Santorini the One (video Vimeo)

Existe un lugar en el Mar Egeo que no parece de este mundo: sol; temperaturas suaves y buenos hoteles. Para tu verano más azul. Es la isla griega de Santorini.

Ofrece temperaturas suaves en verano debido al soplido del viento meltemi. Y aunque es árida y rocosa, también tiene excelentes playas, aguas transparentes, pueblos blancos muy animados por la noche y una buena infraestructura hotelera donde encontrar tu propia calma.

Desde la localidad de Imerovigli (pocos kilómetros al noroeste de la capital, Firá) el espectáculo de la caldera y la inmensidad del mar pa­rece único. San­torini es un súper espectáculo geológico que satisface incluso la mas excéntrica fantasía del lujo. Los vips acuden hasta aquí para mirar con respeto el paisaje, para embriagarse con vinsanto y para tomar un baño en el jacuzzi bajo el encanto del precipicio. Aquí veras europeos que leen novelas de Henri James en sus terrazas de impresionantes hoteles con vistas a la caldera. Mientras los artistas y los románticos se pierden en la callejuelas blancas de Imerovigli, Pirgos y recuerdan la Oía de los 70.

Los secretos manifiestos de San­torini son las vistas, la singularidad geológica y su ambiente como de fuera de este mundo. La isla emociona a la mente y al cuerpo, provoca de forma conti­nua una sensación de vaivén, de que estás colgado entre el cielo y el mar. El paisaje es agreste y a la vez tierno. Los precipicios son vertiginosos, el mar es seductor, las casas blancas se equilibran en los extremos de las rocas. Desde Pyrgos, en el centro de la isla, se ve la caldera desde un ángulo totalmente dife­rente. Aquí el paisaje es más duro, más auténtico. En Akro­tiri, al suroeste, sumérgete en las aguas de la playa Roja, un lugar adecuado para rodar una pelícu­la del espacio. Oia es un precioso y blanco pueblo cicládi­co cuyo encanto no se ha visto afectado por el turismo y es uno de los dos mundos opuestos que coexisten en una situación de tolerancia mutua en la antigua tierra del volcán de Thera. El otro es Firá.

Oía, en el extremo norte de la isla, irradia elegancia, calma y espiritualidad. La diferencia con Firá es el tamaño quizás. Mientras Firá está llena de joye­rías de diseño de los años 70, en Oía puede uno encontrar ele­gantes galerías, talleres de artis­tas y tiendas que parecen peque­ños museos. Firá es muy ruidosa y en Oía domina la dictadura de la calma. El ambiente aristocrá­tico de Oía no sintoniza con el hip hop. Cuando camines por sus estrechas callejuelas ten­drás la sensación de que por unos altavoces invisibles suena continuamente la música de Vivaldi. Oía envía la cultura pop a Firá, a Kamari y a Perissa y ella se queda con la puesta de sol. El atardecer aquí es una fiesta, un espectáculo. En el polo opuesto está Firá que es brillan­te, kistch y encantadora.

Quizás ayude a comprender que es lo que Santorini tiene tan especial disfrutando de este video de Vimeo, realizado y propiedad de SANTORINI THE ONE a los cuales agradecemos.

 

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