Leonidas y sus 300 espartanos, la Batalla final

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La batalla va a comenzar.

Los defensores se disponen para hacer frente a la primera arremetida persa. Los soldados veteranos se sitúan en las primeras filas para aguantar la embestida inicial del combate. La experiencia es un grado, y más en tales circunstancias.

El pesado equipo de los espartanos supone un muro frente al avance del enemigo. Los yelmos apenas dejan un resquicio por el que adivinar la incompasiva mirada del hoplita, único atisbo de humanidad tras la impenetrable coraza. Una visión aterradora para los persas.

El escudo, principal arma de los espartanos (‘Vuelve con él o sobre él’, les decían las madres a sus hijos antes de partir a la batalla) defiende el flanco derecho del compañero, del hermano de armas.

Finalmente, las sarisas (lanzas de largo alcance de más de cuatro metros de longitud) de los griegos resultan letales ante la fragilidad de las armaduras y defensas de los asiáticos. Pero los de Jerjes son decenas de millares. Demasiados hasta para los avezados hombres del ‘León de Esparta’.

Empieza el primer asalto. Los persas avanzan con decisión. De pronto, los griegos se marchan. En realidad simulan una retirada. De esta forma, los confiados persas se lanzarán en su persecución convencidos de una victoria fácil. Han mordido el anzuelo.  La maniobra, tan antigua como eficaz, ha dado sus frutos. Los griegos se dan la vuelta, contraatacan y cogen desprevenidos a las sorprendidas huestes de Jerjes, las cuales son diezmadas en el tramo central del paso tras la inesperada estratagema helena.

Los hoplitas griegos son una auténtica máquina de triturar y en unas horas miles de cuerpos enemigos aparecen masacrados en el campo de batalla. El telón del acto inicial cae con un halo de esperanza para los hombres comandados por Leónidas, que empiezan a creer que algo más que una muerte honorable es posible.

Furioso, en el segundo día, Jerjes manda a sus tropas de élite, los Diez Mil Inmortales, así conocidos porque cada efectivo caído era reemplazado de inmediato, de forma que el número siempre permanecía intacto.

Pero aquellos que luchan por su libertad no se arredran y allí esperan, firmes, a sus nuevos contendientes. Los Inmortales de Jerjes, los mejores de entre los mejores de su ejército, arremeten contra el muro heleno. Pero el paso es una ratonera. Los griegos los aplastan contra la montaña, los arrojan por el acantilado a un  mar que se une a los aliados engullendo en el abismo los cuerpos de los caídos. Los Inmortales se hacen más mortales que nunca ante las espadas y las lanzas de sus verdugos, las cuales traspasan la carne de sus enemigos como si se tratara de mantequilla. Son realmente los espartanos quienes se muestran invencibles. Aparentemente, las heridas sufridas no les causan daño alguno ya que la sangre se confunde con el color carmesí de sus capas.

Amanece un nuevo día y Jerjes está decidido a tomar el paso de una vez por todas. Se juega el todo por el todo, ya que una nueva derrota podría suponer un golpe demasiado duro para la moral de sus tropas. Pero la motivación no es la misma. Los persas combaten obligados por su rey en un país extraño. Los griegos, sin embargo, son hombres libres que luchan por su tierra. Combaten como máquinas, como demonios que no dan cuartel convirtiendo en una carnicería cada ataque persa.

Los ejércitos vuelven a chocar y la historia se repite. Los griegos apenas sufren bajas gracias a su férrea disciplina táctica y su coraje. Enfrente de ellos, miles de cadáveres persas son devorados por los buitres. El aire, cada vez más viciado, se hace irrespirable. Todo el paso transpira un hedor a muerte.

Derrotado, Jerjes empieza a sopesar la idea de volver a casa. Él, monarca de medio mundo, humillado por un puñado de locos fanáticos de su patria, tendría que volver con las manos vacías y el anhelo insatisfecho de hacerse con el poder de toda la Hélade.

Pero entonces, en aquel momento crucial, sucedió algo que supuso un giro inesperado de los acontecimientos. De hecho, y según relata la historia, marcó el devenir de la batalla. Un lugareño llamado Efialtes (en griego, efialtis significa pesadilla) le mostró al rey de Asia un paso secreto a través del monte Calidromo, bajo cuya sombra se parapetaban Leónidas y los suyos. De esa forma, podrían coger a los griegos por sorpresa. Advertido de la situación, el rey de Esparta licenció a todos los hombres a excepción de su guardia personal, los 300 espartanos y de los tebanos, de cuya lealtad dudaba. Efectivamente, aquellos temores no eran infundados. Cuando fueron emboscados y el cerco comenzó a estrecharse en torno a los griegos, los tebanos no dudaron en decantarse del lado persa rindiéndose a los invasores.

Sin embargo, Leónidas y sus 300 espartanos resistieron hasta el final. Junto a ellos se quedaron Demófilo y sus 700 tespios, quienes decidieron luchar hombro con hombro junto a los espartanos hasta que pereciera el último hombre, pues tal era su valor y fidelidad a la causa. Así, Tespia y Esparta quedarían inmortalizadas, unidas, para la eternidad.

Se acerca el final de la batalla. Los persas descienden por la senda indicada por el traidor. Las tropas de Jerjes consiguen sitiar a los pocos hombres que aún defienden el paso y se cierran sobre ellos como una pinza. Los griegos ya no pueden defender las Termópilas y se lanzan al ataque con un objetivo; Morir matando.

La lucha es encarnizada, Leónidas y los suyos se mueven como un solo hombre y cada estocada acaba con un enemigo mordiendo el polvo. Luchan con valentía, pero detrás de cada persa viene otro. Y otro. Y otro.

Las fuerzas comienzan a mermar después de cuatro días de intensas luchas. Una flecha alcanza a Leónidas. El rey se desploma entre el tumulto. Sus hombres le protegen. Recogen su cuerpo y se retiran a una pequeña elevación del terreno. Se encuentran rodeados pero no están dispuestos a entregar el cuerpo de su rey.

Por fin, Jerjes, hijo de Darío, empieza a saborear la tan ansiada victoria, la culminación del sueño de su padre. No quiere perder más hombres y manda a llamar a los arqueros. Los escasos supervivientes del contingente aliado, diezmado por las bajas, no se rinden. Una lluvia de proyectiles cae como fuego lacerante sobre los últimos, valerosos, tenaces, defensores de las Termópilas. Poco a poco, los cuerpos de los griegos se van desplomando sobre un suelo que ya no puede filtrar más sangre. Por fin, caen las Termópilas.

Aquellos hombres murieron en defensa de su independencia y en contra de la opresión y de la tiranía. Pero la Hélade viviría. Ganaron un tiempo precioso que resultaría fatal para los intereses del rey Jerjes. Los griegos se reagruparon y derrotaron a los persas.

Primero, en la batalla naval de Salamina, en la que la flota helena venció a las naves del rey de Asia. Posteriormente, en los campos de Platea, donde los espartanos comandaron el ejército de la Liga Panhelénica, dando el golpe definitivo a los persas, quienes definitivamente abandonaron la idea de conquistar aquella tierra de griegos.

 

Hoy día, en la carretera secundaria que une Lamía con Atenas bordeando el Calidromo, casi obsoleta tras la construcción de la nueva autopista, hay un monumento que recuerda el valor y la entrega de aquellos hombres que dieron la vida por la libertad de su patria. A escasos metros, en la cima en la que cayeron los últimos héroes de Termópilas, pervive una placa conmemorativa con un epígrafe que, tal y como escribió el poeta Simónides, reza así: ‘Caminante, ve y dile a Esparta que sus Hijos cayeron en cumplimiento de sus Leyes’. La parada, si no obligada, merece la pena.

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José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

josemaria guión bajo hernandez arroba hotmail punto com

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Leonidas y sus 300 en las Termópilas

Agosto del año 480 a.C. Los persas han llegado al desfiladero  de las Termópilas, el angosto brazo de tierra que separa la libertad de los griegos que aún resisten al invasor de la tiranía a la que ya han sido sometidos los pueblos al norte del desfiladero.

Frente al enemigo se apostan los aliados comandados por el rey espartano Leónidas. Es la segunda gran batalla de las Guerras Médicas que durante medio siglo enfrentaron a griegos y persas.

Diez años antes, los griegos habían derrotado a las huestes del rey Darío en Maratón.

Ahora, Jerjes, el nuevo monarca del Imperio Persa, se dispone a retomar el plan de su padre. El contingente asiático, un formidable ejército formado por tropas de cincuenta nacionalidades, cruza el Helesponto y llega a Europa. Jerjes comienza su incursión en tierras helenas desde el norte y los griegos se ven obligados a reunirse, soliviantar sus interminables disputas internas y hacer frente común ante la amenaza externa.

El rey persa, junto con la caballería y la infantería, avanzan por tierra hacia Tesalia mientras su flota le acompaña rumbo sur por las aguas del Egeo. Dado que sus fuerzas eran muy inferiores en número, los griegos debían perpetrar un plan para aumentar sus ya de por sí escasas posibilidades de victoria ante tan poderoso contrincante.

De este modo, se reunieron en el istmo de Corinto y decidieron buscar un lugar en el que la situación geográfica supusiera una desventaja para los persas y de esta forma tratar de equilibrar la balanza. Así, una vez detenido el avance del ejército persa, la impaciencia de Jerjes le llevaría a atacar por mar donde los griegos podrían aprovechar su conocimiento de las aguas y su destreza en el manejo de las naves para infligir una derrota a los persas que a la postre resultaría definitiva.

Así pues, la flota helena esperaría cerca del cabo Artemisio, al norte de la isla de Eubea, mientras que un contingente de infantería defendería el paso de las Termópilas (Puertas Calientes), así llamado por la existencia de fuentes termales sulfurosas en la zona.

En la actualidad, el lugar dista mucho de ser lo que era entonces, ya que los aluviones depositados por el río Esperquio han desplazado la línea de costa varios kilómetros hacia el este. Pero por aquel entonces, el paso tenía una longitud de unos 6 kilómetros de largo y en determinados tramos presentaba unos estrechamientos que solo permitían el paso de un carro. Los aliados se apostaron en el tramo central, parapetados junto al antiguo muro focense.

Por su parte, los espartanos se encontraron ante la difícil tesitura de elegir entre acudir a la contienda o respetar el carácter sagrado de su festival religioso que coincidiría en aquellas fechas. Finalmente determinaron no enviar al ejército hasta que finalizara dicho periodo.

Pero en Esparta el rey Leónidas, quien había dado su palabra al consejo aliado de que su pueblo respondería a la llamada de Grecia, decidió marchar junto con su guardia personal encabezando el contingente aliado, al que se unirían guerreros peloponesios, tespios, focenses, locrios, y tebanos, estos últimos a la fuerza, pues los aliados desconfiaban de sus continuos flirteos con el persa.

En total, unos 6000 hombres frente al inconmensurable ejército asiático. Si bien las cifras del historiador clásico Heródoto nos hablan de un número exagerado de la armada invasora, estudios más cercanos a la realidad calculan que las tropas de Jerjes podrían oscilar de los 200.000 a los 400.000 hombres. Toda Asia frente a un puñado de griegos.

Probablemente, Jerjes pensó que ante la imponente visión de su ejército, los aliados titubearían y acabarían por retirarse del paso. Así, subestimando su coraje, envió un mensajero que invitaba a Leónidas y sus hombres a rendirse y deponer las armas. ‘Moloon labé’ (venid a buscarlas) fue la respuesta del rey de los lacedemonios. El reto está servido y la batalla era inminente.

Los espartanos aprovechan las horas previas a la lucha para peinarse y ejercitarse ante los atónitos ojos de los persas, quienes no comprendía la aparente calma de sus adversarios.

Pero los hijos de Esparta llevaban tiempo preparándose para esto. Toda la vida, desde la agogé, esto es, la escuela en la que se educaban los niños espartanos. Desde los tres años, entrenándose por y para la guerra, parte intrínseca de a vida del orgulloso espartíata. En la mente no hay sitio para el miedo, solo una disciplinada preparación para el ataque.

Un ataque metódico, constante, implacable. Y los persas lo iban  a sufrir en sus propias carnes. Es tal el compromiso del espartano con el grupo, con su país, que llega casi al desprecio de la propia vida.

Se cuenta que, cuando un emisario persa fue enviado a los defensores de las Termópilas para amedrentarle con el poderío de sus arqueros, ‘hoy nuestras flechas oscurecerán el Sol’, un soldado espartano replicó, ‘tanto mejor, entonces pelearemos a la sombra’.
La batalla va a comenzar.

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José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

José María Hernández de la Luna

Periodista español, viajero empedernido de Grecia y uno de los mayores helenistas y amigo de lo griego (filelinas) que jamás haya existido, posee un vasto conocimiento del paisaje y la historia del país heleno. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación de Grecia y España, de entre los que destacan FOX, National Geographic, OBS, ERT, Thessalia, Alpha, Cope, El Mundo, Punto Radio, Sky Radio, Makedonía, FOS, 3Tréboles y TVE, entre otros. Naturalista apasionado, trabaja en la defensa y la divulgación de la vida salvaje y la cultura tradicional. Director y co-productor del documental sobre Meteora ‘Monjes en nidos de águilas’ y autor de un libro de recetas de cocina griega. Destaca también su faceta como narrador en la cobertura de eventos deportivos, además de haber desempeñado una importante actividad en el campo empresarial haciendo de puente entre empresas españolas, griegas y chipriotas, incluyendo el sector de las exportaciones comerciales, organización de eventos y la colaboración activa con entidades deportivas.

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Sobrevolando Tesalónica (Thessaloniki)

Salónica, Tesalónica o Thessaloniki es distinta al resto de grandes poblaciones griegas en el destino Grecia. Tiene un aire oriental. Refinadamente oriental, mejor dicho.

La magnificencia de la iglesia de Agia Sofia, en la plaza ajardinada del mismo nombre, nos recuerda con nostalgia a la gran Santa Sofía (Agia Sofía) de Constantinopla.

Es la segunda ciudad de Grecia y capital de la región de Macedonia. Cuenta con algo más de un millón de habitantes y es uno de los principales destinos universitarios del país. Salónica es un legado histórico en el que cada cultura ha ido añadiendo una pieza más a este mosaico de razas, pueblos y religiones.

Fundada entre los años 316-315 a.C. por Casandro, general de Alejandro que se erigió en rey de Macedonia a la muerte de aquél, Salónica ha sido dominada sucesivamente por distintas naciones a lo largo de su historia.

Ahora puedes visitarla desde el aire con este estupendo trabajo con drón cinematográfico sobrevolando lo más interesante de esta bella ciudad.

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Sobre Monemvasia

Monemvasia, en el Peloponeso de Grecia

Sobre un peñón de trescientos metros de altura, que se desgajó del Pelopo­neso en el siglo IV de nuestra era a causa de un terremoto, y que desde el siglo VI está de nuevo unido al conti­nente por un arrecife, se asienta la población de Monemvasia. Uno de los lugares más bellos del Destino Grecia.

Aunque al principio resulte desalentador, el viajero debe alcanzar la cima de la acrópolis, donde divisará, a vista de pájaro, la ciudad baja. Desde este punto, el aura de misterio con el que Monemvasia envuelve al viajero en la ciudad baja, se hace diáfano. Desde lo alto, la ciudad aparece como un rompecabezas vivo. La vegetación permite reseguir con claridad el perímetro de los patios que a pie de calle parecen trazados en una geometría imposible.

Las cú­pulas semiesféricas de las iglesias contrastan con la rec­titud impasible del horizonte. La plaza Dzamíon, limi­tada a sus espaldas por la catedral y la antigua mezquita otomana, tiene otro flanco que se lanza al infinito: el mar, inmenso, teñido de azul cobalto en los días más luminosos.

En la Odisea, Homero narra que la flota de Ulises, procedente de Troya, surcó estas diáfanas aguas en dirección a Ítaca. La suerte de Ulises cambió repenti­namente cuando a unas decenas de millas al sur de Mo­nemvasia, a la altura del estrecho de Citera, una verti­ginosa tormenta extravió las naves del héroe homérico, dando así comienzo la larga serie de aventuras y des­venturas que padecería Ulises, en tierra desconocidas, antes de llegar a su patria, diez años después.

El Kastro de Monemvasia (ciudad baja) se conserva intacto desde la edad media; es ésta una ciudad llena de rincones sugerentes y misteriosos, con muros que en­cierran patios desde donde surgen perfumes vegetales capaces de despertar sensaciones casi olvidadas en el alma del viajero. A través de escalinatas de trazado invero­símil, se puede recorrer prácticamente todo el perímetro de esta ciudad, donde hace diez siglos se amontonaban hasta cincuenta mil habitantes, atraídos hacia ella por el gran volumen de negocio que generaba su puerto, y que hoy sólo cuenta con cincuenta vecinos estables.

Los reveses de la historia

La encantadora fosilización de Monemvasia actual se debe a que la que fuera una esplendorosa ciudad medieval no pudo sobreponerse a dos hechos que supusieron para ella sendos cataclismos económicos.

El más reciente fue la construcción del canal de Corinto. El tajo a lo vivo del istmo de Corinto evitó que los barcos que navegaban en­tre el mar Negro y el Mediterráneo occidental tuvieran que rodear el Peloponeso. Monemvasia, en el extremo sur del Peloponeso, dejó de contar para las comunicacio­nes marítimas de largo alcance, dejando así atrás un mile­nio durante el cual la ciudad fue referencia ineludible para todos los navegantes que seguían este derrotero.

Si la entrada en funcionamiento del canal de Corinto casi borra Monemvasia de los mapas náuticos, un cam­bio de tendencia en los hábitos del consumidor (como dirían los analistas económicos actuales) sumió a la ciu­dad en una lenta pero progresiva depresión económica a lo largo del siglo XIX. La causa fue la irrupción fulgurante del champagne en las más distinguidas mesas europeas.


Las vicisitudes de la historia han marcado la fisono­mía de Monemvasia. La ciudad no conserva apenas vestigios arqueológicos de la época clásica, aunque se sabe que ya existía durante la dominación minoica, cuando la civilización cretense fue hegemónica en el Mediterráneo oriental. En la edad media estuvo conti­nuamente sometida a influencias extranjeras, pero hay un detalle que vincula con fuerza Monemvasia con el espíritu de la Grecia clásica. En lo alto de la acrópolis de la ciudad, la iglesia de Agia (Santa) Sofía, levan­tada encima de un precipicio vertical de 300 metros so­bre el mar, sigue siendo faro y testimonio de la civiliza­ción que más hizo avanzar a la humanidad por los caminos del racionalismo y la democracia. Agia So­fia se traduce como “santa sabiduría”. El cristianismo bizantino no pudo prescindir de un concepto tan arrai­gado en la religión pagana como el de la sabiduría, encarnado por la diosa Atenea, así que los primitivos sa­cerdotes tuvieron que encajar Atenea en el santoral cristiano y la denominaron por su función: Sofía. De la misma forma que los cristianos de Constantinopla de­dicaron el principal templo de la ciudad a la reencarna­ción cristiana de Atenea (Santa Sofía), el espíritu de la Grecia clásica sigue perviviendo en Monemvasia otra­ vez del nombre de su iglesia más importante, levanta­da sobre un risco de 300 metros de altura sobre un mar infinito, azul y saturado de historia y de literatura.

El Vino de Monemvasia o Malvasía

Por sorprendente que parezca, fue así. La alegría burbujeante de los vinos originarios de Francia arrinconó al fondo de los aparadores de los más selec­tos comedores europeos los caldos que, desde la edad media, venían gozando del máximo prestigio en estos mismos salones: los vinos de malvasía blancos, dulces y fuertemente alcoholizados, de los cuales Monemva­sia era el principal exportador. La relación de Monemvasia con el vino malvasía exige un pequeño parénte­sis. Los siglos medievales fueron para la ciudad extremadamente turbulentos. Monemvasia pasó de manos bizantinas a normandas (procedentes de Sici­lia); posteriormente fue dominada por los cruzados francos; de nuevo bizantina y luego saqueada por los almogávares de la Corona de Aragón cayó luego bajo el dominio veneciano. En esta época, los invasores italia­nos rebautizaron la ciudad con el nombre de Napoli di Malvasía, de ahí la denominación del vino que hizo famoso el nombre italianizado de la ciudad.


Pasaron unos y llegaron otros, pero Monemvasia no dejó de exportar sus caldos a Europa. Los vinos de Monemvasia o Malvasía, elaborados a partir de una varie­dad de uva que metamorfosea casi milagrosamente el salitre marino en miel pura, triunfaron en todas las cortes continentales, hasta la derrota de Napoleón en Waterloo. Fue entonces, tras saquear la región de Champaña, cuando los soldados de las potencias euro­peas emergentes pudieron conocer un vino burbujean­te que destilaba alegría con sólo abrirlo, y cuyo consu­mo, hasta entonces, apenas había traspasado las fronteras de Francia. El cambio en la moda supuso un duro golpe a Monemvasia, pero la ciudad aún hoy pue­de alardear de haber expandido sus cepas más allá del Mediterráneo, llegando hasta las Islas Canarias, donde actualmente se sigue produciendo un vino elaborado con uvas de la variedad malvasía de altísima calidad.

Hoy la producción de vino en Monemvasia es testi­monial; pero esta circunstancia no debe ser impedi­mento para el viajero que se acerque a esta ciudad­ isla para intentar degustar el que fuera el más afamado caldo en la época medieval.

 

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Viaje al Peloponeso, tercera etapa

En la Península de Mani …

Habiendo llegado por fin a Mani, en el destino Grecia, antes de comenzar el recorrido turístico, comentar algunas características de lo que nos vamos a encontrar. La arquitectura de los pocos y pequeños pueblos es recia, en piedra, casi diríamos que fortificada, plagada de torres de vigilancia que nos encontraremos en todo el perímetro marítimo, nada menos que 7 castillos y pequeñas iglesisas bizantinas (las mas antiguas de toda Laconia) de los s. X, XI y XII.

Para llegar a Mani hay que pasar por Gythio, antiguo puerto de la (relativamente) vecina Esparta. Tiene una bonita bahía y el concurrido paseo marítimo esta bordeado de edificios del s. XIX pintados en tonos pastel con las casas turcas detrás subiendo las empinadas cuestas. La vista curiosa desde los agradables cafés del mencionado paseo es la de la playa de Glossa, situada enfrente y en la que está varado un gran barco mercante desde hace muchos años. Camino de Areópoli, a unos 5 kms. Nos encontraremos con el pueblecito de Mavrovouni que posee una larga playa de arena bastante concurrida para lo que es habitual en la zona y en la que encontraremos concurridos chiringuitos para comer en la misma playa, muy recomendable. Ya solo nos quedarán unos distraídos 20 kms. para llegar a nuestro destino.

Recomiendo tomar como base el pequeño pueblo de Areópoli, (este es pequeño, los demás son minúsculos) situado casi al final de las estribaciones del monte Taygetos, en la costa occidental de la península de Mani con una oferta hotelera y de restauración bastante importante, tanto en el pueblo como en la cercana y maravillosa bahía de Limeni bañada por el mar Jónico y en pleno Golfo de Mesinia.

Desde aquí nos encaminamos hacia el sur por la única carretera posible, que es la que bordea toda la península, ya que ésta no se puede atravesar por carreteras asfaltadas dada su abrupta orografía. A unos 11 kms. nos encontraremos la pequeña bahía de Diros que cobija las cuevas del mismo nombre, utilizadas en el Neolítico y redescubiertas en 1.895 y a las que se accede desde la playa. Continuando por la carretera hacia el sur camino de Gerolimenas, a la izquierda en la montaña encontramos pequeñísimos pueblos con sus casas fortificadas, iglesias bizantinas y torres y, a la derecha podremos desviarnos hacia la bahía de Mezapos, por ejemplo. En la pequeña y bonita bahía de Gerolimenas se encuentra el pequeño pueblo de pescadores del mismo nombre, que tiene una agradable playa.

Aproximadamente 6 kms. hacia el sur, siguiendo la costa y subiendo una fuerte pendiente se encuentra uno de los lugares imprescindibles de Mani, Vathia, donde es un placer poder disfrutar del emplazamiento, la perspectiva, la arquitectura y su soledad, ya que a pesar de su monumentalidad está prácticamente abandonado. A partir de aquí ya solo nos quedan hacia el sur de la península unos 5 escarpados kilómetros, pero al final de esa carretera nos espera una sorpresa, nada menos que el Cabo Ténaro (Tainaro), la punta mas meridional en tierra firme de Grecia con los pocos restos del Santuario del Oráculo de la muerte de Poseidón y donde en la antigüedad (época Arcaica, s. VIII-V a.C.) se situaba el Hades, el acceso al “más allá”, el camino hacia la Laguna Estigia, en otras palabras, lo que para las generaciones más próximas a nosotros serian las puertas del infierno.

A partir de aquí ya solo nos queda subir hacia el norte por la costa oriental con la carretera un poco mas enrevesada, empinada (pero sin problemas) y el paisaje aún mas árido que en la otra vertiente y, lo primero que nos encontramos es el pequeño pueblo de Porto Kagio. Subiendo por la empinada carretera atravesaremos los restos del bonito pueblo de Lagia y a unos 10 kms. al norte un minúsculo pueblecito llamado Kokkala que posee una aguas tan transparentes que parecen de mentira, el baño en su playa de cantos rodados blanquísimos es espectacular.

No aparece casi en ningún mapa, solo en los mejores, pero a unos 5 kms. al norte, y ojo, desviándose hacia el mar unos 500 mts., está el pueblecito de Alypa con una pequeña playa de 50 mts. entre dos muros de roca y un pequeño chiringuito en medio de la playa donde se puede saborear lo que de verdad es la comida mas tradicional griega, allí no hay ni turistas y el precio…una broma. Siguiendo nuestra ruta recomiendo detenerse en la playa del pueblo de Chalikia Vata (Halikia) justo antes de llegar a Kotronas, creo que el único pequeño puerto de toda la costa este.

Siguiendo nuestro camino hacia el norte bordeando la costa, imprescindible la playa de Skoutari. Kamarés y Vathi también tienen largas playas. Ya desde allí emprenderemos la vuelta a Areópoli, a unos 18 kms., si es que hemos escogido esta opción de alojamiento.

Mencionar antes de dejar Mani que las playas son (al contrario que las que nos podemos encontrar a lo largo de toda la costa occidental del Peloponeso, que son de arena fina) mas bien de guijarros o arena gruesa y que el tráfico por la carretera es entre mínimo e inexistente, en los meses de Junio y Julio te puedes encontrar haciendo tu mismo recorrido 2 coches a lo sumo, lo cual hace el viaje bastante cómodo, creo.

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Rafael Llorente

Rafael Llorente

Rafael Llorente

Después de una dilatada carrera profesional, en la que ha dedicado mucho de su tiempo de vacaciones a su gran pasión, el turismo, en especial por el Mediterráneo y más particularmente por Italia y Grecia, se haya inmerso en la finalización del Grado de Turismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado con grecotour en muchas ocasiones en la confección de viajes y redacción de contenidos turísticos de calidad en la web. Su relación con grecotour comienza años atras como cliente y viajero. Será un habitual del equipo de redacción y contenidos de nuestro blog.
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Viaje al Peloponeso, segunda etapa

Tenemos múltiples opciones de viaje hacia Mani, una de ellas es bajar directamente, son 256 kms. a Gythio (Gytheio, Ghitio) que se pueden hacer en 4 horas de viaje. Esta localidad podríamos considerarla como la puerta del Mani aunque yo recomendaría Areópoli, a 27 kms. de distancia como la base para un tour por la región.

No obstante prefiero hacer algunas sugerencias, creo que interesantes, que nos encontraremos (mas o menos) de camino. La región griega de la Argolida, que habremos de atravesar en nuestro viaje, es fuente casi inagotable de restos arqueológicos del máximo nivel, solo citaré los que creo merecen ser visitados (imprescindibles) y que están bastante próximos entre sí:

La antigua Nemea (Archaia Nemea) con su impresionante Estadio y el Templo dedicado a Zeus.

Micenas (Mykines) y su grandiosa ciudadela amurallada con la magnífica Puerta de los Leones y las tumbas donde se halló el Tesoro de Atreo.

Imprescindible también Argos con un teatro impresionante para 20.000 personas apenas restaurado y un Museo arqueológico plagado de mosaicos romanos.

También Tirinto (Tirintha, Tyrins) y los restos de su Fortaleza ciclópea.

Por supuesto Epidauro (Archaia Epidavros) con el Teatro del s.III mas famoso de la antigüedad por su excepcional acústica y con la recomendación por mi parte de visitar el cercano emplazamiento del pueblecito con el mismo nombre, Epidauro (Palea Epidavros) y que se sitúa al borde del mar con un pequeño teatro y que merece mucho una visita para comer y darse un baño delicioso, una dirección poco frecuentada.

Asi hasta llegar a Nauplia (Nafplio) que merece (siempre) una visita por su significado (fue la primera capital de Grecia tras la independencia), belleza, ambiente y restos arqueológicos (fortaleza de Palamidi, isla de Bourtzi). Si a partir de Nauplia tomamos la determinación de bajar hacia Gythio no podemos dejar de parar en Esparta (Spárti) o por lo menos en el magnífico recinto de Mistra (Mystras), enclave declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1.989, situado a 7 kms. de la ciudad, en las laderas del monte Taygetos de 2.025 mts. de altitud, cima desde la cual los Gerontes, el Consejo de Ancianos de Esparta, arrojaban al vacío a los niños que no eran considerados aptos para en un futuro ser guerreros. Mistras data de época medieval y conserva un gran número de monasterios de época Bizantina y una fabulosa fortaleza, la visita es incómoda por lo escarpado del lugar, pero inolvidable.

Monemvasía no está ni siquiera cerca, a 99 kms. de Esparta, 67 engañosos kms. de Gythio ó a 162 largos kms. de Nauplia, en la costa oriental del Peloponeso, pero su visita es de las que dejan huella, una ciudad medieval que prácticamente no se ve desde tierra escondida en una pequeña isla rocosa de 300 mts. de altura coronada por la iglesia octogonal de Agia Sofia del s. XII y a la que se accede por un puente y un tunel desde el continente, no me voy a extender mas, pero es imprescindible.

A sus espaldas, en la costa occidental nos encontramos otras maravillas, los encantadores pueblecitos de Archagelos y Plitra donde nos podemos bañar entre las ruinas sumergidas de un templo griego, fantástico.

 

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Rafael Llorente

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Después de una dilatada carrera profesional, en la que ha dedicado mucho de su tiempo de vacaciones a su gran pasión, el turismo, en especial por el Mediterráneo y más particularmente por Italia y Grecia, se haya inmerso en la finalización del Grado de Turismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado con grecotour en muchas ocasiones en la confección de viajes y redacción de contenidos turísticos de calidad en la web. Su relación con grecotour comienza años atras como cliente y viajero. Será un habitual del equipo de redacción y contenidos de nuestro blog.
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Viaje al Peloponeso, primera etapa

Introducción a nuestro viaje, camino a Mani…

La región de Mani está situada en el centro de las tres penínsulas que conforman la parte sur del Peloponeso griego. Es un territorio que podríamos denominar como áspero, con muy poca vegetación, una orografía relativamente montañosa, escarpados acantilados, pocas playas, pequeños y retirados pueblos y carreteras en buen estado pero estrechas y, lógicamente, con abundancia de curvas.

Sus habitantes, conocidos como maniotas, forjaron su leyenda gracias a su bravura guerrera y las dificultades de acceso a su territorio lo que les hizo inexpugnables en la antigüedad y les proporcionó una independencia que ha llegado casi hasta el siglo XX.

El escritor inglés Sir Patrick Leigh Fermor, que vivió muchos años en la bella Kardamili, considerado el mayor custodio e impulsor de Mani (sobre todo en su país de origen, junto con sus compatriotas Bruce Chatwin y James G. Frazer), en su libro Mani, viajes por el sur del Peloponeso (Acantilado, Barcelona, 2.010) dijo al respecto de su aislamiento, que fueron los maniotas los últimos griegos en convertirse al cristianismo y también al turismo.

No obstante, todo lo anteriormente comentado no debería mas que animarnos a intentar descubrir un territorio que aún hoy en día mantiene una envidiable situación de aislamiento que lo hace sumamente atractivo para los turistas que buscamos alejarnos durante nuestras vacaciones del barullo que supone vivir en una gran ciudad para intentar desconectar y al mismo tiempo encontrarnos con vestigios de la historia que también se muestran a nuestros ojos en el territorio griego.

Se supone que cuando viajas a (esta) Grecia buscas no solo playas sino algo más y, por descontado, en este viaje lo encuentras, bien sea por el camino o en el mismo territorio maniota.

Entiendo que para llegar a que te pueda interesar descubrir la península de Mani has de haber viajado a Grecia con anterioridad y conocer las singularidades del país en diversas materias, algunas de las cuales son importantes a la hora de saber escoger un destino, itinerario, desplazarse y hacerse entender ó entender.

Como ejemplo, citar que en las carreteras griegas de doble sentido se suele adelantar continuamente utilizando el carril donde está la línea continua sin respetarla, también nos podemos encontrar en muchos lugares las indicaciones sólo en griego e incluso a muchos ciudadanos (pero muchos) que no hablan o entienden nada más que griego. Pero esto no nos debe desanimar porque la recompensa será grande.

El viaje comienza en Atenas…

Vamos a partir del supuesto de un viaje desde Atenas habiendo alquilado un coche, aunque existe la posibilidad de volar desde Atenas a Kalamata, pero nos perderíamos las maravillas que nos depara el camino, tanto de ida como de vuelta.

 

Deberemos coger la autopista E94 en dirección a Corinto (Korinthos) y me propongo sugerir una visita antes de la obligada del canal de Corinto. Justo antes de llegar al puente que lo atraviesa se toma la desviación hacia Loutraki y se sigue por la costa hasta llegar al cabo Iraio donde dejaremos el coche en un pequeño aparcamiento y bajando a la costa (20 m.) nos encontraremos en una preciosa y solitaria cala los restos del Templo de la diosa Hera, también llamado Heraion, que prácticamente nadie visita, un lugar para iniciados.

Volviendo sobre nuestros pasos, regresaremos al canal de Corinto y, aunque hayamos pasado por el 20 veces, es imprescindible bajarse del coche para admirar semejante obra de la ingeniería civil del siglo XIX (aunque la idea data nada menos que del siglo VII a.C.)

Abandonamos el Ática y ya en el Peloponeso cogeremos en dirección a Trípoli la E65 y lo primero que nos encontramos son las ruinas de la antigua Corinto (Archaia Korinthos) con su museo y también, para los mas curiosos y atrevidos, la subida a los restos de la fortaleza Akrokorinthos en lo alto de la montaña que las domina y que ofrece unas vistas impresionantes.

 

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Rafael Llorente

Rafael Llorente

Rafael Llorente

Después de una dilatada carrera profesional, en la que ha dedicado mucho de su tiempo de vacaciones a su gran pasión, el turismo, en especial por el Mediterráneo y más particularmente por Italia y Grecia, se haya inmerso en la finalización del Grado de Turismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado con grecotour en muchas ocasiones en la confección de viajes y redacción de contenidos turísticos de calidad en la web. Su relación con grecotour comienza años atras como cliente y viajero. Será un habitual del equipo de redacción y contenidos de nuestro blog.
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Snorkel para niños en familia

El primer paso después de aprender a nadar con cierta seguridad es comenzar a bucear, es decir, meter la cabeza bajo el agua. Para los niños es un paso dificil. Un pequeño reto, un paso más en su desarrollo y un logro.

Hacer Snorkel o Snorkeling no solo es meter la cabeza bajo el agua. Es además hacerlo con gafas de bucear y coordinar nuestra respiración bajo el agua con el tubo, comenzando con poca profundidad. Es romper nuestros esquemas mentales y hacer algo que cuando eres niño no piensas que se puede realizar. Respirar con cabeza y boca dentro del agua. Aprender a flotar boca abajo requiere aprendizaje, pero llega. Sin forzarles y que sean ellos los que se sientan empujados por su curiosidad y su pequeña ansia de aventura. Ganar confianza les enseña también a vivir.

Una vez conseguido no hay nada más maravilloso que bucear de la mano de tu hijo y notar como tiembla de emoción y no de frio.

Sobre todo, hacerlo con ellos. Hacerlo juntos.

Bucear haciendo Snorkeling en el mar vivo y transparente de Grecia y de las costas del Monte Pelion es quizás una de las mejores experiencias que jamás viviré como padre. Pero ya la viví como hijo de la mano de mi padre y aún lo recuerdo.

Ayudan siempre unas aletas para que el avance sea más fácil. El uso de neopreno les hará aguantar la pérdida de temperatura si estuviésemos en el agua algo más de lo normal. Sin alejarnos demasiado, despacio y pendientes de las corrientes. Guardemos energía para regresar ayudándoles a ellos si hiciese falta.

Enseguida sentiremos estar dentro de una pecera viva. Ver la flora marina, la fauna grande y pequeña les hará entender que allí abajo existe un mundo y que existen otras formas de vida. Enseguida desarrollan un sentido muy fuerte de protección del medio ambiente y de los seres del mar. Debemos enseñarles a respetarla y apreciarla.

Pelion, Grecia

Pelion, Grecia

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou

Alexis Papageorgiou nace en Madrid y es hijo de padre griego y madre española. Viaja desde muy joven año tras año con sus padres a los rincones más variados de Grecia desde su infancia. Vive y conoce Grecia en profundidad y acaba conviertiendo su pasión es su profesión. Crea grecotour.com en 1.998 trás años de experiencia en el sector del turismo entre Grecia y España.
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Rituales Secretos de la adivinación

Si en Delfos las grandes verdades eran reve­ladas a través de una intermediaria, la pitia, en los Misterios de Eleusis era el mismo cre­yente el que accedía a las grandes respues­tas mediante una serie de ceremonias de purificación orgánica y espiritual. Se sabe poco sobre los ritos de Eleusis, a causa de su carácter secreto, que impedía la difusión entre los no iniciados. Al pare­cer, tenían un origen agrario, basado en el culto a las diosas Deméter y Perséfone. A través de los ciclos de las estaciones y las cosechas, simbolizaban la evolución espi­ritual del ser humano desde su nacimien­to hasta la muerte. Pero los Misterios alu­dían sobre todo a una muerte espiritual, vinculada a la iniciación y que antecede a la resu­rrección, ya como individuo que ha accedido a los secretos de la existencia.

Diversos estudios han especulado sobre el papel de las sustancias psicotrópicas en ambos ritos, tanto en Delfos como en Eleusis. En el segundo, se sabe que los participan­tes ingerían un alimento llamado Kykeon, y que éste pudo contener cornezuelo del cen­teno, un hongo que multiplica la capacidad sensorial y potencia la introversión.

Oráculo y Misterios sobrevivieron a la decadencia helénica, perdurando incluso duran­te los primeros siglos de ocupación romana. Pero no resistieron la expansión del cristia­nismo. que persiguió con saña cualquier forma de desviación religiosa de su dogma. Del­fos, Eleusis y el mundo que ambos representaban, fueron barridos para siempre.

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Vistas de pajaro en Meteora

Un excelente video que podemos disfrutar en Vimeo con una vistas y una perpectiva imposible de disfrutar incluso visitando los monasterios de Meteora en persona. Imágenes tomadas por un dron de cinematografía que nos harán disfrutar de vistas únicas e imposibles de pájaro.

Visita nuestro apartado de Meteora para ampliar información de este maravilloso rincón de Grecia.

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