Viaje al Peloponeso, primera etapa

Introducción a nuestro viaje, camino a Mani…

La región de Mani está situada en el centro de las tres penínsulas que conforman la parte sur del Peloponeso griego. Es un territorio que podríamos denominar como áspero, con muy poca vegetación, una orografía relativamente montañosa, escarpados acantilados, pocas playas, pequeños y retirados pueblos y carreteras en buen estado pero estrechas y, lógicamente, con abundancia de curvas.

Sus habitantes, conocidos como maniotas, forjaron su leyenda gracias a su bravura guerrera y las dificultades de acceso a su territorio lo que les hizo inexpugnables en la antigüedad y les proporcionó una independencia que ha llegado casi hasta el siglo XX.

El escritor inglés Sir Patrick Leigh Fermor, que vivió muchos años en la bella Kardamili, considerado el mayor custodio e impulsor de Mani (sobre todo en su país de origen, junto con sus compatriotas Bruce Chatwin y James G. Frazer), en su libro Mani, viajes por el sur del Peloponeso (Acantilado, Barcelona, 2.010) dijo al respecto de su aislamiento, que fueron los maniotas los últimos griegos en convertirse al cristianismo y también al turismo.

No obstante, todo lo anteriormente comentado no debería mas que animarnos a intentar descubrir un territorio que aún hoy en día mantiene una envidiable situación de aislamiento que lo hace sumamente atractivo para los turistas que buscamos alejarnos durante nuestras vacaciones del barullo que supone vivir en una gran ciudad para intentar desconectar y al mismo tiempo encontrarnos con vestigios de la historia que también se muestran a nuestros ojos en el territorio griego.

Se supone que cuando viajas a (esta) Grecia buscas no solo playas sino algo más y, por descontado, en este viaje lo encuentras, bien sea por el camino o en el mismo territorio maniota.

Entiendo que para llegar a que te pueda interesar descubrir la península de Mani has de haber viajado a Grecia con anterioridad y conocer las singularidades del país en diversas materias, algunas de las cuales son importantes a la hora de saber escoger un destino, itinerario, desplazarse y hacerse entender ó entender.

Como ejemplo, citar que en las carreteras griegas de doble sentido se suele adelantar continuamente utilizando el carril donde está la línea continua sin respetarla, también nos podemos encontrar en muchos lugares las indicaciones sólo en griego e incluso a muchos ciudadanos (pero muchos) que no hablan o entienden nada más que griego. Pero esto no nos debe desanimar porque la recompensa será grande.

El viaje comienza en Atenas…

Vamos a partir del supuesto de un viaje desde Atenas habiendo alquilado un coche, aunque existe la posibilidad de volar desde Atenas a Kalamata, pero nos perderíamos las maravillas que nos depara el camino, tanto de ida como de vuelta.

 

Deberemos coger la autopista E94 en dirección a Corinto (Korinthos) y me propongo sugerir una visita antes de la obligada del canal de Corinto. Justo antes de llegar al puente que lo atraviesa se toma la desviación hacia Loutraki y se sigue por la costa hasta llegar al cabo Iraio donde dejaremos el coche en un pequeño aparcamiento y bajando a la costa (20 m.) nos encontraremos en una preciosa y solitaria cala los restos del Templo de la diosa Hera, también llamado Heraion, que prácticamente nadie visita, un lugar para iniciados.

Volviendo sobre nuestros pasos, regresaremos al canal de Corinto y, aunque hayamos pasado por el 20 veces, es imprescindible bajarse del coche para admirar semejante obra de la ingeniería civil del siglo XIX (aunque la idea data nada menos que del siglo VII a.C.)

Abandonamos el Ática y ya en el Peloponeso cogeremos en dirección a Trípoli la E65 y lo primero que nos encontramos son las ruinas de la antigua Corinto (Archaia Korinthos) con su museo y también, para los mas curiosos y atrevidos, la subida a los restos de la fortaleza Akrokorinthos en lo alto de la montaña que las domina y que ofrece unas vistas impresionantes.

 

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Rafael Llorente

Rafael Llorente

Rafael Llorente

Después de una dilatada carrera profesional, en la que ha dedicado mucho de su tiempo de vacaciones a su gran pasión, el turismo, en especial por el Mediterráneo y más particularmente por Italia y Grecia, se haya inmerso en la finalización del Grado de Turismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado con grecotour en muchas ocasiones en la confección de viajes y redacción de contenidos turísticos de calidad en la web. Su relación con grecotour comienza años atras como cliente y viajero. Será un habitual del equipo de redacción y contenidos de nuestro blog.
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Impresiones de un periodista en Santorini

Pensábamos que seis días en Santorini sobraban para hacer un reportaje de seis páginas. Infravaloramos la insólita belleza de “la joya de las Cícladas“, uno de los lugares más fotogénicos del mundo. Descubrimos que sus 76 kilómetros cuadrados (la décima parte de la superficie de Lanzarote, su competidora volcánica en el Atlántico) albergan motivos suficientes para olvidarse del avión de vuelta y desmenuzar sus encantos con el mimo y la dedicación que destilan sus fantásticos hoteles, con la meticulosidad que sus habitantes aplican a la decoración y el encalado de sus casas, con la cantidad de papel necesaria para expresar la magia de sus horizontes mediterráneos. Pronto comprendimos que unir bajo el mismo título el cinematográfico amanecer de la villa medieval de Pyrgos, el ardiente y concurrido atardecer de la bohemia Oia, el original ambiente de Fira, las playas de arena negra de Perissa y Kamari y el espectáculo arqueológico de Akrotiri y la Antigua Thira, sería como condensar La Ilíada, La Odisea y La Eneida en un solo libro.

Hasta que instalaron el teleférico, la única forma de llegar a Fira desde el puerto era superando los más de 600 peldaños de un metro de ancho cada uno, en burro o andando.

Fira y Firostefani suavizan con su blancura la dramática pared de lava. Una imagen que compensa las seis o siete horas de ferry desde El Pireo.

En esta ocasión nos centramos en Fira y Firostefani, la capital de la isla y su complemento indispensable, unidas por dos kilómetros de agradable paseo al borde de la cornisa creada por la erupción volcánica más colosal de la Historia, la misma que acabó con la civilización minoica en la isla de Creta hace casi cuatro mil años y convirtió la circular y antigua isla de Thira en la media luna que es hoy Santorini.

Ambos pueblos están construidos en la cima del acantilado aprovechando al máximo los espacios, con casas excavadas en la roca y apetecibles piscinas suspendidas en el abismo. Firostefani, con las mismas vistas y el mismo estilo arquitectónico que Fira, es el mejor refugio para los que sólo pretenden oir las campanas de la iglesia ortodoxa cuya cúpula azul se observa desde la ventana y la sirena de los cruceros que llegan al puerto y que desde aquí parecen maquetas que podamos reubicar en el mar a nuestro antojo. Basta caminar diez minutos para llegar a Fira (corazón comercial de la isla), a la “Calle de Oro” donde se concentran todas las joyerías y a las famosas terrazas con vistas a la Caldera muy en la línea del ibicenco “Café del Mar”.

Sobre las nueve de la mañana comienza la procesión de turistas hacia el puerto, separado del pueblo por una vieja escalera con más de seiscientos peldaños superables a pie o en burro y sorteables gracias al moderno teleférico. Desde allí zarpan los barcos que recorren la Caldera con paradas en lo que los locales llaman “El Volcán” (dos desolados islotes de lava dónde se puede andar junto a los cráteres y darse un chapuzón en las aguas termales) y en Thirasia, un pequeño fragmento de la isla original con una villa de pescadores perfecta para una apacible comida de fin de excursión.

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