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Es la Argólida un tesoro
arqueológico en sí, una tierra de la que resurgió el mítico mundo de
homérico, en parte gracias a las excavaciones realizadas por el
legendario arqueólogo alemán Schliemann. en la que el legendario
arqueólogo alemán. |
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En una pequeña elevación
sobre la llanura de la Argólida se encuentra Micenas, la “rica en
oro”, según el epíteto de Homero. Hacen honor a tal título los
suntuosos hallazgos funerarios descubiertos por Schliemann, entre
1874 y 1876. Actualmente están expuestos en el Museo Nacional de
Atenas, destacando la magnífica máscara mortuoria de oro conocida
como la “Máscara de Agamenón”, si bien estudios minuciosos concluyen
que la pieza pertenece a una época anterior a la que se cree que
vivió el fabuloso rey que dirigió la expedición contra Troya. Al
margen de las tumbas reales en las que el erudito alemán encontró
los comentados hallazgos, caben destacar otras dos cámaras
mortuorias, el Tesoro de Atreo y la tumba de Clitemnestra. Ambas se
encuentran situadas fuera del recinto amurallado, al igual que las
tumbas reales, ya que de esta manera alejaban a los espíritus de los
muertos. |
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Con anterioridad a las
prospecciones de Schliemann, los investigadores griegos ya habían
sacado a la luz la Puerta de los Leones, emblema de Micenas.
Flanquear esa puerta supone entrar en una ciudad cuya importancia ha
derivado en conocer aquélla época histórica como “micénica”. Caminar
por entre los restos de la que fue la ciudad del rey Agamenón,
“pastor de hombres” como lo llamaba Homero, es caminar sobre los
cimientos de una ciudad que se encuentra a caballo entre el mito y
la realidad. Una oportunidad única para trasladarse al épico mundo
descrito por genial literato. |
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