar el Jueves Santo, día en el que comienza la preparación de la Pascua. Es también el momento en el que se preparan los famosos huevos de pascua. Estos se cuecen y se pintan de rojo y se reservan para la cena del sábado noche. La costumbre dispone que cada uno ha de coger un huevo y tratar de romper el de los demás, mientras repite Jristós Anesti (Cristo ha resucitado), lo que simboliza la ruptura del sepulcro de Jesús. Quien rompe más huevos se asegura la buena dicha para el resto del año. Se suele aprovechar también esta fecha para elaborar el tradicional tsoureki, el esponjoso y dulce bollo de Pascua.

El Viernes Santo comienzan los oficios. Mujeres y hombres acuden a la iglesia con flores para adornar el féretro de Cristo. Durante la mañana tiene lugar el entierro de Jesús y por la tarde sale la procesión con el Epitafio (el féretro sagrado) recorriendo las calles. Es el día en el que la Semana Santa ortodoxa adquiere su dimensión más dramática, ya que simboliza el descendimiento de la Cruz y el entierro de Jesús. Por lo general dejan de realizarse las labores de la casa, e incluso se evita el tener que cocinar.

El sábado, antes de la media noche, los feligreses comienzan a congregarse alrededor de la iglesia. Recuerdo con especial emotividad aquellos momentos. Todos acudíamos con velas y en silenciosa procesión a las puertas del templo de Panayiás Marmariotissis, en Jalandri. Cada uno portaba una vela apagada que más tarde se encendería a partir de una única vela, la Luz Sagrada, portada por el sacerdote. Una sobrecogedora sensación embargaba la atmósfera reinante en la fresca madrugada primaveral. Mientras Vicky y María me explicaban en voz baja lo que iba aconteciendo.

De pronto, una poderosa voz resonó en la calle – ¡Jristós Anesti! (¡Cristo ha resucitado!) – Exclamó el pope que llevaba la voz cantante. – ¡Alizós Anesti! (¡En verdad ha resucitado!)- Respondió al unísono el gentío allí reunido, al tiempo que daban comienzo las primeras felicitaciones. ‘¡Jristós Anesti!‘.

No se me olvidará nunca aquel grito que quebró la tensión acumulada en las horas previas a la madrugada. Volvimos a casa con nuestras velas prendidas (Según reza la tradición, se realiza una cruz en el exterior del hogar como símbolo de bendición). De vuelta ya en casa nos esperaba la mayiritsa, el elaborado estofado de entresijos de cordero que habían estado preparando la Yiayiá (la abuela) junto con otras mujeres durante las horas previas. He de decir que con la gazuza que hacía a aquellas alturas de la jornada, lo sabroso y caliente del guiso formaron una perfecta simbiosis con mi agradecido estómago. Ahí comprendí mejor que nunca, y no sin cierta ironía, aquello de ‘estómago agradecido’, ya que es justo reconocer que yo también puse mi humilde granito de arena al colaborar activamente en la preparación de la tradicional vianda pascual.

La llegada del Domingo de Resurrección me sorprendió temprano por la mañana. En realidad, más pronto de que lo que hubiera esperado o deseado. Y es que había llegado el momento de preparar los típicos asados al espeto o, lo que es lo mismo, arní stin souvla (cordero al pincho) y kokoretsi (casquería, generalmente hígados de cordero, enrollados en intestinos, algo parecido a los zarajos manchegos).

Ya desde las primeras horas del día los jardines de las casas circundantes desprendían ese untuoso aroma que desprende la carne de cordero al asarse poco a poco, lo que animaba a ponerse manos a la obra. Despejado el terreno para la faena, el cabeza de familia, Nikos, dispuso todo lo necesario para que fuera asando el cordero, de una pieza, en el gallinero. Ahí se ubicaría mi lugar de trabajo. En el gallinero. Muy apropiado, dada la ocasión. Cuando ya habían pasado varias horas y apenas sentía mi brazo de tanto darle vueltas al asado, llegó Giorgos para relevarme, cosa que agradecí enormemente, pues me encontraba en una difícil situación empujando un brazo que se movía más por inercia que por otra cosa y con la responsabilidad de quien lleva el peso del plato principal que alimentará a todos los comensales. Y así, aquella perdida pero digna mirada que pedía auxilio oteando el horizonte, fue socorrida al fin, con gran alivio por mi parte. Me dirigí a preparar la sangría (algún toque español había que dar al banquete), lo que me sirvió de excusa para no volver a acercarme a tres metros del cordero. Mientras, en lontananza, vislumbraba a mi salvador, mi ‘Atlas’ particular, sosteniendo todo el peso del trabajo, con más tedio que vergüenza.

Al final, todo salió a pedir de boca, y nunca mejor dicho. Disfrutamos, comimos, bebimos y compartimos en lo que era la culminación de una de las celebraciones más importantes del calendario griego, la Pascua ortodoxa. Sin duda alguna, merece la pena vivir esta experiencia en la que se mezclan la festividad religiosa y el fervor espiritual con la tradición popular y si puede ser rodeado de familia y amigos, mejor.

¡Kaló Pasja!

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

josemaria guión bajo hernandez arroba hotmail punto com

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Viaje al Peloponeso, primera etapa

Introducción a nuestro viaje, camino a Mani…

La región de Mani está situada en el centro de las tres penínsulas que conforman la parte sur del Peloponeso griego. Es un territorio que podríamos denominar como áspero, con muy poca vegetación, una orografía relativamente montañosa, escarpados acantilados, pocas playas, pequeños y retirados pueblos y carreteras en buen estado pero estrechas y, lógicamente, con abundancia de curvas.

Sus habitantes, conocidos como maniotas, forjaron su leyenda gracias a su bravura guerrera y las dificultades de acceso a su territorio lo que les hizo inexpugnables en la antigüedad y les proporcionó una independencia que ha llegado casi hasta el siglo XX.

El escritor inglés Sir Patrick Leigh Fermor, que vivió muchos años en la bella Kardamili, considerado el mayor custodio e impulsor de Mani (sobre todo en su país de origen, junto con sus compatriotas Bruce Chatwin y James G. Frazer), en su libro Mani, viajes por el sur del Peloponeso (Acantilado, Barcelona, 2.010) dijo al respecto de su aislamiento, que fueron los maniotas los últimos griegos en convertirse al cristianismo y también al turismo.

No obstante, todo lo anteriormente comentado no debería mas que animarnos a intentar descubrir un territorio que aún hoy en día mantiene una envidiable situación de aislamiento que lo hace sumamente atractivo para los turistas que buscamos alejarnos durante nuestras vacaciones del barullo que supone vivir en una gran ciudad para intentar desconectar y al mismo tiempo encontrarnos con vestigios de la historia que también se muestran a nuestros ojos en el territorio griego.

Se supone que cuando viajas a (esta) Grecia buscas no solo playas sino algo más y, por descontado, en este viaje lo encuentras, bien sea por el camino o en el mismo territorio maniota.

Entiendo que para llegar a que te pueda interesar descubrir la península de Mani has de haber viajado a Grecia con anterioridad y conocer las singularidades del país en diversas materias, algunas de las cuales son importantes a la hora de saber escoger un destino, itinerario, desplazarse y hacerse entender ó entender.

Como ejemplo, citar que en las carreteras griegas de doble sentido se suele adelantar continuamente utilizando el carril donde está la línea continua sin respetarla, también nos podemos encontrar en muchos lugares las indicaciones sólo en griego e incluso a muchos ciudadanos (pero muchos) que no hablan o entienden nada más que griego. Pero esto no nos debe desanimar porque la recompensa será grande.

El viaje comienza en Atenas…

Vamos a partir del supuesto de un viaje desde Atenas habiendo alquilado un coche, aunque existe la posibilidad de volar desde Atenas a Kalamata, pero nos perderíamos las maravillas que nos depara el camino, tanto de ida como de vuelta.

 

Deberemos coger la autopista E94 en dirección a Corinto (Korinthos) y me propongo sugerir una visita antes de la obligada del canal de Corinto. Justo antes de llegar al puente que lo atraviesa se toma la desviación hacia Loutraki y se sigue por la costa hasta llegar al cabo Iraio donde dejaremos el coche en un pequeño aparcamiento y bajando a la costa (20 m.) nos encontraremos en una preciosa y solitaria cala los restos del Templo de la diosa Hera, también llamado Heraion, que prácticamente nadie visita, un lugar para iniciados.

Volviendo sobre nuestros pasos, regresaremos al canal de Corinto y, aunque hayamos pasado por el 20 veces, es imprescindible bajarse del coche para admirar semejante obra de la ingeniería civil del siglo XIX (aunque la idea data nada menos que del siglo VII a.C.)

Abandonamos el Ática y ya en el Peloponeso cogeremos en dirección a Trípoli la E65 y lo primero que nos encontramos son las ruinas de la antigua Corinto (Archaia Korinthos) con su museo y también, para los mas curiosos y atrevidos, la subida a los restos de la fortaleza Akrokorinthos en lo alto de la montaña que las domina y que ofrece unas vistas impresionantes.

 

FIN PRIMERA ETAPA | Ver la SEGUNDA ETAPA

Rafael Llorente

Rafael Llorente

Rafael Llorente

Después de una dilatada carrera profesional, en la que ha dedicado mucho de su tiempo de vacaciones a su gran pasión, el turismo, en especial por el Mediterráneo y más particularmente por Italia y Grecia, se haya inmerso en la finalización del Grado de Turismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado con grecotour en muchas ocasiones en la confección de viajes y redacción de contenidos turísticos de calidad en la web. Su relación con grecotour comienza años atras como cliente y viajero. Será un habitual del equipo de redacción y contenidos de nuestro blog.
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Snorkel para niños en familia

El primer paso después de aprender a nadar con cierta seguridad es comenzar a bucear, es decir, meter la cabeza bajo el agua. Para los niños es un paso dificil. Un pequeño reto, un paso más en su desarrollo y un logro.

Hacer Snorkel o Snorkeling no solo es meter la cabeza bajo el agua. Es además hacerlo con gafas de bucear y coordinar nuestra respiración bajo el agua con el tubo, comenzando con poca profundidad. Es romper nuestros esquemas mentales y hacer algo que cuando eres niño no piensas que se puede realizar. Respirar con cabeza y boca dentro del agua. Aprender a flotar boca abajo requiere aprendizaje, pero llega. Sin forzarles y que sean ellos los que se sientan empujados por su curiosidad y su pequeña ansia de aventura. Ganar confianza les enseña también a vivir.

Una vez conseguido no hay nada más maravilloso que bucear de la mano de tu hijo y notar como tiembla de emoción y no de frio.

Sobre todo, hacerlo con ellos. Hacerlo juntos.

Bucear haciendo Snorkeling en el mar vivo y transparente de Grecia y de las costas del Monte Pelion es quizás una de las mejores experiencias que jamás viviré como padre. Pero ya la viví como hijo de la mano de mi padre y aún lo recuerdo.

Ayudan siempre unas aletas para que el avance sea más fácil. El uso de neopreno les hará aguantar la pérdida de temperatura si estuviésemos en el agua algo más de lo normal. Sin alejarnos demasiado, despacio y pendientes de las corrientes. Guardemos energía para regresar ayudándoles a ellos si hiciese falta.

Enseguida sentiremos estar dentro de una pecera viva. Ver la flora marina, la fauna grande y pequeña les hará entender que allí abajo existe un mundo y que existen otras formas de vida. Enseguida desarrollan un sentido muy fuerte de protección del medio ambiente y de los seres del mar. Debemos enseñarles a respetarla y apreciarla.

Pelion, Grecia

Pelion, Grecia

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Vientos Meltemi en Grecia

Si vas a navegar en Grecia y especialmente en las islas Cícladas es imprescindible saber y conocer el viento Meltemi. Puede jugar un papel muy importante en nuestra travesía y nuestras vacaciones navegando por las islas griegas.

Se trata de fuertes vientos térmicos de componente norte, cálidos y secos y sobre todo intensos y persistentes. Los veremos aparecer en los meses cálidos, especialmente en julio y agosto. Una reacción de la propia naturaleza para compensar las altas temperaturas. Llegan con facilidad a fuerza siete y ocho en la escala beaufort. Es bien sabido que con tales condiciones de viento no es recomendable navegar. Especialmente para embarcaciones náuticas deportivas, yates, veleros monocascos o catamaranes.

Si nos pilla en el mar, pasaremos un rato movidito con momentos de remojo y pantocazos sin duda alguna. Si nos pilla en algún puerto es más que probable que Capitanía de puerto local nos prohiba zarpar y si lo hacemos deberemos firmar un documento de responsabilidad.

Cuando zarpamos desde Atenas y conociendo la predición de vientos de superficie con unos días de antelación, lo más inteligente es evitarlo en el corazón de las islas Cícladas y cambiar nuestros planes y rumbo. Una excelente opción si hay previsión de Meltemi es tomar rumbo a la costa del Peloponeso y las islas Sarónicas. Aqui estaremos a refugio de vientos del norte, o mejor dicho, tendremos viento rico para navegar a vela pero sin molestos oleajes.

Sin embargo, si ya nos ha pillado en el corazón de las islas Cícladas podemos convivir con el viento Meltemi. La convivencia consiste en navegar a la sombra sur de las islas, a refugio de este viento de componente norte. Otro consejo es navegar de noche, ya que en ocasiones cesa o diminuye su intensidad y fuerza. Sea como sea, navegar con Meltemi requiere destreza y experiencia, además de ropa adecuada y muchas ganas de sentir el mar y su fuerza. Para nada es una experiencia recomendable para un crucero a vela para familias o grupos de amigos en su primer contacto con la náutica.

Si vamos a navegar en Grecia los meses estivales, una buena decisión anticipada también sería elegir zonas como la costa noreste del Peloponeso (una de nuestras favoritas sin duda) o bien las Islas Jónicas, partiendo de Lefkada o bien de Corfu. Por lo general en las Islas Jónicas no sopla el antipático viento Meltemi.

Sea como sea. si quereis observarlo y estar pendientes, aquí os dejamos estos valisos links de predicción y seguimiento de vientos de superficie en Grecia y las islas griegas:

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Solo para Veleros, Kleftiko en Milos

Otro de los lugares que un navegante por las islas griegas no debe perderse si navega por las islas Cícladas es el lugar de Kleftiko, en el sur oeste de la bella isla de Milos.

Absolutamente inaccesible por tierra. Se trata de un lugar de fondos turquesa y enormes rocas esculpidas por la erosión que hacen bellas esculturas sobre el mar. Forman rocas con túneles y pasadizos de enorme belleza. Muy aconsejados para echarnos al agua y practicar snorkel sin parar. No olvideis llevar aletas, ya que las corrientes son fuertes. El color blanco de las rocas y las aguas limpias y transparentes resultan de un atractivo magnético que no nos dejará marchar con facilidad.

Su nombre viene del griego “kleftis” que significa ladrón. Su ubicación oculta al sur de la isla y los vientos predominates de componente norte, hacian de este lugar un refugio de piratas y asaltantes de los mares del Egeo. Aquí quedaban ocultos al acecho de los barcos que pasaban y desplegaban las velas y se lanzaban con rapidez para interceptarlos, ayudados por los vientos de popa.

Hoy en día aún se habla de tesoros escondidos.

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Grecia con niños, primer baño en el mar

Cuando eres padre de un bebe todo es rápido y novedoso. Con extrema rápidez siempre es la primera vez en algo. Os hablaré de la primera vez que mi hijo pequeño se bañó en el mar. Fue, como no, en Grecia. Siempre temes la reacción y si le gustará o le asustará. Temes que llore aterrorizado como muchos niños que has visto en tantas ocasiones y piensas que tu hijo también podría tener una reacción parecida.

Este video muestra la reacción del mio. Bañandose junto a las Termópilas, donde Leonidas y sus 300 lucharon fiaremente contra los Persas. El baño no fue una lucha, fue algo distinto y no esperado. Quede muy sorprendido.

Grecia sin duda transmite paz…

 

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

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Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Santuario de Pan en Atenas

Un curioso recinto arqueológico, no demasiado conocido por el turista que visita la ciudad de Atenas, es el Santuario de Pan que se encuentra en la esquina de la calle Απ. Παύλου (Apóstol San Pablo) con Δημ. Αιγινήτου, bajo el Pnix.

El culto a Pan era conocido en el Ática y Atenas desde el siglo V a.C. Este poderoso dios, que sin embargo nunca fue incluido en el Panteón Olímpico griego, vivía en la Arcadia, en el centro del Peloponeso, en donde se dedicaba a guardar rebaños y colmenas, a ayudar a los cazadores a encontrar su presa y a tomar parte en las orgías de las ninfas montañesas.

Parece ser que era hijo de Hermes y de Dríope, hija única del rey Dríopas. Su fisonomía era ligeramente repulsiva pues tenía cuernos, barba, cola y patas de cabra.

El Santuario de Pan fue descubierto en 2001 en las excavaciones de los arqueólogos griegos, bajo la dirección de Κ. Λαζαρίδη y Ο. Βογιατζόγλου, en los trabajos de materialización de la nueva entrada al Pnix, dentro del marco de las obras de Agrupación de los Yacimientos Arqueológicos. Fue entonces cuando encontraron una cámara tallada en la roca de dimensiones 4,30 x 2,45 m y 2,40 m de altura. La cámara era accesible a través de una puerta con dintel en forma de arco.

En la pared norte de la cámara había un relieve que representaba al dios Pan portando una vara o una vasija para cazar liebres, una Ninfa bailando y entre ambos un árbol y un perro que disfrutaba de la escena.

En la pared exterior, a la izquierda de la entrada, se conserva un fresco de grandes dimensiones con decoración de motivos vegetales y bajo él un suelo de mosaico. Esta decoración pertenece a la época imperial.

Este santuario data del siglo IV a.C. y no hay que confundirlo con el santuario de Pan y las Ninfas, situado al pie de la Acrópolis, y que, según nos cuenta Heródoto, fue levantado por los atenienses después de la batalla de Maratón.

Nos cuenta Graves en su conocida obra Los mitos griegos, que Pan es el único dios griego que ha muerto en nuestra era. El asunto lo recoge de Plutarco, por aquella época sacerdote de Delfos, quien cuenta que la noticia de la muerte de Pan la dio un tal Tamo, marinero egipcio de un barco que iba a Italia pasando por la pequeña isla de Paxi en el Heptaneso o islas Jónicas.

Una voz divina gritó a través del mar: ¿Estás ahí, Tamo? Cuando llegues a Palodes cuida de anunciar que el gran dios Pan a muerto, lo que hizo Tamo con la mayor diligencia.

Pero para Graves, el tal Tamo oyó mal el lamento ceremonial Thamus Pan – megas Technece (¡El todo grande Tammuz ha muerto!) y entendió: ¡Tamo, el Gran Pan ha muerto!. Hay que tener en cuenta que todo grande y Gran Pan suenan de manera idéntica en griego.

César Fernández

Cesar Fernandez

César Fernández

Especialista en arqueología griega y experto en viajes arqueológicos. Organiza para grecotour.com viajes altamente especializados en la historia y la arqueología de Grecia. Gran conocedor de la mitología griega. Habla griego moderno a la perfección y viaja frecuentemente con grupos culturales a distintos lugares de la Grecia antigua y de Sicilia.
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Fondeo en Kolona, Kithnos

La playa de Kolona es sin duda una de los mejores lugares para fondear una vez ya estemos en las islas Cícladas. Se encuentra en la isla de Kithnos, sin duda, una gran desconocida que bien merece la pena visitar.

Quizás su encanto reside en que se trata de una playa de arena fina y dorada que une la isla de Kithnos con un islote llamado Agios Loukas. La playa tiene dos caras y doble playa, al este y al oeste.

La inmediata altura de las colinas que la envuelven hacen que el lugar este protegido de vientos, especialmente del norte y de los molestos vientos llamados meltemi.

Posee algún arbol del que aprovechar su sombra, que se agradece en temporada de calor. Durante los meses de mayor afluencia funciona una taberna tradicional que merece la pena visitar.

Paseando y con cierta facilidad podremos llegar a una bella ermita blanca, Agios Loukas, que corona la colina más al sur. Desde allí contemplaremos el Egeo y el perfil de todas las islas que nos rodean. Si fondean aqui, no olviden pasear hasta este lugar.

Para fondear podemos elegir cualquiera de las dos piscinas naturales que genera este lugar. Los fondos con de arena y el ancla suele agarrar de maravilla. Como siempre aconsejamos, echen todo el ancla y cadena que puedan. Se aconseja además echar un cabo de popa a tierra y de ese modo evitar el borneo. Así se garantizarán una noche tranquila.

Las aguas son transparentes y limpias. Ideales para el baño matutino antes de desayunar que muchos adoramos. Vemos en muchas ocasiones tripulaciones que desembarcan para preparar excelentes barbacoas en la misma playa. Si fuese su plan recuerden mantener todo limpio y al finalizar realizar una limpieza en profundidad. Es importante.

La playa de Kolona se encuentra a tres kilómetros de la capital, Chora. La carretera es mala y entraña cierta dificultad. Desde tierra solo se llega con vehículo todoterreno y con precaución. Desde el puerto de Merihas, pequeño y tradicional puerto de Kithnos, salen lancha taxis en temporada alta.

 

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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La Isla de Zakinthos por Paschalis

Merece la pena dedicarle tres minutos a este excelente Video en Vimeo de Paschalis Vlahos. Momentos y vacaciones en la isla griega de Zakinthos. Difundir las cosas bien hechas y que nos hacen vivir las vidas de los demás y lugares donde no hemos estado tiene un mérito que sin duda desde grecotour.com valoramos, apreciamos y agradecemos.

Bienvenidos a la isla de Zakinthos!

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Rituales Secretos de la adivinación

Si en Delfos las grandes verdades eran reve­ladas a través de una intermediaria, la pitia, en los Misterios de Eleusis era el mismo cre­yente el que accedía a las grandes respues­tas mediante una serie de ceremonias de purificación orgánica y espiritual. Se sabe poco sobre los ritos de Eleusis, a causa de su carácter secreto, que impedía la difusión entre los no iniciados. Al pare­cer, tenían un origen agrario, basado en el culto a las diosas Deméter y Perséfone. A través de los ciclos de las estaciones y las cosechas, simbolizaban la evolución espi­ritual del ser humano desde su nacimien­to hasta la muerte. Pero los Misterios alu­dían sobre todo a una muerte espiritual, vinculada a la iniciación y que antecede a la resu­rrección, ya como individuo que ha accedido a los secretos de la existencia.

Diversos estudios han especulado sobre el papel de las sustancias psicotrópicas en ambos ritos, tanto en Delfos como en Eleusis. En el segundo, se sabe que los participan­tes ingerían un alimento llamado Kykeon, y que éste pudo contener cornezuelo del cen­teno, un hongo que multiplica la capacidad sensorial y potencia la introversión.

Oráculo y Misterios sobrevivieron a la decadencia helénica, perdurando incluso duran­te los primeros siglos de ocupación romana. Pero no resistieron la expansión del cristia­nismo. que persiguió con saña cualquier forma de desviación religiosa de su dogma. Del­fos, Eleusis y el mundo que ambos representaban, fueron barridos para siempre.

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Mil cartas de regreso, Folegandros

Era uno de los veranos que volvia para pasar mis vacaciones en Grecia.

Realmente desde que me fui de Grecia siempre paso allí mis vacaciones. Es algo como indiscutible aunque a lo largo de mi vida esta decisión fue dura para los que están a mi lado. Pero como siempre pensamos los griegos, es mucho mas duro no tener que comer o simplemente no poder ir de vacaciones.

Recuerdo que Teodora me dijo aquel año que si iba con ella a la isla arreglaría la casa. Allí, la casa en la isla no tenía agua ni luz. Era una casa en un acantilado mirando al norte, en  la isla de Folegandros.

Le respondí que iría con ella y que no hacia falta arreglar nada, no me importaba la luz ni el agua. Además en la casa había un pozo y velas. Así fue.

Recuerdo que llegue a un puerto pequeño, casi un “no puerto” como tantos que hay por todas las islas de mi país. Era uno de estos puertos en los que bajando te esperan los isleños ofreciéndote una casa o una habitación o una cama.

Entre la gente vi a Teodora y su hermana esperándome. Hacia tiempo que no les había visto y cada vez que encuentro la gente con la que viví en mis años en Grecia es como reconocer mis raíces o mas bien volver a tenerlas,  mientras estoy siempre flotando entre dos mundos.


La isla era pequeña, con mucho viento, muchísima luz y gente que siempre te hacen sitio para sentarte a su lado . Gente que paran para que subas a su coche hasta la próxima playa. Te invitan a un chupito de un aguardiente realmente ardiente con miel. Dónde las noches de verano en el medio de una plaza repleta de personas que no se conocen pero estan dispuestos a hacerlo. Entonces te vuelves consciente que realmente el mundo es tan pequeño que  vale la pena tener solo amigos.

En una isla todos se hacen amigos aunque sea solo para aquellas fechas cortas de las vacaciones de verano. Y además el propio paisaje no te deja dudar. El mar te desbloquea el cerebro, es tan bonito el mar allí!

La luz te hace ver lo todo mas claro y hasta la luna te enseña la magia de ser y sentirte feliz de estar allí.

Recuerdo que seguíamos sin agua y luz. Recogíamos entonces el agua del pozo. Esta acción era un ritual, como igual tomó forma de ritual el reciclaje de esta agua de lluvia recogida del pozo que estuvo en esta casa, en este acantilado desde hace más de un siglo. Era impresionante, con tan poca agua todo lo que conseguíamos.

Obviamente la falta de electricidad daba un toque mas de romanticismo en nuestras vacaciones. La casa por las noches se quedaba iluminada por las muchas velas que casi parecían miles y se unían en el paisaje nocturno de un cielo repleto de estrellas y una casa en un  acandilado que parecía tener más estrellas aún.

Nosotras ya éramos cuatro en la casa ya que yo había invitado una amiga mas. Además la hermana de Teodora tenía su hija y su perro con nosotras. Pero cuando llegábamos a la plaza del pueblo allí nos reuníamos con mas gente como mi primo y sus amigos que siempre veranean allí y cuarenta Catalanes que yo debería conocerles ya que somos casi paisanos.

Me encanto Folegandros, me encanto la cercanía de su gente y el interminable cielo de estrellas por la noche.

Me encanto el color tan profundo de su agua y el viento que no deja el polvo encima de nada mas de unos segundos. Me encanta Grecia y quiero un día volver para quedarme porque es allí donde estan mis raices.
Me encanta Grecia porque nos obliga irnos lejos como una madre que quiere lo mejor para sus hijos pero sabes que siembre estará allí esperando a que vuelvas algún día.

 

Lilia Koutsoukou

Lilla Koutsukou

Lilia Koutsoukou

Nacida en la ciudad de Lamia en Grecia. Fotógrafo afincada en Valencia que hace ya unos años que vino a vivir a España. Ama a Grecia y a su pais. Lo transmite en sus fotografías y cuando habla de ella. Conoceremos su trabajo y sus consejos de viaje. No hay nada mejor que dejarse llevar por los propios griegos para introducirse más en su vida, día a día y experiencia de viaje de este maravilloso país.
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Vistas de pajaro en Meteora

Un excelente video que podemos disfrutar en Vimeo con una vistas y una perpectiva imposible de disfrutar incluso visitando los monasterios de Meteora en persona. Imágenes tomadas por un dron de cinematografía que nos harán disfrutar de vistas únicas e imposibles de pájaro.

Visita nuestro apartado de Meteora para ampliar información de este maravilloso rincón de Grecia.

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La mítica ciudad del nieto del rey Minos, Chania

Se dice que Chania es la ciudad habitada más antigua del mundo. Tendría sus orígenes en un asentamiento lla­mado Kydonia en honor de Kydon, nieto del rey Minos. Otra de esas leyendas que tejen la realidad de Creta. En todo caso su larga historia, con innumerables presencias y conquistas, ha configurado una ciudad a la que el alu­vión turístico no ha conseguido arrebatar su especial carácter. La zona más concurrida es el puerto veneciano y el gran semicírculo de Aktí Koundourióti; allí, por las no­ches, las luces de los cafés y los restaurantes se reflejan en las aguas del puerto creando una extraña atmósfera mági­ca, que la animación de gentes que hablan decenas de len­guas diferentes no consigue romper. Más tranquilo es el barrio de Kastelli, la zona más antigua de la ciudad. Entre las fachadas de las casas de la zona, cubiertas de flores, se descubren partes de las antiguas murallas venecianas.

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Impresiones de un periodista en Santorini

Pensábamos que seis días en Santorini sobraban para hacer un reportaje de seis páginas. Infravaloramos la insólita belleza de “la joya de las Cícladas“, uno de los lugares más fotogénicos del mundo. Descubrimos que sus 76 kilómetros cuadrados (la décima parte de la superficie de Lanzarote, su competidora volcánica en el Atlántico) albergan motivos suficientes para olvidarse del avión de vuelta y desmenuzar sus encantos con el mimo y la dedicación que destilan sus fantásticos hoteles, con la meticulosidad que sus habitantes aplican a la decoración y el encalado de sus casas, con la cantidad de papel necesaria para expresar la magia de sus horizontes mediterráneos. Pronto comprendimos que unir bajo el mismo título el cinematográfico amanecer de la villa medieval de Pyrgos, el ardiente y concurrido atardecer de la bohemia Oia, el original ambiente de Fira, las playas de arena negra de Perissa y Kamari y el espectáculo arqueológico de Akrotiri y la Antigua Thira, sería como condensar La Ilíada, La Odisea y La Eneida en un solo libro.

Hasta que instalaron el teleférico, la única forma de llegar a Fira desde el puerto era superando los más de 600 peldaños de un metro de ancho cada uno, en burro o andando.

Fira y Firostefani suavizan con su blancura la dramática pared de lava. Una imagen que compensa las seis o siete horas de ferry desde El Pireo.

En esta ocasión nos centramos en Fira y Firostefani, la capital de la isla y su complemento indispensable, unidas por dos kilómetros de agradable paseo al borde de la cornisa creada por la erupción volcánica más colosal de la Historia, la misma que acabó con la civilización minoica en la isla de Creta hace casi cuatro mil años y convirtió la circular y antigua isla de Thira en la media luna que es hoy Santorini.

Ambos pueblos están construidos en la cima del acantilado aprovechando al máximo los espacios, con casas excavadas en la roca y apetecibles piscinas suspendidas en el abismo. Firostefani, con las mismas vistas y el mismo estilo arquitectónico que Fira, es el mejor refugio para los que sólo pretenden oir las campanas de la iglesia ortodoxa cuya cúpula azul se observa desde la ventana y la sirena de los cruceros que llegan al puerto y que desde aquí parecen maquetas que podamos reubicar en el mar a nuestro antojo. Basta caminar diez minutos para llegar a Fira (corazón comercial de la isla), a la “Calle de Oro” donde se concentran todas las joyerías y a las famosas terrazas con vistas a la Caldera muy en la línea del ibicenco “Café del Mar”.

Sobre las nueve de la mañana comienza la procesión de turistas hacia el puerto, separado del pueblo por una vieja escalera con más de seiscientos peldaños superables a pie o en burro y sorteables gracias al moderno teleférico. Desde allí zarpan los barcos que recorren la Caldera con paradas en lo que los locales llaman “El Volcán” (dos desolados islotes de lava dónde se puede andar junto a los cráteres y darse un chapuzón en las aguas termales) y en Thirasia, un pequeño fragmento de la isla original con una villa de pescadores perfecta para una apacible comida de fin de excursión.

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