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Bien merece la pena una
parada o incluso hacer noche en algún hotelito tipo rural en el
bello pueblo de Dion. Y cuando decimos pueblo es que es así, olor a
leña, huertas y el canto de los gallos de corral. Bajo la falda del
monte Olimpo, como una visión celestial desde cualquier lugar desde
el que paseemos por el gran recinto arqueológico de Dion. Buenas
tabernas y restaurantes, donde cocina la abuela, de esas que tanto
nos gustan en Grecia. Tiendas de productos naturales, miel,
mermeladas, todo ecológico y natural. Un gran recinto que abarca una
gran extensión de campo, semi oculto en la arboleda de los bosques e
incluso encontraremos una parte del recinto sumergido en un lago,
donde el canto de las ranas y las cigarras en verano nos cuentan la
verdad y la historia de lo que allí aconteció. Aquella ciudad fue el
centro religioso y divino de la Macedonia de Filipo II y de
Alejandro y fue fundado en la antigüedad por los reyes de Macedonia
como campo de maniobras militares y centro religioso dedicado a los
dioses. La mayoría de las ruinas se encuentran desperdigadas
por el campo. Es como si el lugar hubiera sido abandonado hace
siglos y nunca lo hubiera vuelto a pisar un pie humano. Tras las
lluvias de primavera el efecto es doblemente evocador. Las columnas
y piedras se encuentran medio inundadas, o reflejadas por el agua de
las pequeñas charcas donde saltan las ranas. Este es una de los recintos más queridos y entrañables
para GrecoTour y jamás olvidarán este paseo a través de este
gran recinto en extensión e historia. Si tienen tiempo, subiendo
hacia el monte Olimpo visiten también el pueblo de Litohoro. |