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La “bien murada Tirinto”,
que diría precisamente Homero, es otra de las fabulosas ciudades que
podemos encontrar en la Argólida. |
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Y no es para menos. El
buen estado de conservación de sus murallas, pertenecientes al siglo
XIII a.C. según los arqueólogos, nos permite observar la
grandiosidad de la construcción. Cuenta con escaleras, grandes
torres y bastiones de hasta 15 metros de altura. Para erigir las
murallas se emplearon unos sillares de piedra de que alcanzaban los
3 metros cúbicos cada uno, colocadas sin utilizar mortero. Estas
piedras fueron calificadas de “ciclópeas” por Pausanias; “Sus
murallas están compuestas de piedras sin labrar, tan grandes que dos
mulas no pueden siquiera mover la más pequeña de ellas”. La
justificación de levantar unas murallas de tales magnitudes la
encontramos en el emplazamiento en el que se halla Tirinto, ya que
la mítica ciudad había sido construida en un cerro de escasa altura
elevado sobre un pantano, por lo que no gozaba de una defensa
natural equiparable a la de otras poblaciones del momento, como es
el caso de su vecina Micenas. |
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