Sobre la religión micénica

La llamada civilización micénica abarca un corto periodo de tiempo de finales del Bronce Medio (1700 – 1600 a.C. aprox.) y, prácticamente, todo el Bronce Reciente (1600 – 1100 a.C. aprox.), en Grecia.

En el Bronce Medio nuestra ignorancia en el terreno de la religión es total, pues hasta hoy no se ha identificado en la Grecia continental ningún santuario de este periodo.

Todo lo que en el Bronce Reciente puede tener un significado religioso (frescos, fragmentos de vasos para el culto, etc.) es de carácter cretense.

La documentación que poseemos se reduce, esencialmente, a los pequeños objetos de oro y de cerámica vidriada de las tumbas de fosa de Micenas (diosa de las palomas, santuario tripartito, altar, “lazo sagrado”, doble hacha, rytón) y a los sellos de piedra de tema religioso encontrados en las tumbas de tholos (“señor de las fieras”, sacerdote, orante y diosa, genios animales, etc.). Ahora bien, la interpretación de estos objetos es dudosa porque, aunque todos sean de carácter minoico, no demuestran necesariamente la penetración en Grecia de las creencias minoicas. Depositados en las tumbas, y no como en Creta en los lugares de culto, hay una gran probabilidad de que se trate de piezas desprovistas de significado religioso y que reflejen sobre todo, como tantas otras piezas del mobiliario funerario, la fascinación que ejercía el arte cretense sobre las élites continentales.

Esto no quiere decir que no existiera una vida de culto en el continente, pero sus mitos y ritos propios se nos escapan casi en su totalidad.

Cuando acudimos a los textos de Lineal B (escritura silábica micénica a la que dedicaremos un próximo artículo) para ilustrarnos sobre los dioses, nos enfrentamos con un contratiempo importante: No existen textos teológicos ni tampoco himnos, ni dedicaciones de templos.

Una tablilla de Knosós nos proporciona un texto que hace referencia a Athana Potnía, “Señora Atenea”.

Otro documento que era claramente de carácter religioso apareció pronto entre los textos de Pylos. Contenía los nombres de Zeus, Hera y lo que puede ser la forma micénica de Hermes.

En los archivos encontrados en los palacios micénicos, el nombre que aparece como el de la divinidad más importante es el de “Potnía”. El nombre puede aparecer solo (“la Señora”, “la Soberana”) o calificado por una palabra que la precede o la sigue. Con frecuencia se trata de un genitivo (Señora de los Marjales, de los Caballos) lo que da lugar a diferentes tipos de “Potniai”. Del examen minucioso de los textos se deduce que estas “Potniai” eran divinidades diferentes entre sí.

En cuanto a los rituales mencionados en las tablillas podemos decir que hasta el momento se ha supuesto la existencia de cinco:

  • El primero era un ceremonial de instalación del trono real.
  • El segundo una fiesta dedicada a Poseidón.
  • El tercero una theophoría o procesión en la que se trasladase procesionalmente la imagen del dios.
  • El cuarto una panegiria.
  • Y el quinto un ritual en el que las mujeres prepararían el vestido de la diosa Potnía y otras divinidades, junto con diversas ofrendas.

De acuerdo con los documentos, la situación base del culto micénico parece ser la siguiente: en cada mes se ofrecen los productos de la estación a las divinidades, en sus santuarios, y a sus sacerdotes. Las esculturas de piedra como figuras de culto son desconocidas, pero hay varios casos de figuras de terracota de tamaño mediano.

La religión micénica era una religión politeísta y muchos de sus dioses tenían el mismo nombre que los dioses del posterior panteón de la época clásica, lo que no quiere decir que puedan identificarse unos y otros.

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César Fernández

Cesar Fernandez

César Fernández

Especialista en arqueología griega y experto en viajes arqueológicos. Organiza para grecotour.com viajes altamente especializados en la historia y la arqueología de Grecia. Gran conocedor de la mitología griega. Habla griego moderno a la perfección y viaja frecuentemente con grupos culturales a distintos lugares de la Grecia antigua y Sicilia.
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Viaje a la Sicilia griega con César

La pasada Semana Santa recorrí Sicilia acompañando como guía a un grupo con la agencia grecotour.com.

Hemos visitado, además de yacimientos, palacios e iglesias normandas, iglesias barrocas, etc., pues “no sólo de arqueología vive el hombre”.

Pero como en esta sección sólo hablamos de temas mitológicos, arqueológicos o relacionados con la historia de la Grecia antigua, me referiré a continuación solamente a los principales museos y yacimientos que hemos visitado relacionados con el antiguo mundo helénico.

Hay quien dice que para ver templos griegos hay que visitar Sicilia, afirmación que no está exenta de verdad.

Empezamos el viaje con una decepción: El Museo Arqueológico de Palermo, uno de los dos más importantes en su género de la isla, estaba cerrado por obras. Así que pospongo su comentario hasta un próximo viaje.

El primer gran yacimiento que visitamos fue Segesta con su magnífico templo inacabado y su precioso teatro que goza de una vista extraordinaria sobre la planicie del contorno. El recorrido se hace de forma agradable, pues el lugar dispone de un autobús interior que nos lleva desde la zona situada al pie del templo hasta la colina en donde se encuentra instalado el teatro, ahorrándonos una importante subida a pie.

Le siguió uno de los grandes lugares arqueológicos de la isla: Selinunte, antigua ciudad griega que fue destruida por los cartagineses, primero en el 409 a.C. y definitivamente en el 250 a.C. Hay que contar con un mínimo de dos horas para recorrer las tres partes que la componen: Los templos de la colina Marinella, la acrópolis y el asentamiento de la colina de Manuzza, y los santuarios de la colina Gaggera. También dispone de “cochecitos” de alquiler para los más perezosos.

A Selinunte siguió Agrigento, “la joya de la corona”. Aquí no hay autobuses ni “cochecitos” que valgan y hay que recorrerse el yacimiento a golpe de calcetín. La verdad es que el recorrido se realiza por terreno llano y es muy agradable de pasear. La visita de su Museo Arqueológico, de los templos D, F, A y del de Zeus Olímpico merece el día completo que hay que dedicar al lugar.

Gela fue nuestra siguiente parada y allí visitamos las Fortificaciones del Cabo Soprano (excepcional ejemplo de muralla del siglo IV a.C.) y su Museo Arqueológico, pequeño pero con piezas interesantes.

Del teatro de Taormina casi prefiero no hablar: además de que en él se conservan poquísimos restos griegos (lo que puede verse hoy en día pertenece a la época romana) está “modernamente” acondicionado para que tengan lugar en él festivales de todo tipo. Si no fuera por las vistas (impresionantes) que tiene sobre la costa y lo bonita que es la ciudad que lo acoge, no recomendaría su visita.

Termino refiriéndome al último “recinto” arqueológico que visitamos. En realidad, deberíamos hablar de “ciudad – recinto” porque eso es precisamente Siracusa: Neápolis (con su teatro griego, el altar de Hierón y la “Oreja de Dioniso”), el impresionante Museo Arqueológico Paolo Orsi, el Templo de Apolo y el Athenaion “incrustado” en la catedral barroca de la ciudad convierten a Siracusa en un auténtico manjar para el paladar del buen aficionado a la arqueología griega y para el paladar, también, del que no lo es, pues …¡hay que ver lo bien que se come en los pequeños restaurantes de Ortigia!

César Fernández

Cesar Fernandez

César Fernández

Especialista en arqueología griega y experto en viajes arqueológicos. Organiza para grecotour.com viajes altamente especializados en la historia y la arqueología de Grecia. Gran conocedor de la mitología griega. Habla griego moderno a la perfección y viaja frecuentemente con grupos culturales a distintos lugares de la Grecia antigua y Sicilia.
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Rituales Secretos de la adivinación

Si en Delfos las grandes verdades eran reve­ladas a través de una intermediaria, la pitia, en los Misterios de Eleusis era el mismo cre­yente el que accedía a las grandes respues­tas mediante una serie de ceremonias de purificación orgánica y espiritual. Se sabe poco sobre los ritos de Eleusis, a causa de su carácter secreto, que impedía la difusión entre los no iniciados. Al pare­cer, tenían un origen agrario, basado en el culto a las diosas Deméter y Perséfone. A través de los ciclos de las estaciones y las cosechas, simbolizaban la evolución espi­ritual del ser humano desde su nacimien­to hasta la muerte. Pero los Misterios alu­dían sobre todo a una muerte espiritual, vinculada a la iniciación y que antecede a la resu­rrección, ya como individuo que ha accedido a los secretos de la existencia.

Diversos estudios han especulado sobre el papel de las sustancias psicotrópicas en ambos ritos, tanto en Delfos como en Eleusis. En el segundo, se sabe que los participan­tes ingerían un alimento llamado Kykeon, y que éste pudo contener cornezuelo del cen­teno, un hongo que multiplica la capacidad sensorial y potencia la introversión.

Oráculo y Misterios sobrevivieron a la decadencia helénica, perdurando incluso duran­te los primeros siglos de ocupación romana. Pero no resistieron la expansión del cristia­nismo. que persiguió con saña cualquier forma de desviación religiosa de su dogma. Del­fos, Eleusis y el mundo que ambos representaban, fueron barridos para siempre.

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