Situación Grecia, Crisis griega y Turismo

ACTUALIZADO:Miércoles, 12:45pm del 22 de Julio de 2015

Estimados amigos de Grecia,

Queremos haceros llegar un mensaje de absoluta normalidad y tranquilidad para el turismo y el viajero en el Destino Grecia.

La Situación en Grecia

Grecia está pasando por un momento de grandes cambios y eso producirá una situación compleja para los propios griegos, que son los mayores afectados en esta crisis política y económica.

Actualmente todo funciona a pleno rendimiento y con absoluta normalidad. De hecho la ocupación es altísima y la demanda de nuevos viajes sigue siendo importante. No se han producido apenas cancelaciones en servicios o viajes de españoles e hispanohablantes. Sin embargo, en mercados como el alemán si existen cancelaciones por temor al trato que puedan recibir debido a las relaciones entre ambos paises en este momento.

Las islas griegas, ni siquiera padecen o se nota ningún efecto.

Todos los griegos y especialmente aquellos dedicados al turismo están realizando un esfuerzo especial para que el visitante se encuentre cómodo y disfrute. Especialmente se vuelcan en los españoles e hispanohablantes a los que tienen un especial cariño.

No existe desabastecimiento de ningún tipo. Y mucho menos en el sector turístico como son hoteles, cruceros y restaurantes. Tampoco de fuel, que es repuesto inmediatamente en todas las gasolineras.

Os pedimos vuestra comprensión y quizás en algún momento algo de paciencia con Grecia y con el pueblo griego.

De hecho, la prensa se hace eco del aumento de solicitudes de viajes a Grecia desde el comienzo de la crisis de estos días, en los que se habla de turismo solidario o de búsqueda del chollo. Ver artículo del Diario EL MUNDO.

Nuestros consejos de viaje

El único consejo es llevar algo más de efectivo de lo previsto y pagar con su tarjeta todo aquello que pueda para no consumir su efectivo. Lleve consigo también billete pequeño e incluso moneda para facilitar el cambio y el pago.

Para todo aquello que no se pueda pagar en tarjeta, como por ejemplo una taberna tipo familiar o un agua en un kiosko se podrá realizar el pago perfectamente en efectivo.

Les aconsejamos pagar con tarjeta allí donde sea posible hacerlo, que será en numerosos comercios y lugares. De ese modo su efectivo les durará más aún. Todos los negocios, hoteles, tiendas, restaurantes y tabernas aceptan tarjetas de crédito con absoluta normalidad por lo que podrá seguir pagando con su tarjeta. Si es cierto, que muchos les pedirán efectivo por las restricciones bancarias y de ese modo poder hacer frente a pagos a sus proveedores. Esto no supondrá con seguridad complicación alguna.

Los bancos ya están operativos. La única restricción bancaria y en tarjetas de crédito es para los griegos con tarjetas de banco griego que únicamente disponen de 60 Euros por persona, tarjeta y día. Estos importes están siendo acumulativos. Esto no se aplica al turista o aquellos que poseen tarjetas de crédito no griegas.

Los cajeros los están recargando continuamente por lo que no existe la posibilidad de quedarse sin efectivo en los próximos días. Si podría ocurrir que sufriera una cola para poder sacar dinero de un cajero. Esto será más acentuado en Atenas. Sin embargo en las islas a penas existen colas en cajeros.

La Seguridad en Grecia

Grecia, Atenas y especialmente las islas griegas son lugares con un índice de criminalidad bajísimos. Los robos y hurtos son mínimos, lo han sido y lo siguen siendo, pero eso no significa que tome sus precauciones como lo haría en cualquier parte del mundo.

La situación que se vive en Grecia no ha alterado su seguridad.

Nos han llegado a preguntar si deben salir de noche y nuestra recomendación es que lo hagan. Salga de noche, disfrute de las tabernas y restaurantes de Plaka o de la noche de las islas griegas.

Previsión Situación en Grecia

Tranquilidad y confianza. Se encontrará una solución a esta crisis en breve y todo quedará en la vivencia de un cambio histórico y un paso en la evolución de la Europa de todos.

Lo cierto es que los griegos vivirán una situación compleja y complicada, llena de ajustes y recortes. Es lo único seguro e inevitable.

Para aquellos que temen o creen que su viaje puede sufrir complicaciones, les aconsejamos que se animen, que su viaje será innolvidable y que Grecia les está esperando con toda su belleza y sus gentes amables deseando la llegada del viajero para hacerle sentir como en casa.

Les deseamos un feliz viaje,

Alexis Papageorgiou
Director

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XV Festival de Jazz de Atenas 03-07/06 2015

Technopolis Ayuntamiento de Atenas – Fundación Centro Cultural Onassis

Música en todo lugar en el Destino Grecia

El Athens Technopolis Jazz Festival, una de las instituciones culturales más importantes de Atenas, celebra su 15ª edición y el Centro Cultural Onassis se une a las celebraciones. Technopolis (Municipio de Atenas) dará voz a tendencias del jazz procedentes de todo el globo, con formaciones musicales que nos harán viajar hasta partes remotas del mundo. El festival cuenta con artistas de Grecia, Alemania, Chipre, Hungría, Polonia, Suecia, Luxemburgo, República Checa, Suiza, España, Portugal, Irlanda, Países Bajos, Israel, Bélgica y Turquía.

 

Gorka Benítez y David Xirgu (España)
Sábado 6 de junio de 2015, 21:00h

El saxofonista vasco Gorka Benítez es actualmente uno de los músicos más afamados en la escena española del jazz. Sus referencias son muy claras: empiezan con Sonny Rollins y llegan hasta Joe Lovano, sin olvidar que su sonido tiene casi siempre aroma a jazz americano, ya que vivió y trabajó en Nueva York inmediatamente después de sus estudios en Bilbao. Ahora, establecido en Barcelona, trabaja en sus múltiples bandas teniendo como principal compañero al batería David Xirgu. Con una larga amistad a sus espaldas, los dos músicos forman duetos que no traspasan los límites de la tradición del jazz emprendiendo un ritmo encantador a través de los caminos de la melodía.

https://soundcloud.com/mondaymusicproducers/alejandro-pe-rez-gorka-ben-tez

 

El Athens Technopolis Jazz Festival celebra su 15º aniversario y se convierte en un punto de encuentro para la cultura, el arte y la creatividad, ofreciendo una programación artística así como otros eventos paralelos durante el festival.

 

Technopolis Municipio de Atenas: 100 C/ Pireos, Gazi, (+30) 210 3475518, (+30) 210 3453548 press@athens-technopolis.gr

Más información: www.technopolis-athens.com
Facebook: https://www.facebook.com/pages/Τεχνόπολις-Δήμου-Αθηναίων/115300882032
Twitter: https://twitter.com/Technopolis2015
Instagram: http://instagram.com/technopolis_athens

 

Metro: Estación “Kerameikos”
Trolebús: 21 (desde la Plaza de Omonia), parada “Fotaerio”
Autobuses: 049, 815, 838, 914, Β18, Γ18 parada “Fotaerio”

 

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Presentación del libro El mar Acogedor

Presentación del libro “El mar acogedor” en Madrid

El próximo jueves 7 de mayo a las 19:30 h, en Madrid Casa del Libro (C/Fuencarral 119), se realizará la presentación del libro El mar acogedor de Antonio Vicario.

El mar acogedor resulta una lectura amena y apasionante para aquellos que añoran el destino Grecia. No es un texto de viajes, sino más bien un libro sobre Grecia y los griegos de ahora. En el profundo azul del mar Egeo y en la deslumbrante luz del paisaje, entre el ruido de los puertos y la algarabía de los cafés, se suceden seis relatos emocionantes que combinan con acierto la pasión y el humor, el sueño y la decepción siempre presentes en estas historias conmovedoras contadas con vigor y un buen conocimiento de Grecia y sus gentes, en las que los mitos clásicos muestran de nuevo su valor actual y perenne.

Un hondo recorrido por el alma y paisaje griegos, y cuyo particular ethos o forma de sentir y entender la vida es para el autor el origen del pensamiento y el distintivo modo de ser del tipo mediterráneo, tan reconocible y próximo a nosotros.

Biografía del autor

Antonio Vicario ha desarrollado toda su vida profesional como directivo y consultor en distintas empresas y organizaciones, nacionales y multinacionales, dentro y fuera de España, una actividad que le ha llevado a viajar, conocer y residir en distintas partes del mundo. Capitán de yate desde 1986, ha navegado por casi todos los mares del mundo, aunque su debilidad siga siendo el Mediterráneo y su ribera «allí donde todavía haya pan, vino y aceite».

En este mar lleva años navegando en islas, puertos y ciudades con el mismo afán que Odiseo, descubriendo en cada singladura «paisajes nuevos, gente especial y nuevos emporios» como aconsejara un poeta.

El mar acogedor se inspira en el cuaderno de bitácora de los viajes y singladuras del autor en Grecia y sus islas, su observación y trato con las gentes de aquel país, pero también del buen conocimiento de la historia, la cultura, la geografía griegas, del carácter distintivo de sus gentes y pueblos, tan bien reflejados en estos relatos que desde las primeras líneas nos sumergen rápidamente en el bullicio y las vidas sencillas y complicadas de los personajes que nadan y flotan en El mar acogedor.

Libro El mar Acogedor

Libro El mar Acogedor

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Leonidas y sus 300 espartanos, la Batalla final

Si no has leído la primera parte de este artículo, haz click aqui…

La batalla va a comenzar.

Los defensores se disponen para hacer frente a la primera arremetida persa. Los soldados veteranos se sitúan en las primeras filas para aguantar la embestida inicial del combate. La experiencia es un grado, y más en tales circunstancias.

El pesado equipo de los espartanos supone un muro frente al avance del enemigo. Los yelmos apenas dejan un resquicio por el que adivinar la incompasiva mirada del hoplita, único atisbo de humanidad tras la impenetrable coraza. Una visión aterradora para los persas.

El escudo, principal arma de los espartanos (‘Vuelve con él o sobre él’, les decían las madres a sus hijos antes de partir a la batalla) defiende el flanco derecho del compañero, del hermano de armas.

Finalmente, las sarisas (lanzas de largo alcance de más de cuatro metros de longitud) de los griegos resultan letales ante la fragilidad de las armaduras y defensas de los asiáticos. Pero los de Jerjes son decenas de millares. Demasiados hasta para los avezados hombres del ‘León de Esparta’.

Empieza el primer asalto. Los persas avanzan con decisión. De pronto, los griegos se marchan. En realidad simulan una retirada. De esta forma, los confiados persas se lanzarán en su persecución convencidos de una victoria fácil. Han mordido el anzuelo.  La maniobra, tan antigua como eficaz, ha dado sus frutos. Los griegos se dan la vuelta, contraatacan y cogen desprevenidos a las sorprendidas huestes de Jerjes, las cuales son diezmadas en el tramo central del paso tras la inesperada estratagema helena.

Los hoplitas griegos son una auténtica máquina de triturar y en unas horas miles de cuerpos enemigos aparecen masacrados en el campo de batalla. El telón del acto inicial cae con un halo de esperanza para los hombres comandados por Leónidas, que empiezan a creer que algo más que una muerte honorable es posible.

Furioso, en el segundo día, Jerjes manda a sus tropas de élite, los Diez Mil Inmortales, así conocidos porque cada efectivo caído era reemplazado de inmediato, de forma que el número siempre permanecía intacto.

Pero aquellos que luchan por su libertad no se arredran y allí esperan, firmes, a sus nuevos contendientes. Los Inmortales de Jerjes, los mejores de entre los mejores de su ejército, arremeten contra el muro heleno. Pero el paso es una ratonera. Los griegos los aplastan contra la montaña, los arrojan por el acantilado a un  mar que se une a los aliados engullendo en el abismo los cuerpos de los caídos. Los Inmortales se hacen más mortales que nunca ante las espadas y las lanzas de sus verdugos, las cuales traspasan la carne de sus enemigos como si se tratara de mantequilla. Son realmente los espartanos quienes se muestran invencibles. Aparentemente, las heridas sufridas no les causan daño alguno ya que la sangre se confunde con el color carmesí de sus capas.

Amanece un nuevo día y Jerjes está decidido a tomar el paso de una vez por todas. Se juega el todo por el todo, ya que una nueva derrota podría suponer un golpe demasiado duro para la moral de sus tropas. Pero la motivación no es la misma. Los persas combaten obligados por su rey en un país extraño. Los griegos, sin embargo, son hombres libres que luchan por su tierra. Combaten como máquinas, como demonios que no dan cuartel convirtiendo en una carnicería cada ataque persa.

Los ejércitos vuelven a chocar y la historia se repite. Los griegos apenas sufren bajas gracias a su férrea disciplina táctica y su coraje. Enfrente de ellos, miles de cadáveres persas son devorados por los buitres. El aire, cada vez más viciado, se hace irrespirable. Todo el paso transpira un hedor a muerte.

Derrotado, Jerjes empieza a sopesar la idea de volver a casa. Él, monarca de medio mundo, humillado por un puñado de locos fanáticos de su patria, tendría que volver con las manos vacías y el anhelo insatisfecho de hacerse con el poder de toda la Hélade.

Pero entonces, en aquel momento crucial, sucedió algo que supuso un giro inesperado de los acontecimientos. De hecho, y según relata la historia, marcó el devenir de la batalla. Un lugareño llamado Efialtes (en griego, efialtis significa pesadilla) le mostró al rey de Asia un paso secreto a través del monte Calidromo, bajo cuya sombra se parapetaban Leónidas y los suyos. De esa forma, podrían coger a los griegos por sorpresa. Advertido de la situación, el rey de Esparta licenció a todos los hombres a excepción de su guardia personal, los 300 espartanos y de los tebanos, de cuya lealtad dudaba. Efectivamente, aquellos temores no eran infundados. Cuando fueron emboscados y el cerco comenzó a estrecharse en torno a los griegos, los tebanos no dudaron en decantarse del lado persa rindiéndose a los invasores.

Sin embargo, Leónidas y sus 300 espartanos resistieron hasta el final. Junto a ellos se quedaron Demófilo y sus 700 tespios, quienes decidieron luchar hombro con hombro junto a los espartanos hasta que pereciera el último hombre, pues tal era su valor y fidelidad a la causa. Así, Tespia y Esparta quedarían inmortalizadas, unidas, para la eternidad.

Se acerca el final de la batalla. Los persas descienden por la senda indicada por el traidor. Las tropas de Jerjes consiguen sitiar a los pocos hombres que aún defienden el paso y se cierran sobre ellos como una pinza. Los griegos ya no pueden defender las Termópilas y se lanzan al ataque con un objetivo; Morir matando.

La lucha es encarnizada, Leónidas y los suyos se mueven como un solo hombre y cada estocada acaba con un enemigo mordiendo el polvo. Luchan con valentía, pero detrás de cada persa viene otro. Y otro. Y otro.

Las fuerzas comienzan a mermar después de cuatro días de intensas luchas. Una flecha alcanza a Leónidas. El rey se desploma entre el tumulto. Sus hombres le protegen. Recogen su cuerpo y se retiran a una pequeña elevación del terreno. Se encuentran rodeados pero no están dispuestos a entregar el cuerpo de su rey.

Por fin, Jerjes, hijo de Darío, empieza a saborear la tan ansiada victoria, la culminación del sueño de su padre. No quiere perder más hombres y manda a llamar a los arqueros. Los escasos supervivientes del contingente aliado, diezmado por las bajas, no se rinden. Una lluvia de proyectiles cae como fuego lacerante sobre los últimos, valerosos, tenaces, defensores de las Termópilas. Poco a poco, los cuerpos de los griegos se van desplomando sobre un suelo que ya no puede filtrar más sangre. Por fin, caen las Termópilas.

Aquellos hombres murieron en defensa de su independencia y en contra de la opresión y de la tiranía. Pero la Hélade viviría. Ganaron un tiempo precioso que resultaría fatal para los intereses del rey Jerjes. Los griegos se reagruparon y derrotaron a los persas.

Primero, en la batalla naval de Salamina, en la que la flota helena venció a las naves del rey de Asia. Posteriormente, en los campos de Platea, donde los espartanos comandaron el ejército de la Liga Panhelénica, dando el golpe definitivo a los persas, quienes definitivamente abandonaron la idea de conquistar aquella tierra de griegos.

 

Hoy día, en la carretera secundaria que une Lamía con Atenas bordeando el Calidromo, casi obsoleta tras la construcción de la nueva autopista, hay un monumento que recuerda el valor y la entrega de aquellos hombres que dieron la vida por la libertad de su patria. A escasos metros, en la cima en la que cayeron los últimos héroes de Termópilas, pervive una placa conmemorativa con un epígrafe que, tal y como escribió el poeta Simónides, reza así: ‘Caminante, ve y dile a Esparta que sus Hijos cayeron en cumplimiento de sus Leyes’. La parada, si no obligada, merece la pena.

Las Termópilas

IR A LA PRIMERA PARTE DE LEONIDAS SUS 300 EN LAS TERMÓPILAS

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

josemaria guión bajo hernandez arroba hotmail punto com

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Leonidas y sus 300 en las Termópilas

Agosto del año 480 a.C. Los persas han llegado al desfiladero  de las Termópilas, el angosto brazo de tierra que separa la libertad de los griegos que aún resisten al invasor de la tiranía a la que ya han sido sometidos los pueblos al norte del desfiladero.

Frente al enemigo se apostan los aliados comandados por el rey espartano Leónidas. Es la segunda gran batalla de las Guerras Médicas que durante medio siglo enfrentaron a griegos y persas.

Diez años antes, los griegos habían derrotado a las huestes del rey Darío en Maratón.

Ahora, Jerjes, el nuevo monarca del Imperio Persa, se dispone a retomar el plan de su padre. El contingente asiático, un formidable ejército formado por tropas de cincuenta nacionalidades, cruza el Helesponto y llega a Europa. Jerjes comienza su incursión en tierras helenas desde el norte y los griegos se ven obligados a reunirse, soliviantar sus interminables disputas internas y hacer frente común ante la amenaza externa.

El rey persa, junto con la caballería y la infantería, avanzan por tierra hacia Tesalia mientras su flota le acompaña rumbo sur por las aguas del Egeo. Dado que sus fuerzas eran muy inferiores en número, los griegos debían perpetrar un plan para aumentar sus ya de por sí escasas posibilidades de victoria ante tan poderoso contrincante.

De este modo, se reunieron en el istmo de Corinto y decidieron buscar un lugar en el que la situación geográfica supusiera una desventaja para los persas y de esta forma tratar de equilibrar la balanza. Así, una vez detenido el avance del ejército persa, la impaciencia de Jerjes le llevaría a atacar por mar donde los griegos podrían aprovechar su conocimiento de las aguas y su destreza en el manejo de las naves para infligir una derrota a los persas que a la postre resultaría definitiva.

Así pues, la flota helena esperaría cerca del cabo Artemisio, al norte de la isla de Eubea, mientras que un contingente de infantería defendería el paso de las Termópilas (Puertas Calientes), así llamado por la existencia de fuentes termales sulfurosas en la zona.

En la actualidad, el lugar dista mucho de ser lo que era entonces, ya que los aluviones depositados por el río Esperquio han desplazado la línea de costa varios kilómetros hacia el este. Pero por aquel entonces, el paso tenía una longitud de unos 6 kilómetros de largo y en determinados tramos presentaba unos estrechamientos que solo permitían el paso de un carro. Los aliados se apostaron en el tramo central, parapetados junto al antiguo muro focense.

Por su parte, los espartanos se encontraron ante la difícil tesitura de elegir entre acudir a la contienda o respetar el carácter sagrado de su festival religioso que coincidiría en aquellas fechas. Finalmente determinaron no enviar al ejército hasta que finalizara dicho periodo.

Pero en Esparta el rey Leónidas, quien había dado su palabra al consejo aliado de que su pueblo respondería a la llamada de Grecia, decidió marchar junto con su guardia personal encabezando el contingente aliado, al que se unirían guerreros peloponesios, tespios, focenses, locrios, y tebanos, estos últimos a la fuerza, pues los aliados desconfiaban de sus continuos flirteos con el persa.

En total, unos 6000 hombres frente al inconmensurable ejército asiático. Si bien las cifras del historiador clásico Heródoto nos hablan de un número exagerado de la armada invasora, estudios más cercanos a la realidad calculan que las tropas de Jerjes podrían oscilar de los 200.000 a los 400.000 hombres. Toda Asia frente a un puñado de griegos.

Probablemente, Jerjes pensó que ante la imponente visión de su ejército, los aliados titubearían y acabarían por retirarse del paso. Así, subestimando su coraje, envió un mensajero que invitaba a Leónidas y sus hombres a rendirse y deponer las armas. ‘Moloon labé’ (venid a buscarlas) fue la respuesta del rey de los lacedemonios. El reto está servido y la batalla era inminente.

Los espartanos aprovechan las horas previas a la lucha para peinarse y ejercitarse ante los atónitos ojos de los persas, quienes no comprendía la aparente calma de sus adversarios.

Pero los hijos de Esparta llevaban tiempo preparándose para esto. Toda la vida, desde la agogé, esto es, la escuela en la que se educaban los niños espartanos. Desde los tres años, entrenándose por y para la guerra, parte intrínseca de a vida del orgulloso espartíata. En la mente no hay sitio para el miedo, solo una disciplinada preparación para el ataque.

Un ataque metódico, constante, implacable. Y los persas lo iban  a sufrir en sus propias carnes. Es tal el compromiso del espartano con el grupo, con su país, que llega casi al desprecio de la propia vida.

Se cuenta que, cuando un emisario persa fue enviado a los defensores de las Termópilas para amedrentarle con el poderío de sus arqueros, ‘hoy nuestras flechas oscurecerán el Sol’, un soldado espartano replicó, ‘tanto mejor, entonces pelearemos a la sombra’.
La batalla va a comenzar.

Las Termópilas

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José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

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¿Dónde filmaron Mamma Mia?

Son muchísimas las veces que se nos pregunta:

¿Dónde rodaron Mamma Mia? ¿Dónde fue grabada Mamma Mia? ¿Dónde fue rodada Mamma Mia? ¿Dónde grabaron Mamma Mia?

Son muchas también las que se nos pregunta donde se encuentra la isla de Kalokeri en el destino Grecia. Y nos quedamos en blanco porque no nos suena, pero sabemos que significa verano en griego. Y es que no existe, es una isla ficticia e imaginaria en la cual transcurre la película Mamma Mia.

Mamma Mia es una película del 2008 de Universal Studios Entertainment y un musical de los mejores temas del gran grupo ABBA, que jamás ha pasado de moda y sus canciones siguen siendo igual de actuales a fecha de hoy. Su director es Phyllida Lloyd. Sus principales actrices Meryl Streep y Amanda Seyfried y sus principales actores Stellan Skarsgård, Colin Firth y por último Pierce Brosnan.

Decir también que el hotel Villa Donna de Meryl Streep en Kalokeri no existe y que todo el entramado es meramente un escenario cinematográfico. Pero eso no quita que estas regiones tengan maravillosos hoteles. Sea como sea, se situó en un acantilado sobre la playa de Glysteri en Skopelos.

La película se rueda en distintos escenarios de Grecia. Principalmente en las islas Espóradas (Skiathos y Skopelos principalmente) y la región del Monte Pelion (especialmente en el pequeño pueblo de Damouchari), en la Grecia continental.

Escenas en la Isla de Skopelos

Quizás una de las escenas más bellas es en la pequeña ermita de Agios Ioannis Prodromos, la escena de la boda. Sus escaleras y la ubicación son fantásticas y únicas. Las escenas interiores son ficción de estudio. Se encuentra el noreste de la isla de Skopelos camino del puerto norte de Glossa.

Agios Ioannis Prodromos, en la isla de Skopelos. Mamma Mia.

Agios Ioannis Prodromos, Skopelos. Mamma Mia.

Capilla de Agios Nikolaos, en Skopelos. Mamma Mia.

Capilla Agios Nikolaos, en Skopelos. Mamma Mia.

Al oeste de la isla de Skopelos toda la isla esta densamente cubierta de bellos pinos mediterráneos. Aquí disfrutaremos de imágenes de dos impresionantes playas. La primera la Playa de Milia, donde todos bailan junto a un chiringuito en la playa y se produce la escena del pañal con la toalla. Y en segundo lugar, la Playa de Glisteri donde disfrutamos de la escena en la que la protagonista, Sophie, lee las cartas a sus amigas y donde escucharemos el tema de Honey Honey de Abba.

Otra de las increibles playas que la película Mamma Mia nos es la playa de Kastani, donde Sophie se lanza del barco y nada hasta encontrarse con Sky (su futuro marido) y allí sus amigos se lo llevan de despedida de soltero.

La película comienza en un pueblo, amaneciendo y una terraza sobre el mar y un buzón. Pues bien, esto es el pueblo de Skopelos. Allí encontraremos la capilla de Agios Nikolaos, uno de los lugares más emblemáticos de la isla de Skopelos. Esta escena mezcla el puerto viejo de Skiathos con el pueblo de Skopelos.

Otros lugares utilizados en la película en Skopelos también son Amarantos y Nisi.

El salto desde lo alto de la roca de Sophie con sus 3 padres se encuentra entre la Playa de Agnontas y la carretera de nos lleva a la población de Stafilos.

Escenas en la Isla de Skiathos

Aquí básicamente se utilizó el puerto de Skiathos, la zona donde se encuentran las tabernas y los barcos de pescadores son amarrados. Otro bello rincón de las islas Espóradas que han sabido explotar cinematográficamente en esta película.

Skiathos, Espóradas Grecia. Mamma Mia.

Skiathos, Espóradas Grecia. Mamma Mia.

Puerto de Skiathos, Grecia. Mamma Mia.

Puerto de Skiathos, Grecia. Mamma Mia.

Por cierto, en la escena del buzón inicial al fondo aparece una isla. La pequeña isla de Tsougrias que los Beatles quisieron e insistieron en comprar sin éxito en los años setenta.

Escenas en Damouchari, Pelion (Región de Muresi)

Una de las mejores escenas, donde baila todo el pueblo y bajan la ladera hasta el mar. Recorren una pasarela de madera y se tiran al agua. Es un pequeño pueblo de Damouchari que solo tiene dos hoteles rurales y unas tabernas que son una maravilla. Un lugar fantástico y realmente escondido. Como localizaron este lugar para mi sigue siendo un misterio.

El pueblo de Damouchari,en Pelion Grecia.

Pueblo de Damouchari,en Pelion. Mamma Mia

La playa de Damouchari, en Pelion. Mamma Mia.

Playa de Damouchari, en Pelion. Mamma Mia.

Mi amigo Dimitris es el propietario de la taberna y solo abre en temporada alta, el resto del año descansa con sus muchísimos hijos en la ciudad de Volos.

Si deseas viajar a estos lugares no te arrepentirás. Son y siguen siendo lugares de enorme encanto y belleza. Sin duda disfrutareis en grande de estos paisajes, colores, luz y gentes.

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Sobre Monemvasia

Monemvasia, en el Peloponeso de Grecia

Sobre un peñón de trescientos metros de altura, que se desgajó del Pelopo­neso en el siglo IV de nuestra era a causa de un terremoto, y que desde el siglo VI está de nuevo unido al conti­nente por un arrecife, se asienta la población de Monemvasia. Uno de los lugares más bellos del Destino Grecia.

Aunque al principio resulte desalentador, el viajero debe alcanzar la cima de la acrópolis, donde divisará, a vista de pájaro, la ciudad baja. Desde este punto, el aura de misterio con el que Monemvasia envuelve al viajero en la ciudad baja, se hace diáfano. Desde lo alto, la ciudad aparece como un rompecabezas vivo. La vegetación permite reseguir con claridad el perímetro de los patios que a pie de calle parecen trazados en una geometría imposible.

Las cú­pulas semiesféricas de las iglesias contrastan con la rec­titud impasible del horizonte. La plaza Dzamíon, limi­tada a sus espaldas por la catedral y la antigua mezquita otomana, tiene otro flanco que se lanza al infinito: el mar, inmenso, teñido de azul cobalto en los días más luminosos.

En la Odisea, Homero narra que la flota de Ulises, procedente de Troya, surcó estas diáfanas aguas en dirección a Ítaca. La suerte de Ulises cambió repenti­namente cuando a unas decenas de millas al sur de Mo­nemvasia, a la altura del estrecho de Citera, una verti­ginosa tormenta extravió las naves del héroe homérico, dando así comienzo la larga serie de aventuras y des­venturas que padecería Ulises, en tierra desconocidas, antes de llegar a su patria, diez años después.

El Kastro de Monemvasia (ciudad baja) se conserva intacto desde la edad media; es ésta una ciudad llena de rincones sugerentes y misteriosos, con muros que en­cierran patios desde donde surgen perfumes vegetales capaces de despertar sensaciones casi olvidadas en el alma del viajero. A través de escalinatas de trazado invero­símil, se puede recorrer prácticamente todo el perímetro de esta ciudad, donde hace diez siglos se amontonaban hasta cincuenta mil habitantes, atraídos hacia ella por el gran volumen de negocio que generaba su puerto, y que hoy sólo cuenta con cincuenta vecinos estables.

Los reveses de la historia

La encantadora fosilización de Monemvasia actual se debe a que la que fuera una esplendorosa ciudad medieval no pudo sobreponerse a dos hechos que supusieron para ella sendos cataclismos económicos.

El más reciente fue la construcción del canal de Corinto. El tajo a lo vivo del istmo de Corinto evitó que los barcos que navegaban en­tre el mar Negro y el Mediterráneo occidental tuvieran que rodear el Peloponeso. Monemvasia, en el extremo sur del Peloponeso, dejó de contar para las comunicacio­nes marítimas de largo alcance, dejando así atrás un mile­nio durante el cual la ciudad fue referencia ineludible para todos los navegantes que seguían este derrotero.

Si la entrada en funcionamiento del canal de Corinto casi borra Monemvasia de los mapas náuticos, un cam­bio de tendencia en los hábitos del consumidor (como dirían los analistas económicos actuales) sumió a la ciu­dad en una lenta pero progresiva depresión económica a lo largo del siglo XIX. La causa fue la irrupción fulgurante del champagne en las más distinguidas mesas europeas.


Las vicisitudes de la historia han marcado la fisono­mía de Monemvasia. La ciudad no conserva apenas vestigios arqueológicos de la época clásica, aunque se sabe que ya existía durante la dominación minoica, cuando la civilización cretense fue hegemónica en el Mediterráneo oriental. En la edad media estuvo conti­nuamente sometida a influencias extranjeras, pero hay un detalle que vincula con fuerza Monemvasia con el espíritu de la Grecia clásica. En lo alto de la acrópolis de la ciudad, la iglesia de Agia (Santa) Sofía, levan­tada encima de un precipicio vertical de 300 metros so­bre el mar, sigue siendo faro y testimonio de la civiliza­ción que más hizo avanzar a la humanidad por los caminos del racionalismo y la democracia. Agia So­fia se traduce como “santa sabiduría”. El cristianismo bizantino no pudo prescindir de un concepto tan arrai­gado en la religión pagana como el de la sabiduría, encarnado por la diosa Atenea, así que los primitivos sa­cerdotes tuvieron que encajar Atenea en el santoral cristiano y la denominaron por su función: Sofía. De la misma forma que los cristianos de Constantinopla de­dicaron el principal templo de la ciudad a la reencarna­ción cristiana de Atenea (Santa Sofía), el espíritu de la Grecia clásica sigue perviviendo en Monemvasia otra­ vez del nombre de su iglesia más importante, levanta­da sobre un risco de 300 metros de altura sobre un mar infinito, azul y saturado de historia y de literatura.

El Vino de Monemvasia o Malvasía

Por sorprendente que parezca, fue así. La alegría burbujeante de los vinos originarios de Francia arrinconó al fondo de los aparadores de los más selec­tos comedores europeos los caldos que, desde la edad media, venían gozando del máximo prestigio en estos mismos salones: los vinos de malvasía blancos, dulces y fuertemente alcoholizados, de los cuales Monemva­sia era el principal exportador. La relación de Monemvasia con el vino malvasía exige un pequeño parénte­sis. Los siglos medievales fueron para la ciudad extremadamente turbulentos. Monemvasia pasó de manos bizantinas a normandas (procedentes de Sici­lia); posteriormente fue dominada por los cruzados francos; de nuevo bizantina y luego saqueada por los almogávares de la Corona de Aragón cayó luego bajo el dominio veneciano. En esta época, los invasores italia­nos rebautizaron la ciudad con el nombre de Napoli di Malvasía, de ahí la denominación del vino que hizo famoso el nombre italianizado de la ciudad.


Pasaron unos y llegaron otros, pero Monemvasia no dejó de exportar sus caldos a Europa. Los vinos de Monemvasia o Malvasía, elaborados a partir de una varie­dad de uva que metamorfosea casi milagrosamente el salitre marino en miel pura, triunfaron en todas las cortes continentales, hasta la derrota de Napoleón en Waterloo. Fue entonces, tras saquear la región de Champaña, cuando los soldados de las potencias euro­peas emergentes pudieron conocer un vino burbujean­te que destilaba alegría con sólo abrirlo, y cuyo consu­mo, hasta entonces, apenas había traspasado las fronteras de Francia. El cambio en la moda supuso un duro golpe a Monemvasia, pero la ciudad aún hoy pue­de alardear de haber expandido sus cepas más allá del Mediterráneo, llegando hasta las Islas Canarias, donde actualmente se sigue produciendo un vino elaborado con uvas de la variedad malvasía de altísima calidad.

Hoy la producción de vino en Monemvasia es testi­monial; pero esta circunstancia no debe ser impedi­mento para el viajero que se acerque a esta ciudad­ isla para intentar degustar el que fuera el más afamado caldo en la época medieval.

 

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Ítaca, poema de Constantinos Cavafis

Cuando te encuentres de camino a Ítaca,
desea que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al enojado Poseidón no temas,
tales en tu camino nunca encontrarás,
si mantienes tu pensamiento elevado, y selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo tienta.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al fiero Poseidón no encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los coloca ante ti.

Desea que sea largo el camino.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con qué alegría, con qué gozo
arribes a puertos nunca antes vistos,
deténte en los emporios fenicios,
y adquiere mercancías preciosas,
nácares y corales, ámbar y ébano,
y perfumes sensuales de todo tipo,
cuántos más perfumes sensuales puedas,
ve a ciudades de Egipto, a muchas,
aprende y aprende de los instruidos.

Ten siempre en tu mente a Ítaca.
La llegada allí es tu destino.
Pero no apresures tu viaje en absoluto.
Mejor que dure muchos años,
y ya anciano recales en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.

Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene más que darte.

Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprenderás ya qué significan las Ítacas.

Konstantinos Kavafis

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Receta de Mayiritsa o Sopa de Pascua

¿Qué es la Mayiritsa o Sopa de Pascua griega?

La mayiritsa es el guiso por antonomasia de la Pascua griega, consistente principalmente en una sopa de asadura de cordero que se adereza con eneldo, pimienta y una solución de huevo y limón llamada avgolémono.

La tradición marca que el plato se ha de tomar justo tras la medianoche del sábado al domingo, cuando las familias regresan a casa con las velas prendidas con la Luz Sagrada.

Al tratarse de una vianda típicamente casera, existen numerosas variaciones dependiendo de cada zona y hogar. Sin embargo, siempre se mantiene una base muy identificable, lo que, unido a las connotaciones que rodean la preparación y toma del guiso, convierten a la mayiritsa en uno de los platos más singulares del recetario gastronómico heleno.

En esta ocasión la receta tradicional y las fotos que acopañan han sido cortesía de la madre de Afroditi, periodista griega, en esta Pascua ortodoxa y de primera mano para nuestro blog. Gracias, mama de Afroditi y gracias a tí Afroditi por regalarnos este momento tan especial y familiar.

Ingredientes

Asadura de cordero (hígados, riñones, pulmón,…)
200 gr. De intestinos de cordero
5 cebolletas
1 vaso de arroz
1 lechuga picada
3-4 huevos
Abundante eneldo fresco picado
4 limones
Aceite de oliva, sal y pimienta

Receta de la Mayiritsa

Se lavan bien la asadura y los intestinos. Se hierven en agua abundante quitando la espuma durante media hora. Se lavan de nuevo y se cortan en trocitos pequeños. Se pica la cebolleta y se fríe en una cacerola junto con las vísceras y la lechuga, tras haber sido escaldada previamente. Se hierve todo durante media hora a fuego lento y se añade el arroz. Salpimentamos y dejamos cocer otros quince minutos. Se baten las yemas de huevo con el zumo de tres de los limones y se va añadiendo poco a poco a la cocción, que no dejaremos de remover. Seguimos removiendo durante varios minutos. Añadimos el eneldo y exprimimos el jugo de los dos limones sobrantes.

Servir de inmediato.

Reportaje fotográfico de la elaboración

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

josemaria guión bajo hernandez arroba hotmail punto com

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Sobre la religión micénica

La llamada civilización micénica abarca un corto periodo de tiempo de finales del Bronce Medio (1700 – 1600 a.C. aprox.) y, prácticamente, todo el Bronce Reciente (1600 – 1100 a.C. aprox.), en Grecia.

En el Bronce Medio nuestra ignorancia en el terreno de la religión es total, pues hasta hoy no se ha identificado en la Grecia continental ningún santuario de este periodo.

Todo lo que en el Bronce Reciente puede tener un significado religioso (frescos, fragmentos de vasos para el culto, etc.) es de carácter cretense.

La documentación que poseemos se reduce, esencialmente, a los pequeños objetos de oro y de cerámica vidriada de las tumbas de fosa de Micenas (diosa de las palomas, santuario tripartito, altar, “lazo sagrado”, doble hacha, rytón) y a los sellos de piedra de tema religioso encontrados en las tumbas de tholos (“señor de las fieras”, sacerdote, orante y diosa, genios animales, etc.). Ahora bien, la interpretación de estos objetos es dudosa porque, aunque todos sean de carácter minoico, no demuestran necesariamente la penetración en Grecia de las creencias minoicas. Depositados en las tumbas, y no como en Creta en los lugares de culto, hay una gran probabilidad de que se trate de piezas desprovistas de significado religioso y que reflejen sobre todo, como tantas otras piezas del mobiliario funerario, la fascinación que ejercía el arte cretense sobre las élites continentales.

Esto no quiere decir que no existiera una vida de culto en el continente, pero sus mitos y ritos propios se nos escapan casi en su totalidad.

Cuando acudimos a los textos de Lineal B (escritura silábica micénica a la que dedicaremos un próximo artículo) para ilustrarnos sobre los dioses, nos enfrentamos con un contratiempo importante: No existen textos teológicos ni tampoco himnos, ni dedicaciones de templos.

Una tablilla de Knosós nos proporciona un texto que hace referencia a Athana Potnía, “Señora Atenea”.

Otro documento que era claramente de carácter religioso apareció pronto entre los textos de Pylos. Contenía los nombres de Zeus, Hera y lo que puede ser la forma micénica de Hermes.

En los archivos encontrados en los palacios micénicos, el nombre que aparece como el de la divinidad más importante es el de “Potnía”. El nombre puede aparecer solo (“la Señora”, “la Soberana”) o calificado por una palabra que la precede o la sigue. Con frecuencia se trata de un genitivo (Señora de los Marjales, de los Caballos) lo que da lugar a diferentes tipos de “Potniai”. Del examen minucioso de los textos se deduce que estas “Potniai” eran divinidades diferentes entre sí.

En cuanto a los rituales mencionados en las tablillas podemos decir que hasta el momento se ha supuesto la existencia de cinco:

  • El primero era un ceremonial de instalación del trono real.
  • El segundo una fiesta dedicada a Poseidón.
  • El tercero una theophoría o procesión en la que se trasladase procesionalmente la imagen del dios.
  • El cuarto una panegiria.
  • Y el quinto un ritual en el que las mujeres prepararían el vestido de la diosa Potnía y otras divinidades, junto con diversas ofrendas.

De acuerdo con los documentos, la situación base del culto micénico parece ser la siguiente: en cada mes se ofrecen los productos de la estación a las divinidades, en sus santuarios, y a sus sacerdotes. Las esculturas de piedra como figuras de culto son desconocidas, pero hay varios casos de figuras de terracota de tamaño mediano.

La religión micénica era una religión politeísta y muchos de sus dioses tenían el mismo nombre que los dioses del posterior panteón de la época clásica, lo que no quiere decir que puedan identificarse unos y otros.

 

César Fernández

Cesar Fernandez

César Fernández

Especialista en arqueología griega y experto en viajes arqueológicos. Organiza para grecotour.com viajes altamente especializados en la historia y la arqueología de Grecia. Gran conocedor de la mitología griega. Habla griego moderno a la perfección y viaja frecuentemente con grupos culturales a distintos lugares de la Grecia antigua y Sicilia.
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Viaje a la Sicilia griega con César

La pasada Semana Santa recorrí Sicilia acompañando como guía a un grupo con la agencia grecotour.com.

Hemos visitado, además de yacimientos, palacios e iglesias normandas, iglesias barrocas, etc., pues “no sólo de arqueología vive el hombre”.

Pero como en esta sección sólo hablamos de temas mitológicos, arqueológicos o relacionados con la historia de la Grecia antigua, me referiré a continuación solamente a los principales museos y yacimientos que hemos visitado relacionados con el antiguo mundo helénico.

Hay quien dice que para ver templos griegos hay que visitar Sicilia, afirmación que no está exenta de verdad.

Empezamos el viaje con una decepción: El Museo Arqueológico de Palermo, uno de los dos más importantes en su género de la isla, estaba cerrado por obras. Así que pospongo su comentario hasta un próximo viaje.

El primer gran yacimiento que visitamos fue Segesta con su magnífico templo inacabado y su precioso teatro que goza de una vista extraordinaria sobre la planicie del contorno. El recorrido se hace de forma agradable, pues el lugar dispone de un autobús interior que nos lleva desde la zona situada al pie del templo hasta la colina en donde se encuentra instalado el teatro, ahorrándonos una importante subida a pie.

Le siguió uno de los grandes lugares arqueológicos de la isla: Selinunte, antigua ciudad griega que fue destruida por los cartagineses, primero en el 409 a.C. y definitivamente en el 250 a.C. Hay que contar con un mínimo de dos horas para recorrer las tres partes que la componen: Los templos de la colina Marinella, la acrópolis y el asentamiento de la colina de Manuzza, y los santuarios de la colina Gaggera. También dispone de “cochecitos” de alquiler para los más perezosos.

A Selinunte siguió Agrigento, “la joya de la corona”. Aquí no hay autobuses ni “cochecitos” que valgan y hay que recorrerse el yacimiento a golpe de calcetín. La verdad es que el recorrido se realiza por terreno llano y es muy agradable de pasear. La visita de su Museo Arqueológico, de los templos D, F, A y del de Zeus Olímpico merece el día completo que hay que dedicar al lugar.

Gela fue nuestra siguiente parada y allí visitamos las Fortificaciones del Cabo Soprano (excepcional ejemplo de muralla del siglo IV a.C.) y su Museo Arqueológico, pequeño pero con piezas interesantes.

Del teatro de Taormina casi prefiero no hablar: además de que en él se conservan poquísimos restos griegos (lo que puede verse hoy en día pertenece a la época romana) está “modernamente” acondicionado para que tengan lugar en él festivales de todo tipo. Si no fuera por las vistas (impresionantes) que tiene sobre la costa y lo bonita que es la ciudad que lo acoge, no recomendaría su visita.

Termino refiriéndome al último “recinto” arqueológico que visitamos. En realidad, deberíamos hablar de “ciudad – recinto” porque eso es precisamente Siracusa: Neápolis (con su teatro griego, el altar de Hierón y la “Oreja de Dioniso”), el impresionante Museo Arqueológico Paolo Orsi, el Templo de Apolo y el Athenaion “incrustado” en la catedral barroca de la ciudad convierten a Siracusa en un auténtico manjar para el paladar del buen aficionado a la arqueología griega y para el paladar, también, del que no lo es, pues …¡hay que ver lo bien que se come en los pequeños restaurantes de Ortigia!

César Fernández

Cesar Fernandez

César Fernández

Especialista en arqueología griega y experto en viajes arqueológicos. Organiza para grecotour.com viajes altamente especializados en la historia y la arqueología de Grecia. Gran conocedor de la mitología griega. Habla griego moderno a la perfección y viaja frecuentemente con grupos culturales a distintos lugares de la Grecia antigua y Sicilia.
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Evripidou, un pequeño Bazar de Atenas

Pasear por la calle Evripidou, en pleno corazón de Atenas, es como atravesar un túnel del tiempo mediante en el que nos sumergimos en la ciudad de marcado carácter oriental que fue la capital de los griegos.

Un mundo en el que cada rincón destila un fuerte sabor añejo, medio oculto entre las piedras, reminiscencia de la dominación otomana que tuvo una fuerte influencia sobre la vida cotidiana de los griegos de entonces y que, aún hoy, sigue teniendo sobre una parte importante de la cultura helena. Pararse ante las tiendas de esta calle y aspirar las fragancias que emanan de su interior es, de algún modo, revivir aquella antigua Atenas. Las pirámides de pimentón, cúrcuma, azafrán, comino y un sinfín de colores y olores evocan sensaciones propias de los bazares de Oriente… Incluso cuando los carteles de los productos en griego nos devuelven a la realidad de la ciudad ateniense, ya que lo heleno sigue teniendo una fuerte presencia en la mezcla intercultural que se da en gran parte del Próximo Oriente. De hecho, en la vecina Turquía, aún se puede encontrar algún que otro pequeño puesto en el que los griegos oriundos mantienen en su lengua materna las etiquetas del género, como en el Bazar Egipcio de Estambul.

Tras franquear el recodo que separa Evripídou de la calle Athinás, nos saludan los primeros comercios. Envueltos en los aromas de las hierbas y especias, las estanterías se llenan de otras mercaderías. Velas, carbón, tabaco para narguile, esponjas naturales, jabones especiales, té…. Especialmente coqueta resulta la tiendecita Elixir. Las paredes son armarios de madera cuyos cajones escalan, casi parece que reptan, uno sobre otro, hasta llegar al techo, colmado también de diversos productos que cuelgan como extrañas estalactitas. Y, tras cada uno de esos cajones, un tesoro en forma de hierbas medicinales, té con frutas liofilizadas, aderezos para carnes, remedios milagrosos para diversas afecciones del cuerpo,…. No hay un resquicio por ocupar en toda la estancia, como si todo estuviera perfectamente diseñado con orden milimétrico para estupor del visitante. Casi llega a resultar más sorprendente la capacidad de reacción del dueño, el señor Periklís, ante cualquier requerimiento… – ¿Para la piel?. Sí, creo que este jabón negro con sales del Mar Negro podría resultar un exfoliante natural idóneo.-

Más allá se encuentran las tiendas de los armenios. Básicamente, carnicerías especializadas en soudjouk y pastourmá, dos productos típicos del país caucásico y de gran aceptación al este del Mediterráneo. Originariamente, el pastourmá consiste en una cecina elaborada con carne de camello fuertemente especiada cuyo aderezo no escatima en absoluto la presencia del ajo, y de la sal. Normalmente es raro encontrar pastourmá de camello, siendo más frecuente la preparada a partir de carne de vacuno. Eso sí, existe una amplia gama de cortes y calidades que, evidentemente, repercuten en el precio de un producto que suele figurar entre los mezedes (aperitivos típicos, algo parecido a las tapas españolas) favoritos de muchos griegos. Por su parte, el soudjouk es una salchicha de ternera de color oscuro, casi negro, también de gusto muy fuerte, y que se suele tomar cortada a la plancha acompañada de pan y ensalada para contrarrestar el potente sabor de la carne. Las dos charcuterías armenias, Mirán y Arapián, ambas abiertas desde 1922, ofrecen además una amplia variedad de fiambres, quesos, embutidos y sacos con especias y colorante. Sendos comercios resultan especialmente pintorescos, con las ristras de ajos y guindillas secos colgando del techo y el peculiar aroma que se desprende de las chacinas invadiendo el lugar.

Tras recorrer Evripidou, es más que posible que las sensaciones vividas hayan despertado algo más que la capacidad evocadora de nuestra imaginación, y puede que el estómago también empiece a dejarse escuchar con notoria persistencia. Una buena idea es ir a puede reponer fuerzas a alguna de las numerosas tabernas de la zona…. Ideal para la ocasión Karamanlídika tou Fani, un bistró en el que se complementan la tienda, especializada en quesos y embutidos, con varias mesitas en las que se sirven diversas tapas acompañadas de una apañada lista de bebidas, donde el oúzo, típico aguardiente anisado, ocupa un lugar especial.



De entre las especialidades de la casa, podrá degustar varios tipos de pastourmá, soudjouki, además de ensaladas, platos calientes y una variedad de quesos poco corriente. Un  café griego (ellinikós kafés) supondrá el broche de oro a una completa jornada en la que por momentos habrá parecido que hayamos estado deambulando por una Atenas de otra época.

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

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Mi gran Pascua griega

He tenido el inmenso placer de poder disfrutar en varias ocasiones de la Semana Santa en Grecia. Una celebración que, por lo general, no suele coincidir con la católica, al regirse ésta por el calendario gregoriano y la ortodoxa por el juliano. Pero, sin duda alguna, recuerdo con especial cariño la que compartí con unos amigos del barrio de Jalandri cuando vivía en Atenas. Sin llegar a la sobriedad con la que se vive este periodo en las villas más tradicionales de la geografía helena, Atenas aún mantiene un marcado espíritu de respeto por esta fiesta religiosa que forma ya parte intrínseca de la cultura griega.

Una vez transcurrido el tiempo de Cuaresma, precedido por el Kazará Deftera (lunes de ceniza), los griegos se van preparando para celebrar la Pascua Ortodoxa. Poco a poco y según va avanzando la semana tras el Domingo de Ramos, el nivel de intensidad de la vida cotidiana va descendiendo en todas las localidades helenas. El tráfico se hace menos denso de lo habitual, los cafés se ven menos concurridos que de costumbre y las gentes que llenan las calles de ajetreo y algarabía se van recogiendo en sus casas o marchan a sus lugares de origen para celebrar la fiesta en familia.

La mayoría de las bulliciosas calles atenienses, a excepción de aquellas más concurridas del centro de la ciudad, permanecen ahora en una quietud inusitada, como alejadas del mundanal ruido que las domina durante casi todo el año. Como si se tratara de unos servicios mínimos preestablecidos, cada barrio reduce su actividad a la plaza central y algún comercio disperso. La mayoría de restaurantes y tabernas comienzan a cerrar el Jueves Santo, día en el que comienza la preparación de la Pascua. Es también el momento en el que se preparan los famosos huevos de pascua. Estos se cuecen y se pintan de rojo y se reservan para la cena del sábado noche. La costumbre dispone que cada uno ha de coger un huevo y tratar de romper el de los demás, mientras repite Jristós Anesti (Cristo ha resucitado), lo que simboliza la ruptura del sepulcro de Jesús. Quien rompe más huevos se asegura la buena dicha para el resto del año. Se suele aprovechar también esta fecha para elaborar el tradicional tsoureki, el esponjoso y dulce bollo de Pascua.

El Viernes Santo comienzan los oficios. Mujeres y hombres acuden a la iglesia con flores para adornar el féretro de Cristo. Durante la mañana tiene lugar el entierro de Jesús y por la tarde sale la procesión con el Epitafio (el féretro sagrado) recorriendo las calles. Es el día en el que la Semana Santa ortodoxa adquiere su dimensión más dramática, ya que simboliza el descendimiento de la Cruz y el entierro de Jesús. Por lo general dejan de realizarse las labores de la casa, e incluso se evita el tener que cocinar.

El sábado, antes de la media noche, los feligreses comienzan a congregarse alrededor de la iglesia. Recuerdo con especial emotividad aquellos momentos. Todos acudíamos con velas y en silenciosa procesión a las puertas del templo de Panayiás Marmariotissis, en Jalandri. Cada uno portaba una vela apagada que más tarde se encendería a partir de una única vela, la Luz Sagrada, portada por el sacerdote. Una sobrecogedora sensación embargaba la atmósfera reinante en la fresca madrugada primaveral. Mientras Vicky y María me explicaban en voz baja lo que iba aconteciendo.

De pronto, una poderosa voz resonó en la calle – ¡Jristós Anesti! (¡Cristo ha resucitado!) – Exclamó el pope que llevaba la voz cantante. – ¡Alizós Anesti! (¡En verdad ha resucitado!)- Respondió al unísono el gentío allí reunido, al tiempo que daban comienzo las primeras felicitaciones. ‘¡Jristós Anesti!‘.

No se me olvidará nunca aquel grito que quebró la tensión acumulada en las horas previas a la madrugada. Volvimos a casa con nuestras velas prendidas (Según reza la tradición, se realiza una cruz en el exterior del hogar como símbolo de bendición). De vuelta ya en casa nos esperaba la mayiritsa, el elaborado estofado de entresijos de cordero que habían estado preparando la Yiayiá (la abuela) junto con otras mujeres durante las horas previas. He de decir que con la gazuza que hacía a aquellas alturas de la jornada, lo sabroso y caliente del guiso formaron una perfecta simbiosis con mi agradecido estómago. Ahí comprendí mejor que nunca, y no sin cierta ironía, aquello de ‘estómago agradecido’, ya que es justo reconocer que yo también puse mi humilde granito de arena al colaborar activamente en la preparación de la tradicional vianda pascual.

La llegada del Domingo de Resurrección me sorprendió temprano por la mañana. En realidad, más pronto de que lo que hubiera esperado o deseado. Y es que había llegado el momento de preparar los típicos asados al espeto o, lo que es lo mismo, arní stin souvla (cordero al pincho) y kokoretsi (casquería, generalmente hígados de cordero, enrollados en intestinos, algo parecido a los zarajos manchegos).

Ya desde las primeras horas del día los jardines de las casas circundantes desprendían ese untuoso aroma que desprende la carne de cordero al asarse poco a poco, lo que animaba a ponerse manos a la obra. Despejado el terreno para la faena, el cabeza de familia, Nikos, dispuso todo lo necesario para que fuera asando el cordero, de una pieza, en el gallinero. Ahí se ubicaría mi lugar de trabajo. En el gallinero. Muy apropiado, dada la ocasión. Cuando ya habían pasado varias horas y apenas sentía mi brazo de tanto darle vueltas al asado, llegó Giorgos para relevarme, cosa que agradecí enormemente, pues me encontraba en una difícil situación empujando un brazo que se movía más por inercia que por otra cosa y con la responsabilidad de quien lleva el peso del plato principal que alimentará a todos los comensales. Y así, aquella perdida pero digna mirada que pedía auxilio oteando el horizonte, fue socorrida al fin, con gran alivio por mi parte. Me dirigí a preparar la sangría (algún toque español había que dar al banquete), lo que me sirvió de excusa para no volver a acercarme a tres metros del cordero. Mientras, en lontananza, vislumbraba a mi salvador, mi ‘Atlas’ particular, sosteniendo todo el peso del trabajo, con más tedio que vergüenza.

Al final, todo salió a pedir de boca, y nunca mejor dicho. Disfrutamos, comimos, bebimos y compartimos en lo que era la culminación de una de las celebraciones más importantes del calendario griego, la Pascua ortodoxa. Sin duda alguna, merece la pena vivir esta experiencia en la que se mezclan la festividad religiosa y el fervor espiritual con la tradición popular y si puede ser rodeado de familia y amigos, mejor.

¡Kaló Pasja!

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

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El Queso Feta

El queso por antonomasia de Grecia, el queso feta o la feta (loncha o tajada), es un producto presente en toda mesa griega que se precie y uno de los ingredientes principales de la ensalada joriátiki, además de ser afamado protagonista de varios platos típicos de la gastronomía helena, como el feta sjaras o la tyrópita, y un sinnúmero de tapas o mezedes. De hecho, no hay mejor acompañamiento para una jugosa y refrescante ensalada de tomate y aceitunas que la feta. Resulta también ineludible en el crujiente dakos, ese clásico de la cocina cretense y del Dodecaneso consistente en pan cretense (paximadi) con tomate, queso y aceite de oliva, y que sirve de almuerzo ideal acompañado de un buen vaso de vino blanco.

El queso feta es un lácteo blando, blanco y sin piel, que se sumerge fresco en una salmuera, lo que le da el típico gusto salado. Originalmente se elabora a partir de leche cruda de oveja o mezclada con leche de cabra (hasta un 30%), requisito sin el cual no puede acogerse a la protección de la D.O. que obtuvo Grecia en el año 2002. A pesar de ello, otros países continúan elaborando sucedáneos de queso feta empleando leche de vaca, si bien la denominación de ‘feta’ como tal se restringe exclusivamente a aquellos productos elaborados según la normativa europea vigente y dentro del territorio heleno. Así, los fabricantes que no se atienen a la norma pueden obtener productos de aceptación en el mercado global, pero que no cuentan con el reconocimiento del auténtico queso griego.

Éste ha de tener unas determinadas características, textura algo grasa, aroma ligeramente ácido, sabroso al paladar, que lo convierten en un producto único. Obviamente, existen matices, ya que puede haberlo con mayor sabor a leche de cabra, levemente picante, más o menos blando, etc., pero al introducirlo en la boca, el queso feta griego tiene un gusto definido, muy particular e inconfundible.

Tradicionalmente se vende en las tiendas al peso. Los maestros queseros extraen los cortes de los bloques que chorrean la salmuera en la que son conservados; los más ilustres, en la barriga de un barril de madera. Los más humildes, en recipientes de hojalata.

Con el paso de los años, la industria moderna ha conseguido comercializar el queso feta hasta llegar a supermercados y establecimientos convencionales, que expenden raciones empaquetadas en forma de tabletas, tarros de cristal con feta en cubos y una solución de hierbas aromáticas y aceite, e incluso porciones más grandes en envases de latón.

El queso feta se elabora en la casi totalidad de la geografía griega, destacando la producción de Tesalia, Épiro, Grecia Central, Macedonia, Tracia, Peloponeso y la isla de Lesbos. Regiones en las que las granjas productoras van recogiendo la leche de los ganaderos locales, como quien recoge una herencia del pasado y mantiene la tradición empleando unos métodos cuyos orígenes, al igual que el producto final, el queso, se remontan cientos de años en la historia perdiéndose en el tiempo.

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

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Cañones de Navarone en Grecia

Muchas son las personas y viajeros que nos preguntan con frecuencia dónde están situados los famosos cañones de Navarone en Grecia. Famosos por la película “The Guns of Navarone” (en español, los cañones de Navarone) de 1.961 y protagonizada entre otros por Gregory Peck, Anthony Queen y por supuesto por la increible Irene Pappas.

Hay varios lugares a destacar  en la pelicula especialmente y nada es lo que nombran o lo que parece en la película:

En primer lugar se supone que hay un batallón británico atrapado en la isla de “Keros“. Dicha isla con ese nombre no existe y es simplemente una mala traducción. En realidad se trata de la isla griega de Skyros, perteneciente al archipielado de las islas Espóradas. Un isla tranquila y apacible situada en un punto estratégico del mar Egeo.

En segundo lugar, Navarone. Es un nombre ficticio e inventado, no existe. Este lugar es dónde el comando aliado pretente destruir los famosos cañones que destruirían la flota británica en caso de intentar el rescate de sus hombres atrapados en “Keros” (isla de Skyros). Pues bien, en realidad se trata de la isla griega de Leros perteneciente al archipiélago del Dodecaneso. Esta isla poseé uno de los puertos naturales mejor protegidos del Egeo, el puerto de Lakki,  y aquí se establecieron los alemanes e italianos. En esta isla se produjo una importante batalla que duró cincuenta días en septiembre de 1.943. Posiblemente esta batalla inspiró al autor de la novela, Alistair MacLean.

Finalmente aclarar que la película no fue filmada ni en Skyros (Keros) ni en Leros. La pelicula principalmente fue filmada en Rodas y en las proximidades de Atenas, como el famoso Cabo Sunio (en la pelicula lo llamarán San Alexis). Hay algún fragmento también grabado en las fortalezas de Koroni y Methoni, al sur del Peloponeso.

Quizás uno de los momentos más bellos de está película y un auténtico homenaje a Grecia y a lo griego, sea el momento de la boda griega. Especialmente cuando Gregory Peck alza su copa de vino, posiblemente Retsina y dice “Son muy buena gente“. Os dejamos imágenes de ese momento, uno de nuestros favoritos y más queridos.

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Apuntes de Interpretación mitológica

La mitología griega es el producto de una fusión de elementos que provienen de la mitología indoeuropea con elementos del sustrato religioso mediterráneo, todo ello “trufado” con influencias asiáticas.

El mito en la vida de una sociedad primitiva explica el mundo, justifica los hábitos y los ritos, y relata por qué las cosas son de una determinada manera.

Al leer cualquier narración mitológica nos encontramos siempre con elementos que “chirrían”, que no encajan de forma natural dentro de ella, muchas veces por un grado de detalle no acorde con la descripción general de la situación, otras por elementos extrañamente desmesurados y absurdos.

A propósito de Tiestes, el hermano de Atreo, el mitógrafo nos dice que un oráculo le había señalado que sólo lograría su propósito de ser restituido en el trono de Micenas engendrando un hijo con su propia hija, algo que nos parece, a todas luces, extravagante y sobre todo arbitrario ante la posibilidad de infinitas alternativas más sensatas que hubieran podido ser a la vez, si ello es lo que se pretendía, mucho más complicadas.

Ello nos lleva a pensar que, quizás, detrás de todos estos asuntos turbios y, desde varios puntos de vista, absurdos, se encuentran un puñado de claves que nos permitan aclarar lo que de verdad está contando el mito, mito que, a lo mejor, puede estar enmascarado por ideas extrañas o acontecimientos descabellados.

Figuras de gran talla intelectual de todos los tiempos han dedicado sus esfuerzos a la vasta tarea de la interpretación mitológica con resultados dispares.

Según nuestro propio punto de vista, aquellas escuelas que han realizado una aproximación más coherente a la interpretación de la mitología griega han sido la historicista y la evolucionista.

J. Bachofen (1815 – 1887), figura señera del historicismo, ha pasado a la historia de la interpretación mitológica por su libro El Matriarcado (1861). Para él, el mito surge de la lucha entre esquemas de vida que se regían por el “derecho materno” (propio, según él, de todas las sociedades primitivas) y el posterior derecho paterno.

La estirpe matrilineal, en oposición al linaje patrilineal, exalta la superioridad de la noche sobre el día, de la luna sobre el sol, de los hijos más jóvenes sobre los primogénitos.

Para Bachofen, en el ámbito religioso mediterráneo hubo un matriarcado, con diosas madres como figuras dominantes, antes de que se impusiera el panteón indoeuropeo con su estructura de la familia patriarcal presidida por un dios padre Zeus.

La gran figura de la escuela evolucionista fue, sin duda, Sir James Frazer (1854-1941). Frazer creía en una cierta uniformidad de la mentalidad primitiva, productora de los mitos, mentalidad que era emotiva e infantil y dotada de una extraordinaria fantasía. La lectura de “La rama dorada” es una experiencia intelectual inolvidable.

Discípulo suyo fue el erudito Robert Graves que en su famosa obra Los mitos griegos hace una aproximación al tema desde una perspectiva mágica y antropológica en la línea iniciada por Frazer. Graves, a cuya obra nos remitiremos frecuentemente en estas páginas, bebe también de las teorías del matriarcado primigenio defendidas, como hemos visto, por Bachofen.

César Fernández

Cesar Fernandez

César Fernández

Especialista en arqueología griega y experto en viajes arqueológicos. Organiza para grecotour.com viajes altamente especializados en la historia y la arqueología de Grecia. Gran conocedor de la mitología griega. Habla griego moderno a la perfección y viaja frecuentemente con grupos culturales a distintos lugares de la Grecia antigua y Sicilia.
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Santuario de Pan en Atenas

Un curioso recinto arqueológico, no demasiado conocido por el turista que visita la ciudad de Atenas, es el Santuario de Pan que se encuentra en la esquina de la calle Απ. Παύλου (Apóstol San Pablo) con Δημ. Αιγινήτου, bajo el Pnix.

El culto a Pan era conocido en el Ática y Atenas desde el siglo V a.C. Este poderoso dios, que sin embargo nunca fue incluido en el Panteón Olímpico griego, vivía en la Arcadia, en el centro del Peloponeso, en donde se dedicaba a guardar rebaños y colmenas, a ayudar a los cazadores a encontrar su presa y a tomar parte en las orgías de las ninfas montañesas.

Parece ser que era hijo de Hermes y de Dríope, hija única del rey Dríopas. Su fisonomía era ligeramente repulsiva pues tenía cuernos, barba, cola y patas de cabra.

El Santuario de Pan fue descubierto en 2001 en las excavaciones de los arqueólogos griegos, bajo la dirección de Κ. Λαζαρίδη y Ο. Βογιατζόγλου, en los trabajos de materialización de la nueva entrada al Pnix, dentro del marco de las obras de Agrupación de los Yacimientos Arqueológicos. Fue entonces cuando encontraron una cámara tallada en la roca de dimensiones 4,30 x 2,45 m y 2,40 m de altura. La cámara era accesible a través de una puerta con dintel en forma de arco.

En la pared norte de la cámara había un relieve que representaba al dios Pan portando una vara o una vasija para cazar liebres, una Ninfa bailando y entre ambos un árbol y un perro que disfrutaba de la escena.

En la pared exterior, a la izquierda de la entrada, se conserva un fresco de grandes dimensiones con decoración de motivos vegetales y bajo él un suelo de mosaico. Esta decoración pertenece a la época imperial.

Este santuario data del siglo IV a.C. y no hay que confundirlo con el santuario de Pan y las Ninfas, situado al pie de la Acrópolis, y que, según nos cuenta Heródoto, fue levantado por los atenienses después de la batalla de Maratón.

Nos cuenta Graves en su conocida obra Los mitos griegos, que Pan es el único dios griego que ha muerto en nuestra era. El asunto lo recoge de Plutarco, por aquella época sacerdote de Delfos, quien cuenta que la noticia de la muerte de Pan la dio un tal Tamo, marinero egipcio de un barco que iba a Italia pasando por la pequeña isla de Paxi en el Heptaneso o islas Jónicas.

Una voz divina gritó a través del mar: ¿Estás ahí, Tamo? Cuando llegues a Palodes cuida de anunciar que el gran dios Pan a muerto, lo que hizo Tamo con la mayor diligencia.

Pero para Graves, el tal Tamo oyó mal el lamento ceremonial Thamus Pan – megas Technece (¡El todo grande Tammuz ha muerto!) y entendió: ¡Tamo, el Gran Pan ha muerto!. Hay que tener en cuenta que todo grande y Gran Pan suenan de manera idéntica en griego.

César Fernández

Cesar Fernandez

César Fernández

Especialista en arqueología griega y experto en viajes arqueológicos. Organiza para grecotour.com viajes altamente especializados en la historia y la arqueología de Grecia. Gran conocedor de la mitología griega. Habla griego moderno a la perfección y viaja frecuentemente con grupos culturales a distintos lugares de la Grecia antigua y de Sicilia.
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Platos típicos y tradicionales en Grecia

Una de las preguntas más habituales del viajero es que probar y que platos no perderse de la gastronomía griega. En este artículo trataremos de resumir los platos más conocidos que en Grecia podremos disfrutar en todas partes:

Mousakás

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Pastel tradicional elaborado al horno con capas de berenjenas, patatas, carne picada y bechamel.

Tzatziki

Tzanziki

Una de las salsas más habituales, confeccionada con yogur griego, pepino y ajo.

Tiropita

Tiropita

Empanada de queso feta y finísimo hojaldre, llamado filo.

Spanakopita

Spanakopita

Spanakopita. Empanada de espinacas y queso feta.

Dolmadakia

Dolmadakia

Dolmadakia. Hojas de parra rellenas de arroz – o de arroz y carne- y sevidas con salsa de huevo y limon (avgolémono).

Yemistá

Yemista.

Tomates y pimientos asados rellenos de arroz y carne picada. A veces se utilizan tambien calabacines.

Taramosalata

Taramosalata

Taramosalata. Ensalada preparada con huevas de pescado.

Salata Joriátiki (ensalada griega)

Xoriatiki Salata

Hecha de tomate, pepino, pimiento verde, cebolla, aceitunas y queso feta, aliñada con aceite de oliva, sal y orégano.

Pastitsio

Pastitso

Pastitso. Plato de horno clásico con macarrones gruesos, carne picada y bechamel.

Souvlaki

Souvlaki.

Souvlaki. Brochetas de carne de cerdo o de ternera.

Brochetas de carne de cerdo o de ternera. En los restaurantes se sirve con trozos de cebolla, tomate y pimiento verde ensartados entre los bocados de carne. En los sitios donde sólo se sirve souvlaki, los pinchos son más pequeños y pueden tomarse envueltos en una torta (pita) rellena de cebolla, tzatziki, tomate fresco y pimentón.

Los Pescados

Pescados.

Pescados.

Son habituales los salmonetes (barbounia), el pargo (fagrí), la lubina (lithrini), los calamares fritos (kalamarakia tiganitá), el pulpo a la brasa (jtapodi sta kárvouna) y la langosta (astakós), servida sobre todo con pasta, plato riquísimo llamado astako makaronáda.

Postres Griegos

En otro apartado trataremos de la multitud de postres que la gastronomía griega ofrece.

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Rituales Secretos de la adivinación

Si en Delfos las grandes verdades eran reve­ladas a través de una intermediaria, la pitia, en los Misterios de Eleusis era el mismo cre­yente el que accedía a las grandes respues­tas mediante una serie de ceremonias de purificación orgánica y espiritual. Se sabe poco sobre los ritos de Eleusis, a causa de su carácter secreto, que impedía la difusión entre los no iniciados. Al pare­cer, tenían un origen agrario, basado en el culto a las diosas Deméter y Perséfone. A través de los ciclos de las estaciones y las cosechas, simbolizaban la evolución espi­ritual del ser humano desde su nacimien­to hasta la muerte. Pero los Misterios alu­dían sobre todo a una muerte espiritual, vinculada a la iniciación y que antecede a la resu­rrección, ya como individuo que ha accedido a los secretos de la existencia.

Diversos estudios han especulado sobre el papel de las sustancias psicotrópicas en ambos ritos, tanto en Delfos como en Eleusis. En el segundo, se sabe que los participan­tes ingerían un alimento llamado Kykeon, y que éste pudo contener cornezuelo del cen­teno, un hongo que multiplica la capacidad sensorial y potencia la introversión.

Oráculo y Misterios sobrevivieron a la decadencia helénica, perdurando incluso duran­te los primeros siglos de ocupación romana. Pero no resistieron la expansión del cristia­nismo. que persiguió con saña cualquier forma de desviación religiosa de su dogma. Del­fos, Eleusis y el mundo que ambos representaban, fueron barridos para siempre.

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